El partido Movimiento Ciudadano sería, en principio, una solución para millones de mexicanos que han caído en cuenta de las mentiras y fracasos de Morena, pero que a la vez, no están dispuestos a votar de nuevo por el PRI o el PAN. Insisto, en principio. El color anaranjado, los chistes de Samuel García y las canciones de Mariana Rodríguez podrían resultar atractivas para un sector de la población, así como una plataforma ideológica marcada por el apoyo a los programas sociales y a la diversidad.

En adición, MC cuenta con personajes con cierta notoriedad pública como Luis Donaldo Colosio, Gibrán Ramírez, Laura Ballesteros o Juan Zavala, amén del citado gobernador de Nuevo León y el jalisciense Pablo Lemus. Con excepción de García, y tal vez de los vínculos familiares del sobrino de Margarita Zavala, el resto parecerían cuadros renovados que podrían representar una alternativa medianamente creíble.

Sin embargo, MC, desafortunadamente para la viabilidad de que pudiesen amenazar al oficialismo, no representa a nada ni a nadie, o en el mejor de los casos, a muy pocos. Si bien se presentan como un partido de “izquierdas”, algo semejante a un intento de socialdemocracia, difícilmente personajes como García y su carismática familia podrían encajar en la definición. A diferencia de Gibrán, quien es auténticamente un hombre que simpatiza con el progresismo, la pareja neolonesa no podría dejar atrás su imagen pública de sujetos privilegiados más asociados con el poder, los negocios, el tráfico de influencias y la riqueza. Existe una contradicción en el seno de la misma institución.

No obstante estos desajustes, MC ha reiterado que no pretende participar en una alianza con el resto de la oposición, ni con el PAN, y mucho menos, con el PRI. ¿Por qué lo hacen? Probablemente piensan que no vale la pena negociar por futuras posiciones en el espectro político del pais, y se contentan, tal vez, con ser una pequeña minoría en el Congreso, continuar recibiendo financiamiento público y ganar un par de estados; aunque pudiese resultar contraproducente ante el creciente desprestigio de Lemus y García en sus entidades.

Otra posibilidad, frecuentemente señalada por el PRI de Alito, es que su objetivo sea fungir como comparsas del oficialismo; pues mediante un voto opositor fraccionado el resultado, a la luz de las encuestas, puede anticiparse fácilmente. Lo sabrán Maynez, Delgado y el resto del grupo dirigente emecista.

En suma, todo indica que MC no negociará con las dirigencias del PRI y del PAN rumbo a las elecciones del año que viene. Podrían dejarlo ir todo, y si Morena perfecciona su maquinaria electoral, incluso estar cerca de la pérdida del registro nacional. Y junto con ellos, podría resquebrajarse cualquier aspiración de la mitad de los electores mexicanos de echar al oficialismo de la vida pública nacional, y poder recuperar, por poco que sea, lo que queda de instituciones liberales y civilidad democrática.