Realmente la noche de ayer en el foro Sol fue una noche bohemia. De nostalgias, de encuentros, de éxtasis. Tal como lo advirtiera Enrique Bunbury a la mitad de su concierto: “Vamos a hablar claro: esta tiene que ser una noche larga”.

Llegué a la entrada del foro Sol, y aún no estaban permitiendo la entrada, pero ya podía sentirse un ambiente realmente bohemio: a mi lado, una chica de no más de 17 años que vestía una playera de Iron Maiden la cual va acompañada de su madre, lee en voz alta extractos del libro “El proceso” de Franz Kafka. En el lomo de su libro se aseguraba que era propiedad de la biblioteca del CCH Oriente. Hace ya más de 12 años que estudié ahí, y parece que aún permanece ese espíritu de lucha ya casi extinto de un colegio que, hace ya varios años, se distinguía por la militancia de sus estudiantes.

Chicos con sobreros de copa, algunos pintándose a duras penas las uñas de negro. Otros visiblemente treintañeros, igualmente con uñas negras y ojos delineados. El humo de los cigarros creaba una atmósfera que envolvía esta variedad de personas. Aún otros más nostálgicos, aquellos que le disculparon a Bunbury su separación de la legendaria banda “Héroes del Silencio”, vestidos completamente de negro, con camisas abiertas casi hasta el ombligo mostrando una panza honorablemente ganada a base de mucha cerveza. “Yo lo escuchaba desde el radical sonora, cuando los pinches metaleros no le perdonaban su salida de los “héroes”, decía un universitario con su playera del concierto: La gira Hellville de luxe 2009.

Por fin, nos permiten el acceso. Todos a correr para alcanzar un buen lugar, aunque desde atrás intenten sacarte las vísceras al empujarte contra la barra de contención: ése es el precio que hay que pagar, aparte del costo del boleto, por estar enfrente del escenario. Otros más tranquilos, reviviendo sus años de adolescencia acompañados de sus hijos adolescentes. La panza chelera sí pesa. A las 8 se apagaron las luces. Comienzan a sonar los acordes de “El club de los imposibles”, y al grito de “En-ri-que, En-ri-que” sale Bunbury:“Pagamos el peajeY tenemos todosLos semáforos en verde a la vezAspira fuerte el napalmQue huele a victoriaEn Apocalipsis Now”Y ahí hasta los más serios comienzan a gritar y a bailar. Una chica le pregunta a su novio que qué era “apocalipsisnao”, y el chico con un tono de intelectual forzado le responde que seguramente es una provincia española en donde pasó algo durante la guerra civil española. ¿Cuántos de estos jóvenes no han visto la excelente cinta de Francis Ford Coppola, y por eso no entienden el por qué el napalm es el olor de la victoria? Una de las mejores frases del cine, sin duda.Luego vinieron otras canciones del “Hellville de luxe”, como “Hay muy poca gente” y “El hombre delgado que no flaqueará jamás”. Y desde luego, los éxitos como “Alicia”, “La señorita hermafrodita” y mi favorita por mucho, “El rescate”… la euforia inundó el foro con temas como “Apuesta por el rock and roll”y “De mayor”, incluida una versión muy mexicana de “Infinito”, acompañada con acordeón; y una versión bastante metalera de “Lady Blue”, que sonó verdaderamente potente. “no mames, así suena pocamadre esa pinche rola”, le dijo un chico a su mamá, quien ante el evento, olvidó por completo el lenguaje de su hijo. Al cantar“Sí”, el público gritó la letra, verdaderamente estremedora hasta para el propio Bunbury, a quien se le salieron las lágrimas, visiblemente emocionado.Bunbury salió a brindar varias veces con la bebida que de sobra se sabe que es su favorita: el tequila. “cuando uno está lejos de casa, se siente una sensación extraña, pero en este país nunca me he sentido como un extranjero”. Y comienzan los acordes de “El extranjero” (una barca en el puerto me-eeesperaa…).Bunbury verdaderamente logró transformar al ambiente del concierto en una reunión bohemia de cantina, de alcohol, de amores perdidos. Brindó con José Alfredo Jimenez, sobre el cual dijo que había platicado con él y que le había mandado un mensaje a los mexicanos: “que tengan esperanza”:“Si ya no puede ir peorHaz un último esfuerzoEspera que sople el viento a favor”.“Y al final…” cerró la noche. Un noche tal como la prometió Bunbury: larga. Una noche en la que por momentos sonó el rock, por otros fue bohemia, en algunos momentos fue pop, pero siempre acompañada de buena música y buenas letras. Verdaderamente, como frontman, Bunbury no le pide nada a Bono, a David Gahan o a Gustavo Cerati. Uno de los pocos artistas que se permiten un diálogo directo con su público. Un dáligo sencillo, y honesto, desde el corazón.A la salida, hubo que lidiar con las patéticas y asfixiantes medidas de seguridad para la salida, como cables en el piso donde la gente se tropezaba, o alambres de púas que lastimaron a más de uno. Y a pesar de eso y la mala acústica del foro Sol. Enrique Bunbury supo sortear, con creces, esos inconvenientes.Espero que el mensaje que nos mandó José Alfredo Jimenez por medio de Enrique Bunbury (así lo dijo el español) lo sepamos escuchar. Definitivamente, al igual que muchos mexicanos, la esperanza no la perdemos. Ni nos la quitarán.