El cadáver de una persona fue enviado al corralón debido a que la carroza donde era transportado se estacionó en un lugar prohibido, según reporta el diario New York Dayly News.

Paul DeNigirs, director de la funeraria Redden, describió al periódico su impacto al darse cuenta que el vehículo había desaparecido, tras dejarlo parado unos minutos fuera de su oficina para arreglar un asunto urgente.

Aunque la carroza tenía letreros que la identificaban como propiedad del establecimiento contiguo, los oficiales de tránsito los ignoraron y se llevaron el vehículo.

DeNigris se trasladó hasta el depósito de autos donde, aclarada la confusión, le quitaron la multa de 185 dólares que debía pagar y por fin pudo llevar al aeropuerto de Nueva York el ataúd que sería embarcado hacia Miami, donde el cuerpo sería incinerado.