Recientemente algunas declaraciones de Felipe Calderón
"abrieron" la puerta para un debate en torno a la legalización de las drogas.
Otro tema es el debate, no detonado pero sí
reforzado por la situación de cientos de mujeres en Guanajuato, es el
relacionado con el aborto. Las siguientes líneas, asumidas estratégicamente
desde una perspectiva liberal radical, intentan 1) ver los temas en su naturaleza
ética más allá de cuestiones de política institucional y 2) desde una postura
radical que no acepta blancos ni negros en relación con lo que es público y
privado. Mi idea es, en relación con esto último, que el tema "drogas" y
"aborto" es relativo a lo personal y lo privado, y que lo público debería
funcionar para salvaguardar el derecho de lo privado, es decir: el derecho a
que las personas hagan de su vida y de su cuerpo lo que quieran, despojando al
Estado y a la sociedad de la absurda carga de ser censor moral.
En cuanto al primero punto, comenzando por el tema "drogas",
me parece equivocada la perspectiva que asume estratégicamente la posibilidad
de su legalización pensando que así se podrá resolver el problema de la
violencia y la corrupción engendradas por el tráfico de drogas. Hay una
reducción economicista, reducción equivocada en cuanto que si el problema de la
violencia y la corrupción es producto del tráfico, la legalización no pone
punto final al fenómeno. Vamos: si el problema es el tráfico de drogas,
básicamente a los EU, entonces el problema del tráfico sólo se resolverá con
una regulación en ese mismo país. De no ser así, aunque en México se regulen
las drogas (que de hecho ya lo están en el caso de muchas), la violencia y la
corrupción persistirán.
Yo propongo un giro en la visión. Dar un giro a la reducción
economicista y dar base ética a la discusión pública y a la acción política
progresista (en sentido amplio). Pienso que el mejor argumento (claro: en un
plano político ideal) es ver el tema "drogas" como parte del derecho
fundamental de las personas a hacer lo que quieran con su cuerpo. Mi idea sería
que el marco institucional y legal, como espacio tendiente a garantizar los
derechos de las personas (derechos sociales y civiles), debería establecer una
clara distinción entre lo público y lo privado. ¿La drogadicción es un tema
público o privado? Es público en cuanto a su discusión, pero es privado en
cuanto que ni el Estado, ni las instituciones ni la sociedad pueden legislar
sobre el arbitrio de las personas, sobre lo que las personas piensan, sienten, deciden,
dicen y hacen, siempre y cuando no afecten de forma determinante lo público.
El hecho es que la gente, si así lo desea, tiene derecho a
drogarse. Al final, drogarse no daña sino a la integridad individual. Estoy
consciente del hecho de que lastima su entorno, pero no lo hace de forma más
grave que un adicto al alcohol y otro tipo de enfermedades. El hecho es que si
aceptamos el uso de bebidas alcohólicas para nuestro esparcimiento y no el de
las drogas, es más bien por una serie de convenciones. No es porque hagan daño
(de ser así habría millones de cosas más prohibidas), sino porque una sociedad,
en un tiempo determinado, conviene sobre la necesidad de restringir ciertas
cosas o reconsiderar dichas restricciones, según lo que piensan es dañino o no.
¿Puede la sociedad hacer eso? De hecho lo hace. Pero la pregunta es: ¿debería
hacerlo? La misma sociedad responde. Ejemplo:
Hace muchos años, en EU, las bebidas alcohólicas estaban
prohibidas. Dicha prohibición, sin embargo, no sólo no resolvió el problema,
sino que generó otros. Pero, ¿es la consideración de que la prohibición no sólo
no resolvía problemas y generaba otro lo que hizo a una sociedad
reconsiderarla? Es posible, pero había otra base: el hecho de que beber
alcohol, nocivo o no, es algo relativo a que la gente puede hacer de su vida un
papalote. Y hoy, no sólo en EU, sino en buena parte del mundo, aceptamos las
bebidas alcohólicas como un hecho cotidiano, a pesar de las miles de muertes
que si adicción genera.
¿No deberíamos tener la misma consideración con las drogas?
O en su caso, ¿no deberíamos seguir la misma consideración que tenemos con las
drogas en relación con el alcohol? Justo a eso es lo que me refería con que en
relación con estos temas no hay grises; sólo blancos y negros. Éticamente es un
imperativo reconsiderar la prohibición de las drogas en función de su
legalización, o reconsiderar la legalización del alcohol en función de su
prohibición.
¿Cuál es mi idea entonces? Se podrá ver claramente que mi
propósito es plantear la necesidad de legalizar las drogas. ¿Bajo qué
principio? Que el uso de las drogas y de sus riesgo es algo que compete a la
libertad del individuo que, informado (lo que se debería de hacer es informar),
asume el riesgo. ¿Por qué? Porque además no afecta de forma determinante lo
público, por lo menos no más que otras cosas, que es el caso de las bebidas
alcohólicas (que con la lógica aplicada a las drogas también deberían de ser
prohibidas). No hay de otra: el uso de drogas debe legalizarse. ¿Y qué tipo de
drogas? Todas. Lo demás no es sino hipocresía moralina que intente superponer
sus creencias a la creencia de los individuos.
Ahora, ¿qué decir en relación con el aborto? Exactamente lo
mismo. Aquí me gustaría refutar la posición estratégica, políticamente correcta,
que plantea la despenalización/legalización del aborto desde el hecho fáctico,
es decir: como las mujeres abortan, es mejor que lo hagan en un lugar seguro a
que se vayan a morir a cualquier lugar. Tiene su lógica. Pero en una sociedad
que tiende a la idea de garantizar el derecho a lo privado, debe garantizar el
derecho al aborto no desde el hecho fáctico, sino desde el derecho de la mujer
de hacer de su vida y de su cuerpo lo que quiera. En la medida en que vivimos
bajo marcos institucionales y legales seculares, no se puede sino admitir que
en tanto el aborto (dentro de un tiempo establecido por médicos y científicos)
no es un homicidio, la mujer tiene derecho a abortar si así lo decide, siempre
y cuando lo haga consciente y con información en la mano.
Y bien, ¿bajo qué atenuantes y bajo qué condiciones? Bajo la
condición y atenuante que sea (siempre y cuando se dé en el tiempo que
establecen médicos y científicos): por salud, por violación, por riesgo de la
madre y, por supuesto, porque la mujer siente que el embarazo afecta
substancialmente su proyecto de vida. No hay de otra: o se acepta o no (en
términos éticos), porque lo otro, la aceptación intermedia, sólo indica la
dimensión moralina o doble-moralista de quienes van caminando por el gris. Me
explico, pero para ello tengo que dar un rodeo.
¿Cuál es el argumento anti-aborto? Éste es que el cigoto ya
es vida humana y que en tanto tal el aborto es homicidio (ese es la línea que
se sigue en Guanajuato). No hay más. Bajo este principio, cualquiera que diga
que el cigoto ya constituye vida humana, no puede aceptar el aborto en ningún
caso, porque asume que el valor fundamental es la vida humana. Si se asume que
la vida humana es valiosa y que por tanto el cigoto ya debe ser considerado
vivo en términos humanos, entonces todo cigoto ya es intrínsecamente valioso,
no importando si es producto de una violación o trae un problema congénito.
Decir desde esta perspectiva que es posible abortar algunas veces (violación o
problema congénito), equivale a decir que la vida humana es valiosa unas veces
y otras no. Quien piense que el cigoto ya constituye vida humana, no puede sino
decir que el aborto es inaceptable en todos los términos.
La anterior me parece una posición inaceptable. Pero
reconociendo esto, no puedo sino irme al radical contrario, hacia una
perspectiva, digamos liberal, que asume que la vida humana es valiosa (aunque
reconociendo que debemos establecer criterios para decir qué es la vida humana
para no caer en el ultraliberalismo que dice que es posible abortar siempre que
se pueda y se quiera antes del parto) y que también asume la libertad del
individuo, en este caso la mujer, de hacer de su vida y su cuerpo lo que quiera.
¿Qué criterios son los que nos permiten decir que algo ya es
vida humana? Pues los de la ciencia y la medicina. ¿Y qué establece la ciencia
y la medicina? Que el cigoto no es vida humana. ¿Cuándo o en qué momento el
producto deja de serlo y pasa a ser vida humana?: cuando hay corteza cerebral
(y no vayan a salir con los ejemplos típicos del comatoso o del senil
[lzheime]; ahí hay singularidades que tiene que discernirse, lo que yo no hago
porque no quiero extenderme). No voy a extenderme en las razones. Lo que quiero
decir es que bajo este criterio, decir que sólo se puede abortar por violación,
por problemas congénitos y por riesgo de la madre, no entraña sino una posición
moralina en tanto restringe el hecho de que sea posible abortar porque la mujer
lo decida en función de su proyecto de vida. ¿Por qué moralina? Porque parte
del principio de que al poderse imputar el embarazo a un acto de
irresponsabilidad y al no haber un problema de salud o de violación, entonces
esa mujer no debería abortar (la maternidad es el castigo por "abrir las
piernas" o por "no tener cuidado, dicen algunos de mis alumnos). Si el criterio
es científico y médico, no puede ser repentinamente mora. En la perspectiva
pseudoliberal subyace en el fondo subyace una cierta culpa porque se piensa, de
cierto modo, que el cigoto ya es vida humana. De lo contrario, ¿por qué no
podría abortar una mujer en función de su proyecto de vida si no hay razón
médica y científica que lo determine lo contrario? De nuevo, no se puede decir
que el cigoto es vida humana a veces y que en otras no. O lo es o no lo es.
Entonces, ¿cuál es mi idea? Que la mujer no puede ser
castigada legalmente por abortar (desde la posición proabortista que asumo)
porque al no ser cigoto una vida humana, es parte del cuerpo de la mujer.
Siendo así, puede abortar cuando quiera (en los tiempos médica y
científicamente establecidos) no importando la razón. Estaría de más
preguntarse si afecta lo público de forma determinante. Puede herir la
sensibilidad moral y religiosa de muchos, pero dicha sensibilidad no puede
estar encima del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.
Ahora, legalización de drogas y legalización/despenalización
del aborto, aunque no lo crean, van de la mano. En ambos casos, se trata de
defender los derechos del individuo a decir sobre su vida y su cuerpo. En ambos
casos hay que secularizar la discusión pública y la acción política, porque
ello permite una verdadera deliberación más allá de lo moral. La discusión
pública y la acción política no pueden lanzarse desde una perspectiva moral,
porque esa perspectiva, al ser ya hegemónica, al estar ya impuesta, evita la
verdadera deliberación. ¿Por qué y para qué? Porque en ambos casos (drogas y
aborto) se trata de una lucha por la extensión y no reducción de los derechos
sociales, civiles e individuales. Se trata de convencer a las "buenas
conciencias" de que vivan y dejen vivir y morir, porque ello, en tanto cosas
relacionadas con lo privado, no daña en realidad público.
p.d. Un criterio similar podríamos aplicar para la pena de
muerte y la eutanasia. Pienso que la pena de muerte es inaceptable y no
equivale al aborto, porque al que se mata es persona y tiene dignidad (no así
el cigoto). Ahora, si se piensa que un crimen atroz debe ser castigado atrozmente,
sigue siendo éticamente inaceptable (recuerdo, como en otros artículos, que
ética y moral son dos cosas diferentes, que no son lo mismo, aunque su
etimología diga lo contrario y aunque lo usemos como sinónimos), porque ello
involucraría romper los principios que queremos proteger. En relación con la
eutanasia, aceptable siempre, se aplicaría el mismo criterio de la persona que
libre y conscientemente decide morir.
(El autor es filósofo y latinoamericanista)