Infectólogo Francisco Moreno Sánchez. Es el médico que ha dado las mejores recomendaciones a la sociedad mexicana para defenderse del coronavirus. No trabaja en el gobierno, sino en un hospital privado de excelencia de la capital de nuestro país, ABC. Ha cumplido con sus pacientes y ha hecho más: participar muy activamente en redes sociales y en medios de comunicación para informar, analizar y, sobre todo, criticar lo que ha hecho indebidamente el sector salud.

Una pena que el presidente AMLO haya escuchado menos a Moreno Sánchez que a un especialista en epidemiología como Hugo López-Gatell, con excelentes credenciales académicas, pero absolutamente mareado por los reflectores que le prestó el presidente López Obrador.

Este martes, el doctor Moreno Sánchez publicó en SDP Noticias un interesante artículo sobre el tema del momento, “La esperanza de la vacuna, la desesperación por la misma”. Queda claro en su texto que las vacunas líderes de la primera división son las tres de “las llamadas ARN mensajero (RNAm), Pfizer, Moderna y próximamente Cure-Vac”.

México hizo (a medias) la tarea y negoció una cantidad de vacunas importante (pero insuficiente) de la marca Pfizer. No se compró nada a Moderna ni a Cure-Vac.

Se hizo a medias la tarea, sí. Ello a pesar del esfuerzo, que debe ser reconocido, de Marcelo Ebrard, cuyo proyecto de adquisición de vacunas fue saboteado por López-Gatell en no pocas ocasiones. Lo cuentan personas muy serias que estuvieron en reuniones con ellos mientras debatían sobre lo que se debía hacer para inmunizar a la población mexicana. Las cosas como son.

Como quiera que sea, se pactó con Pfizer la entrega de más de 40 millones de vacunas. La empresa proveedora ha tenido problemas de fabricación y ha tenido que modificar sus planes de entrega a los distintos países, México entre ellos.

Pero la situación volverá pronto a la normalidad, aunque nosotros tendremos que reducir el monto del pedido. Creo que a la mitad: solo 20 millones de vacunas.

Para garantizar que los viales llegarán a nuestro país, el presidente López Obrador y su equipo sostuvieron una videollamada con el director ejecutivo global de Pfizer, Albert Bourla. Después de la misma, Andrés Manuel la presumió en Twitter. Hizo lo correcto para tranquilizar a una sociedad espantada ante la posibilidad de que solo lleguen a México vacunas chinas o rusas.

Tiene razón Andrés Manuel, “tenemos que caminar parejo y ser solidarios” en la distribución de las vacunas. No sería justo que solo los ricos se vacunaran —aunque a estos les da lo mismo hacerlo en México o en el extranjero; ya decenas de miles se han inmunizado en Estados Unidos, donde puede vacunarse cualquiera que tenga una casa en ese país; sobran mexicanos de clase alta que han adquirido propiedades en California, Florida, Texas, Nueva York, etcétera—. El hecho es que aplaudo el afán de AMLO por caminar parejos y solidarios expresado en este tuit:

Lo lamentable es que las vacunas de primera división, las de Pfizer, solo alcanzarán a unos 10 millones de mexicanos —se necesita una segunda dosis a las tres semanas, por más que Gatell insista en alargar la aplicación de la segunda inyección—.

El resto de la gente deberá inmunizarse, si bien le va, con la vacuna de AstraZeneca, cuya investigación, ha dicho el doctor Moreno Sánchez, “giró en base al uso de vector viral”, en el que “se usa a un virus como transportador de las partículas genéticas que desencadenan la respuesta inmune”. El vector en la vacuna de AstraZeneca-Oxford “es un adenovirus del chimpancé”. Hay otras — CanSino, Sputnik y Johnson & Johnson— cuyos vectores son adenovirus humanos.

¿Es una vacuna de primera división la de AstraZeneca? Seguramente sí, pero en las grandes ligas de fútbol hay equipos líderes (Pfizer, Moderna) y otros que navegan de la media tabla hacia abajo (AstraZeneca, Johnson & Johnson).

No incluyo en la categoría principal a las vacunas chinas, como la de CanSino, que son de segunda división y que, tristemente, el gobierno de México insiste en traer a nuestro país.

Si va a ser terrible que no caminemos parejo porque solo una minoría de mexicanos tendrá acceso a la vacuna de Pfizer, resultará absolutamente inadmisible, en mi opinión, que se condene a mucha gente a inmunizarse con una vacuna como la china que se probó en México y “mostró una baja efectividad en población mayor a 55 años”, tal como lo afirma el infectólogo Francisco Moreno Sánchez.

Tenemos derecho a las mejores vacunas y, por lo tanto, apruebo los movimientos de redes sociales que rechazan la inmunización con el producto chino.

No habrá viales de Pfizar para inyectarlos dos veces a todos los mexicanos. Si bien nos va solo 10 millones de personas tendrán esa suerte. ¿Quiénes, además de los siervos de la patria que jamás debieron haber tenido prioridad para recibir las vacunas? ¿Qué criterios se usarán? ¿Imperará algo tan mexicano como el influyentismo, que ha aparecido en la aplicación de las primeras dosis? ¿Cómo caminar parejo en la escasez?

Está bien, no alcanza para todos. ¿El resto podría elegir entra la vacuna china, en la que mucha gente no confía, y entre otra al parecer no de tan buena calidad como la de Pfizer, pero por lo que dicen los expertos, razonablemente bien hecha como la de AstraZeneca?

La gente tiene derecho a la mejor, Pfizer. Pero si no es posible que todos tengan esas privilegio, entonces un buen segundo óptimo es AstraZeneca. El gobierno de México se ahorrará problemas de descontento entre la gente si se olvida ya de la vacuna china y de otra peor, la rusa.