25 de septiembre de 2021 | 02:10
Opinión

Y ahora, con ustedes: Delfina Gómez, la de los moches

Es de tal tamaño “el diezmo”, que podemos ya desde ahora apodarla La Moches. Y que, además, devuelva al pueblo lo robado.
Delfina Gómez
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Sófocles

No sé si la multa al partido Movimiento Ciudadano por el financiamiento irregular —un monto nada despreciable— que llevó a cabo Samuel García en su campaña a gobernador en la pasada elección local de Nuevo León ameritaría anular la misma. Sin duda, es algo a analizar.

Tampoco sé si se requiera levantar al menos una ceja por aquello de los contratos otorgados sin concurso o licitación de por medio a una de las primas del hoy presidente AMLO, Felipa Obrador, por parte de Adán Augusto López Hernández, recién nombrado secretario de Gobernación, cuando este era gobernador de Tabasco.

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Lo que sí sé es que lo de Delfina Gómez, secretaria de Educación Pública, no debiera quedar solo en la multa impuesta por el INE ante la fehaciente corrupción realizada por ella mientras fue alcaldesa de Texcoco. Lo que hizo se llama robo, abuso de autoridad y está tipificado como delito.

Es de tal tamaño “el diezmo”, que podemos ya desde ahora apodarla La Moches o, en lugar de referirnos a ella como la maestra Delfina, simplemente recordarla como la maestra moches o la de los moches.

López Obrador y la 4T han presumido que se persigue la defraudación fiscal. Pues bien, ante lo realizado por la maestra Delfina Gómez, tienen la mejor oportunidad de dar cátedra. El SAT debe sancionar; puede retomar la investigación realizada por el INE para profundizar y castigar la defraudación fiscal realizada por la de los moches.

De acuerdo al Art. 108 e, y Art. 109 f.II del Código Fiscal de la Federación, lo que se llevó a cabo en Texcoco es tipificado como delito de defraudación fiscal y el mismo se agrava cuando es cometido por un servidor público como en ese momento era la susodicha (Art. 97).

No importa si los trabajadores eran o son funcionarios, sindicalizados, asalariados, de base o de confianza. Lo realizado por Delfina Gómez y sus secuaces es un delito. Llamarle diezmo es una deleznable forma de soslayar el abuso sobre los servidores públicos; burlarse de la ley y, en lugar de ser castigada severamente por ello, recibir como premio una secretaría de Estado.

La investigación del INE, con la cual su consejo general aprobó sancionar a Morena con poco más de 4 millones de pesos, se origina en la retención del 10% del salario a los servidores públicos de Texcoco y del DIF municipal durante la administración de la maestra Delfina Gómez . Dichas participaciones fueron aceptadas en su momento por la hoy funcionaria federal de forma clara en una entrevista concedida a la periodista Carmen Aristegui. Esto es, hay grabaciones al respecto, si bien seguramente hoy podrán ser desmentidas al más puro estilo de “yo tengo otros datos”.

Lo realizado por Gómez fue un delito y no cualquier delito. Es razón suficiente para removerla de su cargo.

Sin embargo, por absurdo que parezca, ya podemos imaginarnos que siendo cabeza de la Secretaría de Educación Pública ahora pedirá a los funcionarios a su cargo un nuevo diezmo para pagar la multa que su partido le debe al pueblo de México. Ya entrados en gastos, podría ser de poco más de ese 10%; digo, pensando en las próximas elecciones federales y, antes aún, en la consulta para la revocación/ratificación de mandato…

¿Absurdo lo que planteo? No más atroz que la impresión de los libros de textos cuestionados por mediocres y pese a las fallas mostradas: la pésima calidad, la improvisación en su edición y los señalamientos por expertos acerca de que sus contenidos son confusos e inadecuados. Aun con todo lo anterior, los libros están siendo distribuidos. ¿Será que hay moches de por medio o sencillamente es que vale más Marx Arriaga y sus amistades allá arriba que la educación de cientos de miles de niños?

Así, a partir de que se rediseñan los contenidos de los libros de texto, es de pensar y temer que la próxima materia para impartir a los pupilos sea la forma de cobrar moches, corromper toda una administración pública y ser premiado por ello.

El presidente AMLO podrá sentir que está de plácemes luego de una semana que fue muy favorable para Morena (particularmente si uno ve que la oposición tiene a su peor enemigo dentro de ella misma), pero la verdad es que estamos ante uno de los momentos que definen a un gobierno y a su titular. ¿Se atreverá el primer mandatario a purificar en serio la vida nacional?

Si López Obrador permite que Delfina continúe en la SEP, su lucha contra la corrupción mostrará sin duda alguna que todo se trata de una farsa. Permitir a corruptos confesos mantener su puesto es y será siempre una vergüenza nacional.

¿Mostrará la Cuarta Transformación —una vez más— la doble moral cuando se trata de juzgar a servidores públicos? Mi fuerte no es la venganza pero, cuando se trata de ejercerla, terminarán en la cárcel enemigas como Rosario Robles. Claro que, si son amigos, pueden seguir libres (¿verdad Emilio Lozoya?) o ser perdonados mediando una nueva mentira (como el caso de las 23 casas que son pero no son de Manuel Bartlett).

La de los moches debe irse y debe pisar la cárcel. Total, la prisión fortalece, mismo si eres inocente dice AMLO. Pero resulta que esta señora cometió un delito de forma reiterativa y hoy es ejemplo para todos los niños y jóvenes de nuestro país.

A menos que la materia “Corruptelas y defraudación fiscal” sea parte del programa de estudios para la educación pública del país, Delfina Gómez, alias La Moches, no debe pasar un minuto más en la SEP. ¡Ah! Y que, además, devuelva al pueblo lo robado.