Para hacer “cosplay” o disfrazarse de personajes de forma lamentable, como una botarga de dinosaurio, un oso panda, o más recientemente, el “Terminator”, un personaje tan carente de sustancia como la falsa indígena Xóchitl Gálvez es perfecta.

A sus 60 años de edad, Gálvez carece de la madurez suficiente y de la falta de angustia por hacer el ridículo que muchos adquirimos con la experiencia. Para ella, aspirar a la presidencia de México es un reality show al estilo “La Casa de los Famosos”. Ella no aspira a ser servidora pública, aspira a que los bienes públicos le sirvan a ella y a su familia, con jugosos contratos de adjudicación directa cómo aquellos con los que sus empresas familiares se han visto beneficiadas durante la última década.

Es por eso que Xóchitl se niega a debatir con Marcelo Ebrard. El ex canciller no levanta, aparentemente, en las encuestas y necesita dar un golpe publicitario, por lo cual la retó a debatir sobre temas de interés nacional.

Por supuesto, una mujer de ocurrencias baratas y carente de ideas como Xóchitl no le podría seguir el paso a un viejo lobo de mar como el ex canciller. Es por eso que la senadora -sigue negándose a dejar el cargo, de una manera poco ética- dijo cualquier cosa y ya está. Se niega a debatir y a mostrar sus carencias.

Que un personaje tan vacío como Gálvez Ruiz levante pasiones entre la derecha habla más de ellos que de doña Bertha. En mi tierra, a personajes cómo Gálvez les llaman “apantallapendejos”. Que se ponga el saco quién se sienta aludido.