“Las costumbres se hacen leyes”.
Proverbio universal
Recuerdo muy bien cuando, tendiendo 15 años de edad, presencié un partido clásico en el entonces Estadio Azteca, entre el América y las Chivas. Nos invitó un tío paterno a cinco sobrinos, incluyéndome. Y como ha sido costumbre nacional, recibimos en más de dos ocasiones un baño de un líquido pegajoso en nuestra cabellera y espalda por parte de los aficionados del equipo contrario al nuestro. Recuerdo que en esa época, por influencia del cantante Luis Miguel, los jóvenes nos dejábamos el cabello largo.
Simplemente, sin indagar mucho sobre lo ocurrido, llegué a mi casa y me aseé el cabello y me cambié la playera. No existían redes sociales, pero la emoción de haber asistido a un partido de futbol clásico nada me la borró, hasta el día de hoy.
No puedo ser crítico de la crítica social, y lo ocurrido con un aficionado de Ecuador al recibir una cerveza, seguramente fría, en la espalda, es reprobable, aunque haya ocurrido por la emoción irradiada de los aficionados, la misma que a mí me bañó de líquido de riñón en el clásico americanista.
Definitivamente, deberíamos calificar también en las redes sociales todo lo reprobable alrededor de este suceso, incluyendo la fragilidad diplomática que existe con Ecuador, y la falta absoluta de respeto de algunos mexicanos que fueron a su hotel una noche antes para no dejar dormir a los jugadores de ese país hermano, sin mencionar el caos ocurrido en la Zona Rosa por los festejos desmedidos de los mexicanos.
Después de escribir este último párrafo ya puedo ser crítico. Y resulta muy inquietante analizar las iniciativas del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para regular las redes sociales y la inteligencia artificial, porque como decimos en México: “ya se pasaron de la raya”. Ya convirtieron la libertad de expresión en dichas redes en libertad de desprecio particular, con todas sus letras.
Además, ya debería estar prohibido difundir videos intimidatorios de cualquier ser humano en las redes sociales, ley que debió fundamentarse desde que apareció la primera “lady”, a quien los intelectuales analistas recordamos muy bien con el video tomado sin su consentimiento en calles de la colonia Polanco de la Ciudad de México, a un costado de la calle que lleva el nombre del fundador de la actual República Checa, y muy amigo del general Lázaro Cárdenas, me refiero obviamente al presidente Masaryk.
Subir a las redes sociales videos de personas sin su consentimiento debería considerarse violatorio a los derechos humanos universales.



