El editorial de La Jornada de este lunes 23 de febrero de 2026 lanza una advertencia que no puede ser ignorada: en lo que respecta a los “multiplicadores de la zozobra”, es imperativo que comprendan que sus acciones no vulneran a un gobierno o a un partido, sino a la viabilidad misma de la nación.
Tienen razón los editores del principal diario de izquierda mexicano.
Tras el operativo de alto impacto en el que fue abatido Nemesio, el Mencho, Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, México se encuentra en un punto de inflexión que exige seriedad y responsabilidad. Es el momento de demandar compromiso con la patria a ciertos personajes de las redes sociales, adictos al sensacionalismo; a los medios que, en la búsqueda del rating, en no pocas ocasiones han sacrificado el rigor periodístico; y a la comentocracia que confunde el análisis con el amarillismo más ramplón.
Pero, sobre todo, el llamado de La Jornada es para aquellos actores políticos que, en un cálculo mezquino y miserable, pretenden utilizar este suceso —la caída de uno de los criminales más buscados del mundo— como un ariete para golpear al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La sociedad mexicana debe cerrar filas contra quienes pretenden lucrar con el miedo colectivo. Es la hora de la unidad en torno a la presidenta de México. Esta mujer —ama de casa, madre, abuela y comandanta de las fuerzas armadas— ha demostrado el temple y el valor político que otros no tuvieron para ejecutar una estrategia que, a diferencia de los intentos fallidos de administraciones pasadas, logró desarticular el mando de la organización criminal más violenta de nuestra historia reciente.
En coyunturas de seguridad nacional, la palabra es un poder que puede usarse para bien o para mal. Indebidamente empleada, la palabra genera caos. Quienes hoy actúan como cajas de resonancia del terror —difundiendo videos sin verificar, inflando la cantidad de bloqueos o promoviendo rumores de ingobernabilidad— no están debilitando a una administración que detestan: están atacando a todo México.
Nada, absolutamente nada, justifica la siembra de pánico. La crítica al ejercicio del poder es legítima y necesaria en toda democracia; pero la desinformación y la exageración morbosa son perversiones políticas absolutamente inaceptables.
La normalidad y la vida pública deberán pronto restablecerse en las regiones afectadas por la reacción del CJNG. El ejército mexicano y las autoridades civiles, federales y locales, han probado su capacidad operativa para restaurar el orden; hay que admitirlo sin complejos políticos o ideológicos. Estemos seguros de que sabrán imponer un orden duradero.
A la ciudadanía le corresponde mantener la serenidad. Es la hora de confiar en que existe un mando firme, honesto y capaz al frente del Estado.
La unidad no es rendición electoral ni traición a las ideas de cada quien: ahora mismo es responsabilidad histórica. Frente al crimen organizado, dividirnos por oportunismo político o pasiones ideológicas sería un error histórico de costos incalculables. Al miedo solo lo vencerá la cohesión nacional, en este periodo en torno a la presidenta de México.



