Durante su campaña presidencial el Lic. Felipe Calderón H. radicó
su principal propuesta en crear más y mejores fuentes de trabajo; sus
publicistas lo anunciaban en todas formas como el "Presidente del empleo".
Celebrada la elección y dado su pobre historial político, que
incluía el nunca haber ganado una elección abierta, ni gobernado cualquiera de
los estados de la república mexicana, ni superado la ventaja que le asignaban
una parte importante de las encuestadoras al Lic. Andrés Manuel López Obrador;
así como una serie de irregularidades, dio como natural consecuencia,
resultados sobre los que un núcleo importante de la población, no creyó ni
aceptó.
Ante tales condiciones fincó su mejor apuesta, para buscar una
legitimidad no alcanzada, en un combate frontal contra el narcotráfico, que
incluyó, al margen de la Constitución, utilizar al ejército y a la marina, como
pilares de un ofensiva que se ha convertido, con el paso del tiempo en una
incipiente y costosa guerra civil; aunque aparentemente esta ruta le ha servido
muy bien como una justificación para criticar, de sus propios errores, a los reales o supuestos contrarios
y como una forma de intimidación en contra de cualquier movimiento de oposición
importante.
Los partidos "opositores" en términos generales han brindado su
apoyo a esta política de guerra, que, según reportes periodísticos alcanza a la
fecha 28,353 sacrificados y que según declaraciones del Ejecutivo Federal,
continuará hasta que concluya su mandato, porque como nos explica, esta es la
mejor alternativa para combatir exitosamente ese cáncer conocido como
delincuencia organizada, que ahora extiende sus protuberancias en múltiples
ramas como a el control de: los migrantes, la prostitución, cuotas
"voluntarias" a discotecas y bares, secuestros, robo y tráfico de vehículos,
políticos, policías, mandos, terrorismo etc.
Al margen de que acabar con las reales o aparentes cabezas de los
cárteles de la delincuencia organizada es intrascendente ya que de inmediato
son substituidos, continuando cada una de las estructuras truncadas con la
misma fortaleza, en términos de efectividad, esta lucha ha sido totalmente
estéril y onerosa.
Pareciera entonces que la llamada guerra contra la delincuencia
organizada y especialmente contra el narcotráfico, no está llevando a la
solución del problema y si creando nuevas dificultades. Conviene entonces
estudiar lo que ha realizado el propio E.U., en su real o supuesto combate a la
delincuencia organizada y para ello es propio consultar diferentes publicaciones
en Internet que esencialmente afirman:
Apenas en el reciente mes de marzo el enviado ruso ante la OTAN,
Dmitry Rogozin, criticó ferozmente la nueva estrategia militar de Estados
Unidos en Afganistán, planificada por el general Staley McChrustal y apoyada
por el presidente Obama, que planea obtener el soporte de los campesinos que
siembran la amapola y producen el 90 por ciento de la heroína que se consume en
el mundo, para evitar que se unan a la inseguridad talibán.
El nombrado representante de Rusia ante la OTAN, denunció también
el doble discurso estadounidense en la lucha contra las drogas, toda vez que
justifica la presencia de sus tropas en Colombia para combatir la producción de
cocaína, pero no hace nada en Afganistán para detener la producción y el
tráfico de heroína.
Con datos duros, se afirma que Afganistán produce el 90% de la
heroína que se consume en el mundo. La producción de la amapola se multiplicó
10 veces desde la invasión norteamericana en el 2001, así como, en América Latina,
la producción de cocaína también creció a partir de la implementación del Plan
Colombia.
Es decir que precisamente donde los Estados Unidos tienen una
presencia preponderante, el narcotráfico, en vez de declinar, aumentó.
Afganistán es uno de los ejemplos más claros.
Como es de sentido común, muchos se preguntan cómo perseguir a las
lanchas rápidas de los contrabandistas que se escabullen entre los intrincados
manglares de la costa; o cómo detectarán los helicópteros los vehículos
camuflados de tan diversas y creativas formas que ni los rastreadores de rayos
X, ni de ultrasonido, ni la revisión in situ lo pueden hacer.
Debemos concluir entonces que el problema no puede, ni debe
resolverse con la sola intervención del ejército y/o la depuración de las
fuerzas policíacas, se requiere esencialmente un enfoque diferente en la
economía y que esta sea regulada por el estado para evitar el abusivo
incremento en los precios, un impulso eficaz a la industria y a las Pymes,
trabajar vigorosamente para que paguen impuestos todos, principalmente las
grandes empresas y que el gobierno pueda tener los recursos para estimular al
campo, impulsar la creación de empleos, reconstruir la devastada seguridad
social, otorgar vivienda a los trabajadores de acuerdo a la ley y no mediante
tramposas hipotecas, instaurar un poder judicial independiente, dar verdadera
soberanía al ministerio público, instituir la revocación del mandato,
referéndum, plebiscito, combatir el lavado de dinero, etc.
Cualquier jugador de
ajedrez sabe que, ante un fracasado ataque al rival, se debe ser muy cuidadoso,
y, replegarse, continuar por el mismo camino, será la vía más segura para que
finalmente le den jaque mate.