Hay que tener un cinismo de dimensiones patológicas para que Pablo Salazar Mendiguchía intente hoy venderse como un “perseguido político”. Quien fuera el mandatario más autoritario, represor y servil de la era foxista, hoy pretende engañar a la opinión pública nacional con una narrativa de victimización que se cae a pedazos frente a la historia. Salazar se queja de haber pasado unos meses en prisión; a otros, por el simple “delito” de no arrodillarnos ante su soberbia, nos mantuvo años bajo el yugo de su represión más feroz.

​El brazo ejecutor de Fox contra AMLO

​Salazar ha querido culpar a Felipe Calderón de su desgracia, pero la realidad es que Calderón jamás se ocupó de un personaje tan local. Su verdadero interlocutor y cómplice fue Vicente Fox.

​La historia no miente: Pablo Salazar fue el perro de ataque de Fox para operar el desafuero contra Andrés Manuel López Obrador. Mientras hoy Salazar busca mimetizarse con la transformación, en 2005 se arrastraba ante el poder federal para intentar frenar la democracia. De hecho, Salazar y Fox operaron juntos para intentar convencer a Juan Sabines Guerrero de que no se uniera al PRD ni apoyara a AMLO; su misión era entregar Chiapas al PAN. Salazar no es un aliado del cambio; es el traidor que intentó decapitar el proyecto que hoy gobierna México.

​Crueldad sin códigos: La tortura como método de censura

​El autoritarismo de Salazar no tuvo escrúpulos ni respeto por los códigos mínimos de la política. Cuando el diario Cuarto Poder documentó la verdad sobre su falso título de abogado, Salazar desató una persecución atroz. Al no poder silenciar al fundador, don Conrado de la Cruz —quien tuvo que morir en el exilio—, Salazar hizo lo que ni las mafias se atreven: se fue contra la familia.

​Encarceló a Conrado de la Cruz hijo, un hombre que no tenía injerencia en la línea editorial, con el único fin de quebrar al padre. Lo más aberrante: cada vez que el diario publicaba una crítica, Salazar mandaba a torturar a Conrado hijo en su celda. Ese es el verdadero Pablo Salazar: un hombre que utiliza el dolor de los hijos y la integridad física de los presos como moneda de cambio para silenciar sus propias mentiras.

Las columnas más leídas de hoy

​Jaguares: El botín de los prestanombres

​En su “gira del cinismo”, Salazar miente sobre el equipo Jaguares. Jaguares de Chiapas no fue sinónimo de deporte, sino de la corrupción sistémica de su sexenio, operado por una red de prestanombres para su beneficio personal. Su venta a TV Azteca no fue por “tiempo aire”; fue una operación real para sanear el desastre financiero que sus operadores dejaron tras saquear las arcas del club. Salazar miente hasta en lo pequeño: el equipo se vendió en una época donde los espacios mediáticos se abrían por la fuerza de la realidad política, no por sus supuestas gestiones.

​El “Carnicero” de Comitán

​Lo más indignante es su silencio sobre el homicidio por omisión de 28 bebés indígenas en el Hospital de Comitán en 2003. Mientras Salazar se enriquecía y presumía sus “logros”, los recién nacidos morían por falta de insumos básicos. Fue la administración de Sabines, junto con el entonces alcalde Eduardo Ramírez, quienes tuvieron que entrar al rescate, construyendo un nuevo hospital y realizando las acciones de reparación del daño que Salazar jamás tuvo la decencia de ofrecer. Salazar no salió libre por inocente; salió porque el delito prescribió. Legalmente escapó, pero moralmente es un criminal.

​Conclusión

Chiapas tiene memoria. Pablo Salazar es el símbolo de la política del garrote, de la tortura como método de censura y de la traición a AMLO por órdenes de Vicente Fox. Que no busque clemencia ni intente colgarse de una transformación que él intentó destruir con toda la saña del poder foxista. La sentencia de los chiapanecos ya está dictada: Salazar es, y será siempre, el rostro de la impunidad y la soberbia que ya no tienen cabida en este país.

​Dr. Florencio Madariaga. Doctor en Derecho y ex ombudsman del Estado de Chiapas.