Nombra el MIT innovadora del año a estudiante del centro mexicano Cinvestav

Damar López-Arredondo, de 28 años de edad, fue galardonada con el premio TR35, que otorga el Instituto Tecnológico de Massachusetts, por su trabajo en el desarrollo de cultivos genéticamente modificados para

México.- El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), a través de su revista Technology Review (TR), reconoció como innovadora del año a Damar López-Arredondo, estudiante de doctorado en Biotecnología de Plantas e Ingeniería Genética del Cinvestav.

La estudiante de 28 años de edad fue galardonada con el premio TR35 por su trabajo en el desarrollo de cultivos genéticamente modificados para optimizar el uso de fertilizantes.

También fue nombrada como uno de los 10 innovadores mexicanos más brillantes menores de 35 años gracias a la investigación que realiza en el Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio), del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (cinvestav).

La experta en ingeniería genética comentó en un comunicado que la producción actual de alimentos requiere alrededor de 50 millones de toneladas de fertilizantes fosfatados, que tienen un costo de casi 50 mil millones de dólares, y cada año se incrementa un 2 por ciento.

A ese ritmo, en 100 años las reservas de fósforo estarán agotadas, lo que también generará una crisis alimentaria si no se desarrollan tecnologías para disminuir su consumo.

Su proyecto consiste en utilizar herramientas moleculares para crear plantas eficientes capaces de absorber para nutrirse y crecer un compuesto mineral derivado del fósforo llamado fosfito, el cual ni las malezas ni los microrganismos del suelo pueden utilizar, lo cual elimina la competencia por este nutriente.

De acuerdo con la estudiante del Cinvestav, el desarrollo de plantas eficientes y el empleo del fosfito, ayudarán no sólo a disminuir de entre 30 a 50 por ciento la cantidad de fertilizante utilizado, sino también se reducirá el uso de herbicidas que se emplean en el control de malezas, pues éstas no tendrían cómo alimentarse.

Destacó que de implementarse de manera global el uso de esta tecnología, el consumo de fertilizantes fosfatados se verá disminuido en 20 o 30 millones de toneladas por año; bajará entre 100 y 150 dólares por hectárea los costos de producción para el agricultor, y los precios de los alimentos disminuirán.

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