Tratándose de un tema tan importante, desde luego, se nota que hubo intensas pláticas para alcanzar acuerdos sobre el proyecto de reforma electoral. Por el tamaño del rubro y por la infinidad de elementos inherentes a un contenido, se nota que no se alcanzó el consenso que quisieran en Palacio Nacional, sobre todo el equipo especial que fue designado para operar y tejer acuerdos. Si pudiéramos enumerar algunas desventajas de cómo llega en la antesala de su aprobación en comisiones, donde no tendrá problema, podríamos decir que lo tradicional cambia por completo, tomando en cuenta que todos, sin excepción alguna, tendrán que salir a territorio. Es, de alguna forma, un aspecto sumamente democrático; sin embargo, sería una losa muy pesada para los partidos de la oposición que disputarían el voto proporcional a lo largo y ancho del territorio. Eso, a diferencia del ejercicio, es que todos tendrán que buscar el voto de la gente. En teoría, de hecho, eso suena como un proceso democrático; empero, en lo político será una cuestión de remar a contracorriente, máxime aquellas expresiones que no tienen tanto el poder de convocatoria como Morena.
La postura que adopta Morena, desde esa perspectiva, es inmejorable para meter el mayor número de posiciones al legislativo federal. Esa situación, de hecho, es donde chocará más el debate en el momento que llegue la discusión del rubro en el pleno. Al salir los diez puntos que enumeró la presidenta, en efecto, ya se comenzaron a dar las primeras declaraciones. Tal y como intuimos, la oposición no acompañará el asunto en ninguna de las cámaras. De igual forma, algunos personajes de los partidos aliados han hecho algunas afirmaciones y, en el corazón de ese fundamento, han adelantado que su voto será en contra. Siendo así, veo complicado que la reforma se apruebe a menos que existan algunas modificaciones, sobre todo en la representación proporcional.
No será fácil encontrar una salida a menos de que la flexibilidad reine de parte de Morena. Es verdad, son contenidos que podemos aludir como democráticos a sabiendas de que será la gente quien elija. Eso, hasta cierto punto, puede ser una situación de inequidad para las minorías. Es obvio que todos meterán diputados en esa lista que se integrará, pero será en menor proporción, considerando los alcances y la magnitud de cada fuerza política que integra el sistema de partidos. Para algunos, entonces, resultará un reto titánico más allá de que exista financiamiento, eso sí, más reducido para operar campañas. La pregunta obligada es: ¿hasta dónde están dispuestos a apoyar el asunto? Si representara al contrapeso, diría rápidamente que dependerá mucho del trato que se ofrezca y de la garantía de seguir dándole voz a los grupos que no piensan igual. De ese modo, son muchas las cuestiones que tendrán que cuadrar para que todos jueguen un papel sustancial.
Muchos dirán que se trata de romper con el pasado. Es cierto, las reformas estructurales han marcado un hecho sin precedentes en la vida pública de México; sin embargo, el proyecto electoral, en especial, lo veo un tanto inviable en lo que respecta a los puestos de elección popular. Siento que no está equilibrada la balanza más allá de que la población vaya a decidir. De entrada, las contrapartes llegarán con el enorme peso de obtener el mejor porcentaje para ver si se alcanza, en esa ponderación, un escaño que puede garantizar una decisión más para cada uno de los partidos. Es, repito, cuestión de marcas lo que cada uno de los bandos marcará un presente y futuro.
En concreto, diría que este tema se polariza más que la reforma al poder judicial. Aquí, desde luego, está en juego no solo la voz de las minorías, sino la propia supervivencia, que es tan importante en esa participación democrática; eso sí, siempre y cuando cumpla con la normatividad interna del árbitro electoral. He ahí la diferencia. A pesar de ello, queda claro; noto a la presidenta tranquila. Ella misma, desde la mañanera, ha dicho en otras palabras que ha cumplido con los compromisos que elaboró en tiempos de campaña. Con la mayor evidencia de eso, ella misma, que hace alusión a que la pelota está en otra cancha, se queda con la certeza de que cumplió sin someter a los partidos ni mucho menos supeditar una alianza. Esa sociedad, de hecho, está más fuerte que nunca en la coalición Seguimos Haciendo Historia.
