Leo esta mañana una nota breve que no deja de sorprender: “Líderes de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) acordaron en reunión exigir al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, que desaparezca el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).” (SDP Noticias, 28 de agosto, 2018)

Lamentablemente la nota no informa sobre los argumentos planteados por la disidencia magisterial, al dar a conocer tal exigencia al presidente electo. Sin embargo, el texto (que señala como fuente información publicada por el diario Reforma), indica que “en un escrito dado a conocer por la CNTE, se afirma que ´la evaluación punitiva no es el único elemento contrario a la educación pública´, por lo que es necesario que se abrogue la reforma educativa de manera completa.”

Conviene recordar que el INEE es, desde 2013, un organismo público autónomo del gobierno federal, y que por ello sus atribuciones legales, funciones y personalidad jurídica, no dependen del poder ejecutivo federal, sino del legislativo. Por lo tanto, en primer, lugar, no procede la solicitud que hace la dirigencia de la CNTE. O al menos no está correctamente dirigida. Por lo tanto, y en segundo lugar, queda en manos del Poder Legislativo, en coordinación con el Ejecutivo Federal, a partir de diciembre próximo, la decisión sobre el tipo y profundidad del cambio de rumbo, es decir, sobre la Reforma Educativa que viene.

Según la nota aludida, los líderes sindicales opositores consideran que, para echar abajo la Reforma Educativa, se requiere de mucho más que cambios aislados. "Esto se logra abrogando la matriz constitucional de la reforma educativa, sus leyes secundarias y todos sus componentes: Instituto Nacional de Evaluación Educativa, Servicio Profesional Docente, Nuevo Modelo Educativo, Reforma en Normales, Autonomía de Gestión, Sistema de Información (SIGED), FONE, Escuelas al Centro, Escuelas al CIEN, Escuelas de Tiempo Completo", indica el texto.”

“En el escrito titulado "Manifiesto a la Nación", (dice la nota de referencia) la CNTE exige (también) la eliminación del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo (FONE), creado por el Gobierno federal en 2014 para centralizar el pago de nómina de los trabajadores de la educación federalizados.”

En efecto, la coyuntura política actual es propicia para la puesta en acción de cambios profundos en las políticas públicas educativas. El triunfo de las tendencias democráticas, encabezadas por AMLO y Morena, que son sensibles a la necesidad de una transformación radical de la vida pública nacional, abre la posibilidad de llevar a cabo un proyecto de cambios de raíz, sin lugar a dudas. Sin embargo, hay que ir por partes.

El INEE es relevante para la vida pública nacional, como organismo autónomo, no sólo por sus funciones en la definición de criterios en los programas de evaluación docente y de directivos escolares, sino también en diversos ámbitos de la evaluación: del sistema educativo nacional, los procesos de aprendizaje, los contextos de la enseñanza, así como los nuevos métodos, procedimientos y materiales educativos, entre otros segmentos y objetos de estudios educativos para la adecuada toma de decisiones. Considero que es necesario evaluar, efectivamente, el papel del INEE, sin desaparecerlo, de modo tal que se reformulen sus objetivos, intencionalidades, propósitos y atribuciones; así mismo, revisar su estructura orgánica, su modelo de financiamiento y de operación, y replantear sus alcances como institución autónoma especializada del Estado mexicano, en su calidad de entidad responsable de las políticas de evaluación educativa en el país.

Más allá del INEE, si bien existe la necesidad de revisar a fondo la estructura y operación del sistema educativo nacional, así como la estructura y funcionamiento de los subsistemas educativos estatales, como también de los diferentes organismos e instituciones que participan en la marcha difícil de la educación pública en México, es verdad que este proceso de cambio es gradual y requiere de un plan de cambios debidamente discutido. Pero, sobre todo, dicho impulso transformador habrá de contar con los matices inspiradores de un nuevo estilo de hacer gobierno, (el de AMLO), a través de métodos deliberados para ejercitar la democracia participativa y representativa. Para ello, justamente se organizan y llevan a cabo, entre otras acciones, los foros de públicos y abiertos para generar un nuevo acuerdo educativo nacional.

Uno de los actores importantes, sin discusión alguna, en el rediseño de las políticas educativas nacionales, con un sentido democrático, es la CNTE; sin embargo, es conveniente incorporar con esta oleada participativa a las distintas voces, expresiones y actores que también juegan un papel clave, directa o indirectamente, en los procesos de transformación de la educación pública en el país: Docentes, directivos escolares y asesores técnicos (dirigentes sindicales y trabajadores de base), académicos y especialistas, estudiantes, familias, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, empresarios, organizaciones religiosas, partidos políticos y otros grupos o sectores de la sociedad civil, que tienen intereses y propuestas para lograr el derecho pleno a la educación de todos los mexicanos, en sus diferentes formas, niveles y modalidades.

La Reforma Educativa que viene tiene un formato diferente, ya que invita a pensar en esquemas orientados al cambio radical, con amplia participación social, impensables en el pasado. Es una Reforma incluyente, diversa, organizada, plural, desde abajo, a efecto de desburocratizar, descentralizar y crear condiciones para ejercer el derecho a la educación. Las inercias opositoras y los reflejos políticos disidentes también están convocados a alzar sus voces en este movimiento hacia el cambio; están en su derecho de reflexionar y ponderar el valor democrático que representa esta coyuntura política. Quizá convenga no olvidar que la sociedad se ha pronunciado, ha dado un mandato, este 1 de julio 2018, a favor de una transformación de la vida pública de México; uno de cuyos centros está precisamente en la recreación y cambio de la educación pública nacional. Eso no tiene marcha hacia atrás.

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