“La balanza de la justicia siempre debe estar equilibrada”.
Este caso que podría citarse en juicios como “el caso Livia Brito” me recordó inicialmente al actor Russell Crowe, cuando fue acosado literalmente por un mal llamado “reportero” en una conferencia de prensa con el propósito fundamental que tienen esos personajes de provocar a las celebridades para que sus respuestas humanas y hasta predecibles a dichas provocaciones sean noticias de primeras planas, y ahora, de redes sociales, para amasar grandes cantidades de dinero.
Podría mencionar en el presente texto cientos y hasta miles de ejemplos al respecto, pero por obviedad no es necesario, basta con recordar a otras celebridades como Tom Cruise, Belinda, Lucero, Eduardo Yáñez y muy desafortunadamente a Ladi Di, quien perdió la vida por el mencionado acoso perpetrado por estos personajes, llamados internacionalmente: “paparazzis”; por suerte, Russell Crowe no se dejó intimidar por el escándalo que le generó uno de estos individuos y nos regaló esa extraordinaria interpretación de Hermann Goëring.
El caso de Livia es muy atractivo para el intelecto, ya que el incidente inicial ocurrió hace más de cinco años, tiempo que nuestro sentido común, basándose en lo que consultamos sin necesariamente haber estudiado derecho, nos dicta como suficiente para ya haber prescrito la demanda que enfrenta Livia, además de que ya se le pagó al afectado más de un millón de pesos, nada despreciables, y con eso ya se debió haber cubierto el daño causado y finalizado el juicio, nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito, existe una máxima en latín para categorizar dicha ley que tampoco es necesario mencionar.
Sin dejar de considerar lo ya expuesto, ahora hay que analizar que el proceso legal en contra de Livia continúa por haber declarado falsamente hace más de cinco años el conflicto que tuvo con el fotógrafo que la provocó al tomarle fotografías sin su consentimiento, lo cual debería enfocarse como la agresión principal del caso, y valorar el estado emocional que le ocasionó a Livia, que si fue grave, su actuar al declarar así pudiera considerarse, incluso por peritaje psicológico, como un mecanismo de defensa para proteger su psique de la agresión recibida por violar su privacidad, su imagen corporal y hasta su moralidad.
Por eso precisamente lo que debería imperar para analizar y resolver la problemática de Livia Brito debería ser la congruencia, y no la critibilidad mediática.
