El pasado domingo se realizaron diversos eventos a nivel nacional, todo esto alineado a la figura de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con motivo del aniversario de su victoria electoral, y con esto marca un punto de inflexión definitivo en la postura de México ante la geopolítica global, ya que su mensaje no fue solo una celebración partidista; fue un manifiesto de soberanía nacional que fija una postura contundente frente a los tradicionales centros de poder occidental.
Al subrayar que México es un país coordinado pero jamás subordinado, Sheinbaum puso un freno explícito a las intenciones de injerencia extranjera. La advertencia fue directa y bilateral. Por un lado, hacia Estados Unidos, cuyo histórico intervencionismo y recientes presiones políticas chocan de frente con la agenda del humanismo mexicano y por el otro, hacia España, recordando que las relaciones del siglo XXI deben basarse en el respeto mutuo absoluto y la igualdad, dejando atrás cualquier eco de soberbia colonialista. México no acepta ni aceptará ser el patio trasero ni el protectorado de nadie. Esto lo retomo en respuesta a las declaraciones de la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo, sobre la vida política y la soberanía de México, que no son un ejercicio de crítica diplomática, son más bien el síntoma de una patología ideológica persistente: el complejo del conquistador frustrado. Hablemos claro: la época del intervencionismo y la conquista ya pasó. Aquellos tiempos en los que dictaban el destino de las tierras mexicanas quedaron sepultados bajo los cimientos de nuestra independencia y la madurez de nuestras instituciones.
Ahora bien, regresando al discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo más audaz del pronunciamiento radica en la mirada hacia el futuro global: la necesidad de consolidar un mundo multipolar donde México participe con mayor preponderancia y que no será algo que se logre rápido, ya que estos cambios requieren proyectos a largo plazo. En este nuevo tablero internacional, podemos tener el ejemplo de China, quien demostró que el nacionalismo económico, la soberanía sobre los sectores estratégicos y la priorización del bienestar interno son herramientas eficaces para erradicar la pobreza y resistir los embates de las potencias occidentales y que esto les llevo casi 30 años de trabajo interno, cambios en políticas púbicas y la predominancia de un proyecto político orientado a una permanencia que no dependencia de cambios sexenales, sino a una visión partidista a largo plazo.
Tomar como referencia las políticas soberanistas que permitieron el ascenso de China no implica calcar un modelo ajeno, sino aprender la lección histórica: la verdadera independencia energética, tecnológica, económica y la autosuficiencia son los únicos escudos reales contra el neocolonialismo. El mensaje de la presidenta Sheinbaum es claro: en un mundo que cambia de eje, México se declara listo para diversificar sus alianzas, proteger sus recursos y defender su dignidad con orgullo y firmeza pragmática.
