Nueve años tuvimos que

esperar para ver otra vez a un equipo mexicano disputar la final del

torneo de clubes más importante del continente y el más añejo del

orbe, la copa Libertadores de América. Y sí, al igual que le ocurrió

en 2001 a la máquina cementera de la Cruz Azul en el estadio Alberto

J. Armando, "la bombonera", el club de futbol Guadalajara, las chivas

rayadas, salieron amargas y con la derrota a cuestas en su visita al

estadio Beira-Rio en Porto Alegre, Brasil.

No ahondaréen

las cuestiones de partido e independientemente de los hubiera,

tengo unas reflexiones para compartir.

Primera. Ignoro qué

circunstancias extra futbol detonaron el regreso de Adolfo Bautista

a la titularidad del club más popular del país. Vaya, incluso esas

nebulosas "razones" le permitieron jugar un mundial hace dos meses.

La guapeza, es decir, el no arredrar ante las peculiares circunstancias

que la Conmebol impone --léase: árbitro, himnos cortados, pocas chances

para entrenar---, se deben respaldar en la cancha y nada más lejano

en la actuación de bofo.

De vez en vez en esta

copa aparecen figuras que aguantan todo, les gusta la presión del público,

las patadas de los rivales y hablar todo el partido, cito a: Guillermo

Barros Schelotto, Juan Riquelme, Carlos Tévez, Cuauhtémoc Blanco y,

a partir de hoy, Andrés DAlessandro.

Adolfo el chiva no se

animó a pedir la pelota, vamos no la ha pedido en más de 3 años. Tribuneó en la previa pero después del pitido inicial jugó ensimismado.Durante todos los tiros libres en contra cumplió y no más.Y entonces, me parece,no debe extrañar la partida de Omar Bravo, la patada llanera de Arellanoy el llanto de Fabián. En tres distintas expresiones, y acorde a loque sus trayectorias les permiten, la frustración ante los designiosde la pareja presidencial en perpetua luna de miel hizo su aparición.Segunda. La manera pueril,atroz y descalificadora en que el arbitraje sudamericano y la confederaciónde esa zona meten la mano a la bolsa de los equipos mexicanos. Todaslas divididas se marcan en contra, amonestan a los jugadores aztecaspor nimiedades y solapan las patadas sin pelota así como el corte coninfracción por sistema.Y tal parece que nueveaños después de poco ha servido la actitud servil de los directivosy jugadores mexicanos cada vez que cruzan el canal de Panamá. Si bienes un simple partido de futbol, bajo ningún concepto la abrupta interrupcióndel Himno Nacional debe pasar desapercibida, pero, amigo mío, se loaseguro, pasará.Los desaires, humillaciones,malos tratos y canalladas hacia los representativos del futbol mexicanoson constantes. Al día de hoy no ha pasado algo. Valdría la pena preguntarse:¿por qué uruguayos, argentinos y brasileños no son sujetos de esasprácticas? Y más aún valdría la pena recordarlo cada vez que, pequeñocomo es el mundo del futbol, alguno de esos coloridos y cascabelerospersonajes osen buscar fortuna en México.Tristemente, ocurre locontrario. Nuestro país es el refugio por excelencia para algunos vividores,amañados y carroñeros individuos que encontraron en el futbol cómodasubsistencia.Tercero. La ausenciade amor propio por parte de algunos futbolistas incapaces de poner ese"extra" --algunos otros le llaman huevos---. Espeluznante la maneraen la que se pasman. Tal vez ahora quede claro porqué Magallón difícilmentepondrá un pie fuera del país para jugar profesionalmente al futbol.Algunos exquisitos (sinafán de ofender pero no creo perdiesen siquiera una final de matatena)ven con malos ojos el hecho de buscar camorra al final del partido.¿Y qué esperaban?, ¡si perdieron!, ¿a quién le divierte perder?De alguna forma necesitan sacar tanto coraje y frustración. Tal vezel problema esté en la arraigada cultura del "a la otra sale".Por lo menos un trío de valientes no tuvieron ese pensamiento.Es futbol, una competenciaen donde los participantes tienen como único objetivo ganar. La aficióny el "espectáculo" de poco importan si pierdes. Insisto, no estámal terminar a las trompadas. Aunque comprendo y respeto profundamentea aquellos que no lo entienden.En la cancha y los partidoses inevitable atravesar por situaciones como las vividas en el Beira-Riopor el "rebaño sagrado". ¿Desconocidas para millones? Sí, ¿condenables?No. Ante la ignorancia, por favor, tolerancia y respeto.Dicen, el futbol mexicanoha crecido mucho desde que tiene el "honor" de participar en lostorneos organizados por la Conmebol, esa idea, creencia o realidad estejueves permitió la ofensa a uno de nuestros símbolos patrios ¿preciojusto?, ¿servilismo?, ¿negocio?, ¿promoción?, póngale nombre.Además de lo anteriormenteescrito, sigo pensando que Hugo Sánchez es un tribunero, el "Pikolín"Palacios es la máxima desgracia del futbol mundial, Brasil juega condoce, Pelé es un farsante, Maradona D10S, y Ricardo La Volpe un tipopoco entendido por su tiempo, desgraciadamente.Felices días para todos.