Durante los últimos días de enero de 2016, el Mtro. Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública del Gobierno Federal, anunció el inicio del plan “La Escuela al Centro”, que tiene como finalidad “mejorar la organización de las escuelas para llevar la reforma educativa a las aulas”, según el boletín difundido durante esos días por la SEP a diferentes medios de comunicación 1.

A este plan, enfocado específicamente a la Educación Básica, le anteceden otros programas impulsados por las autoridades educativas federales (SEP), con la intención de reestructurar las bases de funcionamiento de la escuela pública, claramente orientadas desde una perspectiva financiera y asistencial, tal como lo muestran las experiencias institucionales de Programas como “Escuela Digna” y el Programa “Escuelas de Calidad” (PEC, 2001); así como del Programa “Escuela Segura” (2009), y de otras estrategias que han tenido el propósito de impactar en la administración, organización y gestión específica de la escuela pública. Existen otros casos recientes, como el programa denominado: “Escuelas de Tiempo Completo” y el programa “Escuelas de Excelencia” (2013 y 2014, respectivamente).

Los problemas y necesidades escolares identificados por las autoridades educativas federales y estatales, en el sentido de transformar a la organización escolar con intenciones académicas y generar esquemas que brinden mayor autonomía a la escuela, han llegado a un punto de coincidencia en la definición principal de la estrategia: Inducir hacia la desburocratización de los centros escolares y convertirlos en unidades de educación efectivas para favorecer los aprendizajes de los niños, las niñas y los jóvenes. Propósito esencial en el cual es difícil estar en desacuerdo.

Más allá de las buenas intenciones del Mtro. Nuño y sus colaboradores, es evidente que el programa nace con limitaciones y dificultades que no permiten asegurar ni pronosticar un feliz final. Existen al menos dos razones poderosas para advertir que el programa no podrá aplicarse de manera completa ni adecuada, en la amplia red de instituciones públicas de Educación Básica en el país.

La primera razón tiene que ver con la organización misma de las unidades escolares: Cerca del 40 por ciento de las Escuelas Primarias regulares, (sin considerar a la red de Escuelas Primarias del Consejo Nacional de Fomento Educativo, CONAFE, que atiende a las comunidades marginadas), opera dentro del esquema de “Escuelas Multigrado”, lo cual quiere decir que en ellas laboran 5 o menos docentes; lo que se traduce en la necesidad de que uno de esos docentes funja, al mismo tiempo, como director “encargado”.

Debido a ello, el esquema sugerido por la SEP, a través del plan “La Escuela al Centro”, que creará plazas de Subdirector para descargar al Director de tareas burocráticas, según aseveró el Secretario Nuño, sólo se podría aplicar, en cerca del 60 por ciento de las Escuelas Primarias regulares, que son de organización completa (urbanas), no así en las Escuelas Multigrado (en zonas rurales e indígenas). El plan oficial contempla, de manera pretenciosa: “… que cada plantel cuente con un subdirector de gestión escolar y un subdirector académico”.

Cabe mencionar, a propósito, que una parte de las Escuelas Primarias Multigrado sólo cuenta con un Docente (a éstas se les conoce como Escuelas “Unitarias”), quien atiende a todos los alumnos de los seis grados de ese nivel educativo.

Como puede desprenderse de este comentario, el plan “La Escuela al Centro”, es una estrategia limitada o restringida, que se enfoca o atiende sólo a un sector del universo escolar nacional, pero que deja de lado las necesidades académicas y de gestión escolar que tiene un segmento considerable de la estructura educativa mexicana.

Por otra parte, como segundo aspecto, el tiempo es uno de los factores que se avizora como uno de los obstáculos a vencer. La carrera contra el tiempo ya inició, porque el sexenio está a más de la mitad de su recorrido, y las intenciones para promover los cambios institucionales, al menos en la aplicación de las políticas educativas, si requieren de algo, es de tiempo. El “sistema métrico sexenal” no deja mucho margen de maniobra. Aún no contamos, lamentablemente, con políticas educativas transexenales.

Al respecto, algunas preguntas a resolver son: ¿El plan “La Escuela al Centro” es una iniciativa sin futuro? Con un instrumento de políticas educativas públicas con tales características, ¿sólo se podrán resolver los problemas de gestión escolar de una parte de los centros educativos? ¿Y los demás, los de la periferia, los alejados de las cabeceras municipales y en condiciones adversas, cuándo y cómo serán tomados en cuenta en lo que resta del gobierno de Peña Nieto?

A toda esta situación agravada, hay que agregar el análisis sobre los dispositivos administrativos para dar certeza y transparencia al uso de los recursos financieros; así como, cuál será el papel de los Consejos Técnicos Escolares en la operación de este programa; cómo se articulará la participación social mediante los Consejos creados para tal fin; y, no menos importante, de qué manera impactarán estas medidas en los progresos académicos de los alumnos y las alumnas, en términos de aprendizajes, en todas las áreas de su desarrollo personal y social.

Finalmente, y no obstante los cambios en procedimientos o procesos burocráticos que sugiere el programa, sería conveniente saber cuál es la finalidad última de este programa.

Profesor Titular de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Querétaro.