En julio de 2006 nació una de las reformas financieras más importantes de las últimas décadas.
La creación de las Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (SOFOMES) buscaba democratizar el crédito, aumentar la competencia y llevar financiamiento a sectores donde la banca tradicional simplemente no llegaba.
La idea era correcta.
- Menos barreras de entrada.
- Mayor flexibilidad.
- Competencia.
- Especialización regional.
- Innovación financiera.
Veinte años después, la pregunta obligada es: ¿cumplimos ese objetivo? La respuesta es, parcialmente.
Las SOFOMES transformaron el mercado financiero mexicano.
Miles de empresas, transportistas, comerciantes, profesionistas, agricultores y pequeñas industrias obtuvieron financiamiento donde antes solamente existía la negativa bancaria. Sin embargo, el modelo comenzó a desviarse de su propósito original.
De la flexibilidad a la sobrerregulación
Las SOFOMES nacieron bajo un esquema de regulación ligera.
Era lógico.
No captaban recursos del público. Su riesgo sistémico era muy diferente al de un banco. Con el paso de los años ocurrió exactamente lo contrario.
Hoy el sector enfrenta una creciente carga regulatoria.
- Reportes a CONDUSEF.
- Obligaciones ante la CNBV.
- SIPRES.
- SITI.
- PLD.
- Nuevas plataformas.
- Nuevos formatos.
- Nuevas guías.
- Nuevos criterios.
- Nuevas obligaciones administrativas.
La regulación dejó de concentrarse únicamente en proteger al usuario y prevenir operaciones ilícitas.
En muchos casos comenzó a privilegiar el cumplimiento documental.
Un dato preocupante
Durante aproximadamente una década, los exámenes de certificación en materia de Prevención de Lavado de Dinero mantienen porcentajes de reprobación cercanos al 80 por ciento.
Ese dato merece una reflexión.
Si después de diez años ocho de cada diez aspirantes continúan reprobando, el problema difícilmente puede atribuirse únicamente a la capacidad de los participantes.
También obliga a revisar:
- ¿Los contenidos responden a la realidad operativa?
- ¿Los criterios de evaluación son razonables?
- ¿El sistema realmente forma mejores oficiales de cumplimiento?
- ¿O simplemente genera un filtro administrativo?
La prevención de lavado debe fortalecer al sistema financiero. No convertirse en un ejercicio donde aprobar parezca excepcional.
Más obligaciones en una economía que no crece
Aquí aparece otra contradicción.
México registra un crecimiento económico cercano al 1 por ciento.
El empleo formal pierde dinamismo. La inversión privada permanece cautelosa. El crédito empresarial enfrenta un entorno complejo.
Sin embargo, las autoridades continúan aumentando obligaciones regulatorias mientras esperan que las SOFOMES coloquen más crédito.
La pregunta es evidente: ¿cómo prestar más cuando el riesgo aumenta?
El crédito no depende solamente del apetito
Existe una percepción equivocada.
Se piensa que las SOFOMES no financian porque no quieren asumir riesgos.
La realidad es distinta.
Toda institución financiera presta sobre tres pilares (la santísima trinidad del crédito):
- Capacidad de pago.
- Garantías.
- Recuperación.
Hoy recuperar judicialmente un crédito empresarial continúa siendo lento, costoso e incierto.
Ese riesgo termina incorporándose al precio del dinero.
Por ello, muchas SOFOMES terminan concentrándose en consumo.
No porque sea el modelo ideal. Sino porque resulta más administrable.
Mientras el fondeo puede costar alrededor del 20% anual, muchas operaciones de consumo superan tasas del 100% anual para compensar riesgo, costos operativos, cartera vencida y ausencia de captación directa del público, una facultad reservada a la banca.
En cambio, el crédito empresarial exige análisis mucho más profundos.
- Garantías reales.
- Seguimiento permanente.
- Conocimiento del negocio.
- Y capacidad jurídica para recuperar activos.
La gran ausente: la banca de desarrollo
Durante dos décadas se ha hablado de fortalecer a las PyMES.
Pero el respaldo efectivo al sector SOFOM por parte de la banca de desarrollo sigue siendo limitado.
Los discursos abundan.
Los programas piloto también.
Lo que continúa faltando es una estrategia nacional de fondeo estable, garantías compartidas y esquemas de riesgo diferenciados.
Si las SOFOMES son el puente entre el ahorro y miles de pequeñas empresas, resulta difícil entender por qué siguen siendo tratadas como un actor secundario dentro de la política financiera nacional.
El problema no es crecer
También el propio sector debe hacer autocrítica.
Muchas SOFOMES que intentaron crecer y convertirse rápidamente en jugadores nacionales perdieron precisamente aquello que constituía su mayor fortaleza.
- El conocimiento del cliente.
- La cercanía regional.
- La evaluación personal.
Cuando una financiera conoce verdaderamente su mercado local identifica con mayor facilidad al empresario serio y también al “lobo vestido de oveja”.
Ese conocimiento difícilmente puede sustituirse únicamente mediante modelos estadísticos.
Varias instituciones que crecieron aceleradamente terminaron enfrentando quebrantos importantes por perder esa sensibilidad regional.
Un sector fragmentado
Otro desafío es la falta de representación.
Existen diversas asociaciones del sector.
Sin embargo, una gran mayoría de las SOFOMES no pertenece a ninguna.
Eso debilita la interlocución frente a la Secretaría de Hacienda, la CNBV, la CONDUSEF y otras autoridades.
Un sector disperso negocia peor.
Propone menos. Influye menos. Y termina recibiendo regulación sin participar suficientemente en su diseño.
Los próximos veinte años
México necesita decidir qué quiere hacer con las SOFOMES.
Si únicamente serán entidades sujetas a crecientes obligaciones administrativas.
O si realmente serán un instrumento para financiar el desarrollo regional.
La discusión ya no debería centrarse únicamente en exigir más reportes.
Debe orientarse hacia preguntas más relevantes.
- ¿Cómo aumentar el crédito productivo?
- ¿Cómo mejorar el fondeo?
- ¿Cómo compartir riesgos?
- ¿Cómo fortalecer la recuperación judicial?
- ¿Cómo impulsar especialización regional?
- ¿Cómo aprovechar la inteligencia artificial para mejorar análisis de crédito, cumplimiento y prevención de fraude?
Una propuesta
México debería construir una Política Nacional de Financiamiento Productivo Regional, donde las SOFOMES sean protagonistas.
No todas deben hacer lo mismo.
Las especializadas en agroindustria no enfrentan el mismo riesgo que las enfocadas en transporte, manufactura o tecnología.
Las tasas, los plazos, las garantías y los incentivos deben responder a la realidad económica de cada región y de cada sector.
Al mismo tiempo, la autoridad reguladora debe migrar de un modelo basado principalmente en la acumulación de reportes hacia uno sustentado en gestión de riesgos, supervisión inteligente y resultados.
Regular mejor no significa necesariamente regular más.
Las SOFOMES nacieron hace veinte años para ampliar el acceso al crédito y acercar el financiamiento a quienes históricamente habían quedado fuera del sistema bancario.
Ese objetivo sigue siendo vigente.
Pero difícilmente podrá alcanzarse con una economía que crece poco, una banca de desarrollo con alcance limitado, un Poder Judicial cuya eficiencia continúa siendo cuestionada para recuperar garantías y un marco regulatorio que con frecuencia privilegia el cumplimiento formal sobre el desarrollo del sector.
México necesita menos burocracia financiera y más intermediación productiva.
Porque una SOFOM bien administrada no solo presta dinero.
- Conoce su región.
- Acompaña a sus clientes.
- Asume riesgos que otros no toman.
- Y puede convertirse en el motor financiero que permita a miles de pequeñas y medianas empresas crecer, invertir y generar empleo formal.
Veinte años después, el reto ya no es demostrar que las SOFOMES pueden existir. El verdadero desafío es decidir si queremos que simplemente sobrevivan... o que vuelvan a ser un instrumento estratégico para el desarrollo económico de México.
Mario Sandoval. CEO FISAN SOFOM ENR. Banquero y abogado especializado en recuperación de activos financieros, con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.



