Durante muchos años la oposición al PRI denunció que el viejo partido autoritario se apropió a la mala de los colores de la bandera nacional.
Ahora, la nueva derecha intenta adueñarse del nombre de México con el nombre de lo que podría ser el partido político Somos México.
El nuevo partido de la nueva derecha está integrado por sectores, como el viejo PRI:
1. Sector de la comentocracia, encabezado por los columnistas Jorge Castañeda, Macario Schettino y Federico Reyes Heroles, y la periodista Ivonne Melgar.
2. Sector de los gritones profesionales, como Guadalupe Acosta Naranjo —el estilo de este es como el de Gerardo Fernández Noroña, gran peleón en la 4T, con la diferencia de que Noroña tiene bastante cultura, y Acosta Naranjo si destaca por algo es por ignorante.
3. Sector de los juniors, como Enrique de la Madrid, hijo del expresidente Miguel de la Madrid.
4. Sector de beneficiarias del viejo sistema, como María Amparo Casar.
5. Sector de los actores, como Jorge Ortiz de Pinedo y Joaquín Cossío.
6. Sector de la anterior SCJN, dirigido por Margarita Ríos Farjat, Javier Laynez y José Ramón Cossío.
7. Sector de los del viejo INE, como Lorenzo Córdova, Edmundo Jacobo y Marco Antonio Baños.
En la misma lógica en que no se permitió a una organización usar las iniciales de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la autoridad electoral no debería permitir la indebida apropiación del nombre de México. Porque eso de “Somos México” no es honesto. México es de todos y todas.
México no es una marca ni un eslogan. Tampoco es —ni debe ser— el patrimonio de una facción. Decir “Somos México” implica, antidemocráticamente, que quienes no militen o voten por ese partido no son parte de México.
México es plural. Ningún partido, movimiento u organización puede arrogarse su representación total. Si yo participara en el INE o en el Tribunal Electoral exigiría de arranque a “Somos México” un cambio de nombre o atenerse a la única consecuencia éticamente admisible: que se le niegue el registro como partido político.

