En el cartón de Hernández, publicado este martes en La

Jornada, se ve a un cachetón Germán Martínez decir que no fue el voto nulo el

culpable de la derrota del PAN. El voto nulo no, pero sí el vato nulo. Esto

último lo dice Germán señalando hacia donde se encuentra un empequeñecido

Felipe Calderón.

Como el vato nulo del PAN no puede renunciar sin provocar

inestabilidad en el sistema político mexicano, el que tuvo que irse fue su

empleado Martínez. Y se fue inmediatamente

después de la derrota panista, en el que acaso ha sido el único gesto de

dignidad que don Germán ha exhibido en su vida.

Ahora el que debe marcharse es el vato nulo de la izquierda,

don Jesús Ortega. Le sobró apoyo y dinero de los medios, de los empresarios,

del PRI, del PAN y del gobierno federal, y no pudo lograr que su partido, el

PRD, alcanzara una votación medianamente decorosa.

De hecho, sin los candidatos leales al movimiento de Andrés

Manuel López Obrador -al que Ortega ha combatido en los últimos tres años-, el

resultado electoral del PRD habría sido bastante peor.

Lo único sensato que Chucho puede hacer, es renunciar. Si no

lo hace, las bases perredistas tendrán que echarlo. Porque Jesús Ortega simple

y sencillamente no sirve para nada. Como no sirven, tampoco, sus acólitos

Carlos Navarrete, Guadalupe Acosta Naranjo, Graco Ramírez, Jesús Zambrano y

Ruth Zavaleta. Que se vayan todos, por incompetentes.

Si el PRD quiere tener un buen futuro, tendrá que ser

dirigido por gente del movimiento de AMLO, quien, por lo demás, podrá caminar exitosamente

hacia la elección presidencial de 2012 con o sin el Partido de la Revolución

Democrática. No solo porque cuenta con el apoyo de dos institutos políticos que

conservaron sus registros, el PT y Convergencia, sino por la amplitud y la

profundidad de la red de ciudadanos que ha construido en todo el país.

Si el PRD quiere sumarse a lo que viene para la izquierda

mexicana, tendrá que despedir a Ortega, no hay duda.

Ahora bien, ¿qué es lo que viene para la izquierda?

Organizarse, simplemente organizarse. Crear una estructura electoral realmente

eficaz que impida, en 2012, otro fraude electoral.

Se puede vencer al fortalecido PRI en las próximas

elecciones presidenciales, pero eso solo se va a lograr con organización. Algo

que, tal como lo ha probado López Obrador, no pasa necesariamente por las burocracias

de los partidos políticos.

Hay varios datos para el optimismo: más allá de

lo que digan los publirrelacionistas de Enrique Peña Nieto, AMLO sigue siendo

el político más popular de México; en el PRI, por fortuna, se van a destruir

buscando la candidatura presidencial el propio Peña Nieto, Beatriz Paredes y

Manlio Fabio Beltrones; el desempleo va a seguir aumentando, algo que no va a

poder impedir el nuevo cogobierno PAN-PRI, dos partidos que tendrán que pagar

un elevado costo por ello, y finalmente en tres años los medios alternativos

que se expresan por internet llegarán a tanta gente como los medios

tradicionales que cada día son más irrelevantes.