Que ni una más viva la violencia política de género que yo viví, especialmente cuando fui candidata a presidenta municipal. Escribo estas líneas con la piel de quien sabe lo que es caminar una campaña con el viento en contra, no por falta de capacidad, sino por el simple hecho de ser mujer en un espacio que históricamente nos ha querido como espectadoras y no como protagonistas.

Hoy, en este Día Naranja, mi voz y la voz de quienes hemos atravesado el fuego de la descalificación, el acoso y la agresión física debe servir para un propósito urgente: dejar de normalizar lo inaceptable.

Lo que resulta más indignante es observar el cinismo de la simulación. Resulta indignante ver cómo muchos de los violentadores políticos cada Día Naranja, portan ese listón naranja con orgullo impostado, se toman la fotografía oficial y pronuncian discursos vacíos sobre la igualdad. Utilizan este día como un disfraz, una herramienta de marketing político, mientras en la cotidianidad de la política son ellos quienes operan el bloqueo, quienes orquestan las campañas de desprestigio y quienes intentan anular nuestra participación con diversos tipos de violencia.

Usar el Día Naranja como un doble discurso es una forma más de violencia. Es una bofetada a quienes hemos resistido sus ataques físicos, en las mesas de negociación o en el barro de las redes sociales. No basta con pintarse de naranja si en el ejercicio del poder se sigue ejerciendo el control, el menosprecio y la exclusión de las mujeres.

Ser candidata fue enfrentarme a un espejo distorsionado donde no cumplía con las expectativas de los intereses de quienes ven la política como mero negocio, de los mismos de siempre. La violencia política de género también se acompaña de ese silencio cómplice de los partidos que ven la agresión y deciden callar, o peor aún, premiar al agresor con una nueva candidatura.

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Normalizar esta violencia es aceptar que el costo de nuestra participación sea nuestra dignidad. Y no. El acceso al poder no debe exigirnos un blindaje contra la misoginia de quienes hoy pretenden darnos lecciones de feminismo desde un podio, desde la simulación y el doble discurso.

Cada vez que alzamos la voz, estamos trazando una línea en la arena. Estamos diciendo que la política no es “así de sucia” por naturaleza, sino que ha sido diseñada para expulsarnos mediante el miedo. Que este día no sea un accesorio de moda para el patriarcado político. Que sea el compromiso real de desmantelar las estructuras que permiten que una mujer sea violentada por querer gobernar.

Por ti, por mí, por todas. Juntas y juntos impulsemos Días Naranjas sin simulaciones, que nuestra palabra sea el escudo para las que vienen y el recordatorio de que a nosotras ya no nos engañan con un listón.

Jennifer Islas. Excandidata a presidenta municipal.