Disney ha producido una serie sobre el hijo de John F. Kennedy. Se centra en la relación amorosa entre el también llamado John-John y su esposa, Carolyn Bessette. Se estrenó el pasado 12 de febrero y todavía no se emite el último de sus capítulos, el cual saldrá al aire —si no estoy mal informado— el próximo 26 de marzo.

El apasionado romance entre Kennedy Jr., y Bessette se complica hasta la tortura de la mujer por la presión de los paparazzi y de los medios de comunicación, a quienes John-John hechizaba.

He visto algunos de sus capítulos. Pienso que la serie retrata bastante bien la personalidad fascinante del hijo de Kennedy, quien falleció en un accidente de aviación —junto con su esposa— al finalizar los años noventa del siglo pasado.

John-John enamoró a EEUU —y a buena parte del mundo— porque se negaba a convertirse en lo que son desde muy jóvenes dos herederos de grandes personajes de la política mexicana: los hijos de AMLO y el de Colosio.

Luis Donaldo júnior y Andrés Manuel hijo han sido, desde que iniciaron su desarrollo profesional, no muy afortunados imitadores de sus padres. En cambio, Kennedy Jr., más que con poses de político trascendente, se movía por Nueva York como una celebridad rebelde.

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Colosio hijo pronuncia discursos con el estilo de su padre, que era un gran orador, sí, pero con un estilo muy apreciado hace más de 30 años, que quizá no sea el más adecuado para la actualidad. López Obrador júnior actúa con la formalidad —excesiva: me niego a calificarla de petulante— de quien piensa que su misión en la vida es cuidar el legado del progenitor.

Kennedy Jr., era elegante, pero decididamente informal: usaba gorra de béisbol, se trasladaba por las calles neoyorquinas en bicicleta y no era raro verlo, despeinado, en pantalones cortos. John-John se acercó a la política como editor de una gran revista, George, revolucionaria en sus formas. Mezclaba bastante, y sin duda con talento periodístico, la frivolidad de Hollywood con los grandes asuntos de Estado. Pero el talento periodístico combinado con otra forma de ver la política a veces no resulta del agrado de los anunciantes. Por ello fue un pésimo negocio.

Lo único que emparenta a los tres es el peso del apellido. Los hijos de Kennedy, Colosio y AMLO sin duda caen en la categoría de niños marcados por las hazañas de sus mayores.

La serie sobre John-John y su compañera ha roto récords de audiencia en streaming, con 25 millones de horas vistas. Es el nivel del magnetismo del hijo de Kennedy, que están lejos de poseer los hijos de AMLO y el de Colosio.

¿Podrían alcanzar ese carisma Luis Donaldo hijo y Andrés Manuel júnior?

Para llegar al nivel de magnetismo que tuvo John-John, tanto Luis Donaldo Colosio Riojas como Andrés Manuel López Beltrán deberán enfrentar barreras, quizá insuperables, que van más allá de su capacidad intelectual.

Tanto a Luis Donaldo júnior como a Andrés Manuel hijo les falta estética. No es solo que carezcan de atributos físicos para ser considerados, como Kennedy Jr., entre los hombres más sexis del mundo. Se trata de otra cosa: de plano son soporíferos en su vestimenta, en sus gestos y en el modo de hablar.

Kennedy Jr., era más estrella de rock que político. Colosio júnior proyecta tal imagen de seriedad institucional que espanta. López Beltrán es hermético, por decirlo suavemente; es decir, aspira a ser el poder de Morena en la sombra, lo que genera bostezos en el público harto de los próceres absolutamente serios.

Luis Donaldo hijo y John-John comparten, además de apellidos célebres, la tragedia desde la infancia. Pero si Kennedy Jr., logró transformarla en la alegría de vivir una vida bastante alocada —rompía protocolos, practicaba deportes extremos—, Colosio júnior transmite la impresión de seguir atrapado en el rol de huérfano de la nación.

La sonrisa de Kennedy Jr., era en el sentido correcto de la palabra, cautivadora, como la de John F. Kennedy, y como lo eran las sonrisas de los originales Luis Donaldo Colosio y Andrés Manuel López Obrador. Los hijos de estos dos no se ríen, sino que eructan profundidad politológica que aleja a la gente.

Andrés Manuel López Beltrán es, en el mejor de los casos, un estratega frío. Su influencia es derivada: la gente lo respeta por ser el hijo de AMLO, no porque genere conexiones emocionales. Luis Donaldo Colosio Riojas es sobre todo el imborrable recuerdo de su padre —está por estrenarse una serie sobre los asesinos de Colosio grande—; Luis Donaldo júnior está bien evaluado en las encuestas, pero ha perdido puntos porque, escasamente interesado en el duro trabajo, su eficacia electoral no es la mejor: un morenista ni siquiera entre los más populares en Nuevo León, Waldo Fernández, lo derrotó en la pasada elección de senador.

John-John supo llevar el prestigio de John F. Kennedy mucho más allá de la política y la historia de EEUU. Luis Donaldo hijo y Andrés Manuel júnior son políticos que intentan, cada uno a su manera, pero sin gran éxito, gestionar los nombres y apellidos de sus padres para lograr réditos en la lucha por el poder.

La diferencia fundamental es que John-John habitaba su apellido con una frescura maravillosa. En su revista, George, se burló del amorío más escandaloso de su padre. Lo hizo en una portada ilustrada con la foto de la actriz Drew Barrymore caracterizada como Marilyn Monroe —con quien Kennedy padre sostuvo relaciones sexuales, o eso se dijo en su época—.

Luis Donaldo júnior y Andrés Manuel hijo serían incapaces de bromear con los defectos de sus padres —o con sus virtudes: haber conquistado el corazón, y por supuesto el cuerpo, de Marilyn Monroe, si hacemos el machismo a un lado, sería una medalla que ya la hubiera querido para un domingo el mujeriego estelar de la historia, el don Juan, o don Giovanni, de la ópera de Mozart—.