Al día de hoy, 5 de noviembre de 2026, Lorenzo Córdova es un ciudadano mexicano cuyos señalamientos de corrupción en su contra son solo eso: señalamientos. Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum y sus propagandistas se empecinan en responsabilizar al ex presidente del Consejo General del INE mediante una serie de tergiversaciones y medias verdades que distan de ser corroboradas y que traslucen la perversa y manipuladora estrategia para mantener intacto el eslogan de que “ellos son distintos”.

Córdova no ha buscado nunca un cargo de elección popular ni es miembro de un partido político. Se trata de un buen abogado por la UNAM y catedrático universitario que ha ocupado responsabilidades públicas, y en particular, la de presidente del INE. Sin embargo, AMLO antes, y ahora su sucesora, no cejan en su empeño de convertirlo en un auténtico enemigo del Estado.

A pesar de que su paso por el Consejo General del INE estuvo, a la luz de la información con la que se cuenta hoy, libre de actos reprochables, el ex presidente AMLO, en su afán rabioso de destruir a la institución, eligió a Córdova como diana de sus diatribas. Le reprochó su alto salario y le acusó una y otra vez de ser miembro de una élite corrupta, a pesar de que durante su gestión Morena obtuvo su registro como partido político y que él mismo -me refiero al macuspano- ganó la presidencia de México, amén de las múltiples victorias morenista a nivel estatal y municipal durante los nueve años que presidió la institución.

Sobremanera vergonzoso resultó el episodio protagonizado por el oscuro personaje Marx Arriaga que, en una decisión de absoluta desproporcionalidad, incluyó el nombre de Córdova en el libro de texto de sexto de primaria en la página que contenía la narración sobre los sucesos del Holocausto judío y el genocidio en Ruanda; por motivo, como se sabe, de los desafortunados comentarios extraidos ilegalemente de una conversación privada que sostenía con Edmundo Jacobo.

Si bien es verdad que Lorenzo se sumó, una vez dejado el Consejo General, a la marcha rosa en defensa del INE, el estandarte que sujetó no fue uno relacionado con apoyo de un candidato o partido político, sino como una legítima reacción ante la embestida de penetración, destrucción y aniquilamiento de una institución que él, en el marco de sus competencias, condujo durante años y cuya autonomía defendió tanto durante su gestión como después del término de su encargo.

Córdova es detestado por el obradorismo por causas que parecen superar la cordura y la lógica política. Hoy su nombre y apellido han vuelto a aparecer en las mañaneras pues Sheinbaum, en su intento desesperado de sacudirse el escándalo Taddei, pretende “diluir” el peso de las responsabilidades originadas por las corruptelas de la ex consejera mediante una “operación” discursiva dirigida a “auditar” la gestión del propio Lorenzo, como si su labor no hubiese sido objeto de auditorías años atrás. Despropósitos. De nuevo, en vez de mirar por el país como jefa de Estado, Sheinbaum se erige en cabeza de una facción política empecinada en lavarse las manos intentando destruir la figura y reputación públicas de un exfuncionario.