El aguacate: México sangra mientras Estados Unidos gana

Canasta básica mantiene precios estables para huevo; aguacate el más variable
El campesino mexicano trabaja jornadas de 8 a 10 horas generalmente sin prestacionesFoto: Juan José Estrada Serafín / Cuartoscuro

Ambos países están obligados a prestar atención para combatir la inseguridad en el estado de Michoacán

En la difícil relación bilateral entre México y Estados Unidos hay asuntos fundamentales que son la nota de cada día como la migración, el tráfico de armas y la ratificación del acuerdo comercial T-MEC, existen también otros temas que impactan de una u otra manera a los dos países y a la agenda que tienen en común como el acero, el aluminio, las autopartes y, ahora, el aguacate.

La semana pasada amanecimos con la noticia de que el Departamento de Agricultura estadounidense amenaza con suspender la certificación del aguacate mexicano proveniente de Michoacán bajo el argumento de que la violencia ocasionada por el crimen organizado pone en riesgo al personal de ese departamento del gobierno estadounidense.

La gravedad de la amenaza tiene que ver con que Michoacán es el primer productor del mundo de este fruto y es el único estado mexicano que cuenta con la certificación del Departamento de Agricultura para poder exportar, lo que representa para México un negocio de más de 2 mil 500 millones de dólares.

¿Hasta dónde llegará la amenaza del Departamento de Agricultura?

¿Es sólo velar por la seguridad de su personal sanitario que opera en las granjas productoras?

¿Es por frenar al Cartel Jalisco Nueva Generación para impedir que se adueñen del territorio del estado purépecha porque han puesto en peligro a los inspectores de su país?

¿Será realmente la seguridad de sus inspectores lo que les preocupa? O peor aún, se trata de su respuesta a la propuesta del canciller Marcelo Ebrard de poner en la agenda bilateral el control de ingreso de armas al país o de exigir, por parte del gobierno de Donald Trump, como lo hicieron con los migrantes, el poner orden real a la inseguridad que priva en su país.

Cualquiera de estas opciones tiene un trasfondo mucho más profundo que el simple entramado comercial del aguacate.

¿Quién gana?

Viendo el tema desde el lado meramente comercial, existen condiciones inequitativas entre productor, comercializador y el consumidor, donde los ganones son los comercializadores estadounidense y el consumidor.

Un campesino mexicano cobra $0.01 centavo de dólar por aguacate exportado. El dueño y agricultor vende en $0.30 USD cada aguacate a las cuatro empacadoras estadounidenses, quienes lo venden a un promedio de $1.35 USD, aun cuando todo el proceso logístico de empaque y transporte no rebasa los $0.08 USD por fruto.

El campesino mexicano trabaja jornadas de 8 a 10 horas generalmente sin prestaciones, sin embargo, en esta desigual relación comercial donde México se queda con el 20% de los ingresos y Estados Unidos con el 80%, surge otro grave problema que encarece aun más toda la cadena productiva y comercial del aguacate: 

Los gastos adicionales por el pago de “derecho de piso” que cobra el crimen organizado, lo que ha provocado que los agricultores busquen nuevos espacios de siembra, sin importar la tala indiscriminada de bosques, que a su vez genera pagos adicionales por concepto de seguridad así como armamento de policías y guardias, corrupción de funcionarios municipales y estatales y la entrada de agentes adicionales como los taladores de bosque, eso sin contar el daño al medio ambiente por el uso de pesticidas y productos químicos que afectan la tierra.Manuel Díaz

Estos sobre costos impactan directamente a las empacadoras, transportistas y otros agentes que participan en el ciclo productivo del lado de Estados Unidos, lo que hace mucho menos rentable su negocio.

AguacateIsaac Esquivel / Cuartoscuro

Aunque la inseguridad producto del crimen organizado atenta contra el interés de las cuatro grandes comercializadoras estadounidenses, suspender la producción de aguacate podría significar para México perder más de 2 mil 500 millones de dólares y para Estados Unidos, el encarecimiento de uno de los productos agrícolas más demandados por sus ciudadanos, lo que impactaría en la economía estadounidense y en la imagen del presidente Donald Trump.

Ambos países están obligados a prestar atención para combatir la inseguridad en el estado de Michoacán, garantizar la producción, la seguridad y evitar la deforestación de los grandes bosques michoacanos, esos, donde año con año llega la mariposa monarca desde Canadá, porque la falta de control y deforestación significa un daño ecológico irreparable y un posible tema internacional con Canadá.

El problema del aguacate michoacano también pone en la mira una serie de conflictos e irregularidades de la agenda bilateral que hay que solucionar cuanto antes:

¿Cómo y en qué condiciones legales operan agentes del Departamento de Agricultura en México?

¿Dónde están los apoyos a los productores nacionales, en seguridad, por parte del gobierno federal? Pareciera que se encuentran solos frente al mercado más grande y mañoso del mundo.

¿Dónde quedan los criterios y parámetros del TLCAN para las negociaciones equilibradas y protección a los productores?

Estados Unidos no perderá el gran negocio que representa el aguacate michoacano y tampoco dejará sin su guacamole a los fanáticos de los deportes de masas, lo que puede generar medidas extraordinarias que afecten los acuerdos en temas de seguridad, justo como ha pasado en anteriores situaciones como el caso Camarena, el cual Manuel Bartlett debe de recordar.

La cancillería y las Secretarias de Seguridad Pública y de Economía deben atender el problema a la brevedad, antes que nuevamente Estados Unidos tenga que intervenir pisoteando nuestra soberanía nacional aunque sea en cumplimiento de nuestras leyes. 

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