“¿Dónde puede estar el amor que un día se llevó la mar?”

Canción de Rafael Pérez Botija, interpretada por José José

Pido una disculpa de antemano por utilizar una palabra altisonante en el texto.

Sucedió en India, en el primer aniversario luctuoso de un hombre muy importante allá, costumbre que adoptaron del judaísmo. Su viuda quiso decir unas palabras a su hijo, a sus 4 hijas, a su nuera y sus yernos, y a sus 20 nietos, ya que en la India no se acostumbran los divorcios, las parejas se toleran toda la vida, y les dijo:

“Todos ustedes lo saben, y en toda India también, que su padre fue un hombre muy bueno, mis padres no estaban muy de acuerdo en que yo me casara con él ya que no era de la alta sociedad económica, vendía seguros, pero su personalidad única los convenció.

“Les voy a contar un secreto que me guardé estos 45 años: La noche de bodas con su padre, que fue la primera vez que dormimos juntos (ya que de novios siempre nos respetamos) en el hotel que tenía de vista el Taj Mahal. A la una de la mañana me despertó un ruido estruendoso que en toda mi vida no había escuchado. De momento pensé que podía ser un misil enviado por Pakistán, pero me di cuenta que fue un pedo de su padre... Pude, después de un rato, volverme a dormir, pero otro pedo me volvió a despertar antes del alba. Estaba convencida de decirle a su padre que tenía que cambiar sus hábitos alimenticios o hacer algo para evitar tener esos episodios digestivos, pero al abrir los ojos lo vi tarareando una canción de amor y acercándome una charola con pan tostado, mermelada y una taza con té inglés. Lo primero que hizo fue sonreír con esa mueca que me enamoró durante todos los días que estuvimos juntos, y no me atreví a decirle nada.

“Le cambié su dieta, no cocinaba ni habas, ni garbanzos ni frijoles, y aún así todas las noches sin falta se echaba tres a cuatro pedos, algunos de ellos hasta hacían que la sábana se elevara en tiempos de calor. Le conseguí unos dátiles que solo se dan en Irak, que en alguna ocasión quisieron sembrar en Israel pero ahí no germinaron, y tampoco le hicieron efecto, así que me resigné y todas las noches que dormí con su padre tuve que escuchar sus pedos.

“Y ahora, después de un año de no tenerlo a mi lado, me atrevo a asegurarles que hoy daría todo lo que me queda de vida por escuchar un solo pedo más de su padre”.