El plan Levy, que debe voltear a ver AMLO, para enfrentar la emergencia de salud y económica

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Santiago LevyEspecial

El Plan Levy, como yo lo titulo, debiera en verdad ser visto por López Obrador y las autoridades

Aclaro. No es un plan, y el propio autor, Santiago Levy, un economista con gran experiencia, quien fue alto funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con una larga carrera hacendaria en el país, lo aclara en un ensayo escrito en la revista Nexos.

Pero es el boceto más serio que he visto de un programa de emergencia de salud y económica, urgentísimo en implementar.

“Las propuestas no están cuantificadas, y por ello deben ser tomadas con preliminares”, señala Levy.

No dudo que el equipo de Arturo Herrera en Hacienda esté trabajando en un proyecto similar, con el conocimiento de Alfonso Romo, el jefe de la oficina de la presidencia quienes deben estar evaluando fórmulas para amainar la severa tormenta económica que azota el país tras la pandemia del coronavirus.

Por desgracia con la tensión, algo bastante desafortunado, que se respira en el ambiente entre el gobierno federal y las cámaras empresariales, como el Consejo Coordinador Empresarial (CC) que encabeza Carlos Salazar, tras la cancelación de la cervecera Constellation Brands (gravísimo error), se ve muy difícil, que el gobierno esté trabajando codo a codo con los empresarios, para enfrentar esta crisis, que, como previó JP Morgan, puede provocar una desplome del 7% del PIB, similar a 1995.

El Plan Levy, como yo lo titulo, debiera en verdad ser visto por López Obrador y las autoridades. Es un documento serio, realista, que fija objetivos, medidas específicas y medios para financiarlo.

 

OBJETIVOS

Plantea Levy tres objetivos.

*Minimizar los costos humanos de la pandemia sobre la población.

*Minimizar el impacto regresivo de la crisis, con acciones que protejan los ingresos de los trabajadores, especialmente los pobres, y;

*Preservar la estabilidad macroeconómica y la capacidad de retomar el crecimiento una vez que la crisis económica derivada de la pandemia haya concluido.

Ante la emergencia, señala, hay la necesidad de reajustar los planes de gobierno. Y recomienda posponer los programas de infraestructura, de desarrollo rural y regional.

“Mientras más rápido se reconozca esto y, en paralelo, se comunique a los mercados, menores serán los costos derivados de la percepción de confusión y falta de entendimiento de la gravedad de la situación”.

 

PRIMERO LA SALUD

Este objetivo, señala es el más sencillo, aunque “operativamente es el más complejo”.

Hay tres condiciones que plantea Levy en el plan de salud.

*El sector salud debe tener todos los recursos necesarios para atender la pandemia.

*Se deben tener recursos para subrogar la atención con hospitales privados.

*Se deben hacer las readecuaciones administrativas para que los recursos fluyan en forma excepcionalmente ágil.

 

LOS TRABAJADORES, MÁS QUE LOS PROGRAMAS SOCIALES

“La caída en la demanda interna en los próximos meses será muy fuerte”, destaca Levy en NEXOS. “La respuesta tradicional es una expansión anticíclica del gasto público para aminorar”

Levy enfatiza que las peculiaridades de esta crisis hacen que aumentar la inversión pública y expandir programas sociales no es la mejor opción.

“La crisis pegará directamente a los ingresos de los trabajadores”, subraya. “Nuevos proyectos de inversión pública son muy lentos para ser útiles en este contexto”. Por tanto, subraya, se requieren soluciones que refaccionen los ingresos que perderán súbitamente los trabajadores.

Se requiere una expansión del gasto público, sí, pero “focalizada sobre los grupos directamente impactados por la recesión”.

En ese grupo no se encuentran los jubilados, que ya están fuera del mercado laboral, los programas de becas para niños o para jóvenes estudiantes.

 

LOS GRUPOS PRIORITARIOS

“Las acciones se deben de focalizar a la población que está activamente participando en el mercado laboral”, destaca Levy, “y que corre el riesgo de sufrir reducciones fuertes en sus ingresos relativamente pronto”

El economista distingue cuatro grupos prioritarios.

1.-Los trabajadores de los programas de becas Benito Juárez (antes Prospera).

Se propone, dice, una transferencia de ingreso a cada miembro de este grupo, en el rango de 25 a 65 años, “de un monto que requiere ser calibrado con la más alta precisión”, que compensaría, en principio, la pérdida de ingresos en el caso extremo de que quedaran totalmente desempleados.

“Las transferencias deben claramente ser señaladas como transitorias, no estar condicionadas a ninguna conducta por parte de los beneficiarios, y deben eliminarse una vez superada la emergencia económica”.

2.- Los trabajadores afiliados al IMSS.

“El objetivo debe ser cero despidos, y, el otro lado de la moneda, cero cierres de empresas”, dice Levy, aunque advierte que esto es difícil de lograr.

Basado en los registros del IMSS, que permiten identificar el número de empresas y el número de trabajadores, condicionado a que las empresas no despidan a ningún trabajador, se ofrecerían los siguientes estímulos:

*Suspender durante cuatro meses las aportaciones obrero-patronales a las Afores y el Infonavit.

*Por el mismo período, de cuatro meses, sustituir con recursos públicos las aportaciones obrero-patronales a los otros seguros del IMSS (enfermedades y maternidad, riesgos de trabajo, invalidez y vida, y guarderías y prestaciones sociales)

*La posibilidad de que, durante la segunda etapa de la crisis, se subsidie también parte de la nómina.

“El objetivo es mantener el ingreso de los trabajadores, no necesariamente que acudan al lugar de trabajo”.

3.- Los trabajadores no asalariados inscritos en el SAT

¿Qué hacer para apoyar, temporalmente, a la masa de trabajadores no inscritos en el IMSS?, el núcleo de la informalidad.

La solución, plantea Levy, es diseñar un apoyo partiendo de los registros del SAT.

“El SAT tiene los registros de todos los contribuyentes al régimen de impuesto sobre la renta de las personas físicas”, dice Levy, “Se propone usar los registros de los que no son asalariados para hacerles una transferencia de ingreso transitoria”.

Esta medida, explica, ayuda a muchos trabajadores que no son pobres pero que se clasifican como informales, en el sentido de no estar inscritos en el IMSS.

 

¿Y COMO PAGAR EL PROGRAMA?

La falla más común de los planes no son los objetivos, muy loables, incluso las medidas específicas, sino los “cómo”, la forma de financiarlos.

Tras aclarar que desafortunadamente la crisis encuentra al país con finanzas públicas menos sanas que en el 2008-2009, en la presidencia de Calderón; con el agravante de que la recesión y la caída en el precio del petróleo reducirá la recaudación tributaria, Levy señala que, inevitablemente, el gobierno de México, para financiar los programas de salud y económico emergentes, tendría que recurrir a los mercados financieros por recursos, es decir contratar deuda.

“Es un gran error pensar que por el hecho de que Alemania, Estados Unidos, Francia y los países de la OCDE están aumentando su endeudamiento sin grandes consideraciones sobre la sostenibilidad de su deuda, México puede hacer lo mismo”, destaca.

El riesgo México es más alto.

De modo que a la vez que contratar deuda en los mercados financieros, señala Levy, habría que recurrir a un mecanismo novedoso:

“Como parte integral de una propuesta anticíclica”, sugiere Levy, habría que “legislar en paralelo a un aumento del gasto público, una sobretasa de impuestos que entre en vigor una vez superada la crisis, digamos, a principios de 2021.

“Dicha tasa”, aclara, “se legislaría como transitoria, y su único objetivo sería financiar ex post”, es decir después de, el gasto adicional ejercido en 2020.

Un punto importante, aclara, es que, para mayor credibilidad del programa, habría que suspender -no cancelar- los proyectos de infraestructura mientras dure la crisis.

No lo dice, pero, obvio, se refiere a cancelar de mantera transitoria, mientras dura la emergencia, los proyectos como Dos Bocas, Santa Lucía, y el Tren Maya.

 

LECCIONES DE LAS CRISIS PASADAS

Hay lecciones de las crisis pasadas, subraya Levy.

La primera, “actuar rápido y sin timidez; mejor pasarse un poco que quedarse en corto”

La segunda, dice, “es más fácil superar la crisis cuando todos sumamos esfuerzos”. Se requiere concordia, pues, para un diálogo en tiempos de crisis entre los actores del país, se entiende, principalmente empresarios y la sociedad civil como un todo.

 

AUNQUE TARDE, URGE UN PLAN

El tema no es sólo de expertos en salud, sí claro, son los prioritarios en la emergencia; sino también de especialistas en economía.

¿Es una prédica en el desierto?

Me temo que sí. Ojalá que no.

El gobierno ha demorado, pese a la grave emergencia económica (al lado de la de salud) un programa de apoyo a la planta productiva.

Por supuesto, como sostiene Levy, no tenemos los recursos para hacer lo que las naciones ricas implementan ahora.

Empero, adecuada a nuestra realidad, si es posible implementar un programa económico emergente de alcances nacionales, que apunte a los trabajadores afectados por la crisis que ya llegó.

Lo peor sería que no hubiera un plan.

Lo mejor, que se anunciara, aunque tarde.

Por desgracia, también, en medio de la tormenta se cancela un proyecto cervecero en marcha, lastimando la concordia con un grupo clave en estas horas oscuras: los empresarios, los encargados de movilizar las fuerzas productivas, y dar empleo a decenas de millones de trabajadores.

 

QUE HAY QUE HACER YA

Si no se hace algo - o parte- de lo que enlista Levy, la crisis pegará más dura. Como he dicho aquí, un desplome de la economía, de 4, o 5%, alcanzará hasta un 7% como avizora JP Morgan, o aún más.

Estas recetas, o algunas, son la única forma de reasignar urgentes recursos de forma temporal, como dice Levy, al grupo más vulnerable, los trabajadores informales y formales.

*Un vasto programa, creíble, de ampliación de gasto del sector salud, que, como señala Levy, le de los recursos necesarios, con procedimientos expeditos de gestión.

*Reajustar el programa de infraestructura, posponiendo temporalmente, los proyectos de Dos Bocas (que en realidad debiera cancelarse), Santa Lucía y el Tren Maya.

*Suspender temporalmente programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, o Sembrando Vida, que no van a los trabajadores, a quienes hay que refaccionar urgentemente.

*Diseñar urgentemente fórmulas para transferir recursos a los trabajadores mientras dure la emergencia, ya sea -como señala Levy- en base al listado de mexicanos inscritos en los programas de Becas Benito Juárez (antes Solidaridad), o los listados del SAT, de gente inscrita en Hacienda, clasificada como informal.

*Instrumentar también con premura acciones para dar un respiro a la liquidez de las empresas, y minimizar el riesgo de quiebras o despidos, como suspender transitoriamente aportaciones obrero-patronales o pagos de impuestos, etc.

*Inevitable: buscar más recursos de crédito en el mercado internacional. Contratar más deuda. Como ha dicho el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) que encabeza Carlos Salazar, nadie le recriminaría el presidente un aumento en el déficit -prudente- cuando urge un plan de apoyo a la planta productiva.

*A fin de financiar y crear confianza en los mercado -tema sensible ante la baja en la calificación de la deuda- pensar en esquema del tipo del sugerido por Levy, como un alza temporal de impuestos, aplicada después de la contingencia.

La gente no dudaría en pagar más impuestos después, si ahora se apoya a trabajadores con mayor gasto para evitar despidos quiebras de empresas, con el objetivo de no parar totalmente la economía. Y evitar un brote de inseguridad y desestabilización social, si la crisis empeora

*La receta del gobierno de apoyar directamente a los pobres, va en la dirección correcta, pero es insuficiente.

El tiempo ya se terminó.

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