Felipe Calderón por fin gana con su plan "D"

Felipe Calderón ha transito su presidencia de una manera atípica en lo que se refiere al importante evento que significa para un político dejar el poder.

Para ello el actual mandatario, en la euforia de su apretada victoria sobre López Obrador, de inmediato elaboró el Plan “A” para construir  el escenario de su retiro. Este plan inicial de Calderón no contemplaba la derrota electoral ante el PRD en las elecciones presidenciales.

Pero se presentaron dos factores que hicieron que Calderón migrara hacia un plan “B”.

El primero fue el misterioso accidente en que Juan Camilo Mouriño perdió la vida. El segundo lo constituyó el sostenido crecimiento del PRI basado en sus victorias en elecciones de carácter regional, gubernaturas, congresos locales y alcaldías. Así el rival a vencer ya dejaba de ser el PRD, y sobre todo Andrés Manuel López Obrador ante el surgimiento de una figura fresca, de gran aceptación popular como fue Enrique Peña Nieto.

Se iniciaba así un cambio en la correlación de fuerzas al interior del PAN. Fallecido Mouriño, el ex presidente Vicente Fox se movilizó e inició una campaña para proyectar al senador Santiago Creel como precandidato presidencial. Obviamente fracasó.

Por otra parte un grupo de integrantes del gabinete calderonista se animó a participar en el proceso de selección de la candidatura presidencial y apareció el nuevo delfín del plan “B”. Ernesto Cordero fue el elegido. Lo acompañaron en la aventura sus compañeros de gabinete Josefina Vázquez Mota, Javier Lozano, el lamentablemente enfermo Alonso Lujambio y un “externo”, el folclórico gobernador jalisciense Emilio González.

Y el plan “B” también le falló al presidente. Su selección a favor de Cordero era mediáticamente equivocada ante el fenómeno Peña Nieto. Hubo sacrificios como el de Javier Lozano, quien a pesar de ser una persona preparada y culta, con experiencia en la administración pública y la política, asumió un papel de promotor rudo de Cordero. Pero ni así cuajó el ex secretario de hacienda.

El plan “C” de Calderón para preparar su retiro fue forzado. Apoyar como panista a Josefina Vázquez Mota. Una mujer que guardaba serios resentimientos con el presidente que le interfirió su condición de jefa de la bancada del PAN en Lázaro, después de haberla mandado a la ingrata tarea de navegar con la cacique magisterial Elba Esther Gordillo.

Iniciado el proceso de las elecciones presidenciales, Josefina Vázquez Mota entró en caída libre. Se desfondó porque la sobre exposición que sufre un político en una campaña presidencial, enseño limitaciones insuperables para poder participar con éxito en ese tipo de competencias.

La derrota del PAN en la pasada elección, fue un producto multifactorial, es lo único que puede decirse de ella. Hubo muchos responsables del gran fracaso.

Pero las caras frontales de la derrota aplastante fueron, sin duda, la propia Josefina Vázquez mota y el gris presidente nacional del partido Gustavo Madero.

Oportunistas como Javier Corral, políticos de corte clientelar como Juan Manuel Oliva y su acólito Juan Carlos Romero Hicks, dinosaurios como Ernesto Ruffo intentaron endosarle la factura de la derrota a Felipe Calderón y quedarse con el partido y borrar para siempre al todavía presidente.

Rechazaron una asamblea en fecha favorable a Calderón. O sea antes del 1 de diciembre. También criticaron un intento refundacionista propuesto por el mandatario y rechazaron su intervención en la asamblea.

De inmediato reaccionó Calderón, un presidente con adjetivos, pero un político tenaz y duro.

Y vino su plan “D”.

Se metió de llenó a operar dentro del PAN. Calderón tenía perfectamente medido el terreno. No hay figuras de relevancia entre los “rebeldes” que se le pudieran enfrentar. Su antecesor, Vicente Fox, oscila entre la demencia senil y su priísmo tardío. No crecieron como líderes panistas al estilo de Clouthier o los fundadores; tipejos como Javier Corral; fontaneros del partido como Juan Manuel Oliva y Juan Carlos Romero. Y Ernesto Ruffo ya está muy rebasado por el tiempo como encabezar lo que sería el #Yo soy 132 del PAN, no son rivales de cuidado para un político como Calderón dentro del PAN.

Y Calderón ganó por fin. Esta estrategia final lo reduce al ámbito partidista. Pero es el único panista que tiene prendas de ser figura nacional como interlocutor de Enrique Peña como presidente de la república y Andrés Manuel López Obrador como el principal opositor en México.

Cordero será coordinador en el senado y seguramente González Morfín en San Lázaro. Y empiezan a forjar a un líder contestatario, menos rudo y áspero de lo que ha sido, o lo han hecho, como Javier Lozano, que ha iniciado su carrera por la dirigencia nacional del partido que el 1 de diciembre deja el poder.

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