Comienzo hablando de Eurosport porque, como espectador, me siento traicionado por la oferta editorial relacionada con el ciclismo de ESPN.

Resulta necesario hacer una precisión: Eurosport es la gran cadena de deportes en Europa —el nombre lo indica con claridad—, mientras que ESPN es la principal compañía de transmisión de eventos deportivos en América, específicamente en Latinoamérica.

El problema es que, a pesar de la jerarquía de la empresa ESPN, propiedad de Disney, la calidad que entrega en nuestros países resulta francamente decepcionante.

Es incomprensible: ESPN y Eurosport presentan en estos días las mismas imágenes de las grandes carreras ciclistas París Niza y Tirreno Adriático —la semana pasada de la Strade Bianche—, pero en Latinoamérica la compañía de deportes de Disney nos receta una combinación insostenible.

Es una vergüenza lo que hace ESPN en las transmisiones de la Tirreno Adriático: por un lado está la excelencia de Goga Ruiz Sandoval, una comentarista experta —sin dudade primer nivel—, y por el otro sus productores obligan a la audiencia a escuchar a Marcelo Canto, un locutor que nomás no la hace: no tiene noción técnica del ciclismo, se atropella al hablar y se limita a decir trivialidades sobre cualquier tema mientras la carrera avanza en las complicadas rutas.

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Esa falta de respeto a la audiencia —donde la lealtad del público parece importar poco— guarda un eco amargo con lo que sucede en la política mexicana.

La presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigencia de Morena confiaban en la fidelidad de sus aliados, el Partido del Trabajo y el Partido Verde, hasta que estos decidieron asestarles una puñalada por la espalda.

Y, como en las tragedias clásicas, nunca falta el personaje que tras la traición pide serenidad: Manuel Velasco, del Verde, quien con notable frialdad propone dar la vuelta a la página; es decir, que al engaño le siga la amnesia y que se regrese de inmediato a la situación en la que la 4T llena de privilegios a tales partidos parásitos.

En el tema del ciclismo, el reclamo es directo para quienes dirigen Disney, empresa dueña de ESPN: si pretenden competir con el estándar de Eurosport, deben poner junto a Goga a alguien que realmente sepa de ciclismo. Isaac el Torito del Toro no merece la burla de periodistas sin idea: se ha ganado el privilegio de que el público lo vea en acción, narradas sus hazañas por comentaristas de su nivel —como Goga, sí—, es decir, periodistas verdaderamente conocedores de un deporte tan exigente como el ciclismo de ruta.

Aprovecho para una respetuosa sugerencia a la presidenta Sheinbaum: si el Torito se mantiene como líder en la Tirreno Adriático, ella haría bien en felicitarlo y proyectar en la pantalla de la mañanera una imagen del ciclista, y hasta un video si no se violan derechos de propiedad intelectual.

Claudia Sheinbaum seguramente sabe que, aunque lo patrocine el equipo UAE y el fondo de inversión de los Emiratos Árabes Unidos, en el jersey de Isaac del Toro lo que más destaca es la bandera de México.

Él es un mexicano que, con la bandera en el pecho y la espalda, ya triunfó este año en Medio Oriente en el Tour de los Emiratos Árabes, quedó tercero en la importantísima Strade Bianche y ahora domina en la Tirreno Adriático, ambas en Italia.

Perdón por el desahogo, pero lo que hace ESPN es una situación enojosa que empuja al límite. El nada dotado compañero de Goga me ha llevado a pensar en la ilegalidad de tener que usar una VPN para buscar la señal de Eurosport. No lo haré, pero suplico a Disney contratar a alguien más preparado para el análisis del ciclismo de ruta y, por supuesto, con más facilidad de palabra.

En lo relacionado con la traición del Verde y el PT, no haré ningún reclamo a la presidenta Sheinbaum si decide perdonar a estos partidos parásitos; ella posee toda la información y conoce el tamaño de los problemas que enfrenta, y quizá entienda que esos aliados son necesarios no para resolver los conflictos, sino para evitar que se compliquen más.

Sin embargo, invito a la respetada, admirada y querida presidenta de México a una reflexión de fondo: si Morena, ya consolidada en el poder, sigue estando necesitada de alianzas con la mugre de la política, quizá tanto Claudia Sheinbaum como quienes dirigen el partido de izquierda tendrán que pensar en qué han hecho mal para no poder ganar sin el apoyo de tanta basura.

Creo que vale la pena, presidenta, meditar si tiene sentido ganar dos gubernaturas más a cambio de renunciar a un sitio en la historia como el gran proyecto político que, ya consolidado, se atrevió a decir no a la inmundicia y decidió enfrentar a sus rivales solo con el arma de sus principios.

Porque el riesgo final es que el epitafio de la 4T o de Morena termine siendo la crónica de una claudicación ética bajo el pretexto del pragmatismo.

No debería quedar escrito que el movimiento que prometió transformar al país terminó mimetizado con los vicios de sus aliados por miedo a la soledad electoral, o que su legado fue canjeado por la supervivencia de estructuras parasitarias.

Querida y respetada presidenta, creo que si la gloria de una transformación —llamada a ser histórica— se negocia con los despojos de la vieja política, lo que queda es un proyecto que terminó mimetizado con aquello que juró destruir.