“La mentira de la mentira es darle vuelta.
Toda nuestra verdad es no tenerla.
La incongruencia de estar solos
toma el tren más puntual
hacia las emergencias del olvido”.

ROBERTO JUARROZ

“Candil de la calle, obscuridad de su casa”.

DICHO POPULAR

Algo así como ‘demócrata en el exterior, tirano en México’ es un dicho que le iría como anillo al dedo a nuestro titular del Ejecutivo. Esa es la postura que asume López Obrador para lo que corresponde al acontecer más allá de las fronteras mexicanas comparado a lo que ocurre dentro de territorio nacional.

Ejemplos que prueban lo que digo hay cientos. El último con relación a Julian Paul Assange. Y es que AMLO está defendiendo en el australiano (editor y activista, fundador de WikiLeaks en 2006) lo que critica y no soporta suceda en México con Carlos Loret de Mola o con Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), por mencionar solo dos casos. De hecho, incluso peor porque con Assange hubo espionaje hacia el gobierno estadounidense (Chelsea Manning, analista de inteligencia del Ejército de EU, le filtró información confidencial), mientras que acá, en México, los perseguidos del régimen cuatroteísta investigan corruptelas, abusos de poder y enriquecimientos extraños de muchos políticos y familiares, que de confidencial no debieran de tener nada. Una actividad que en el resto del mundo se llama prensa, ejercicio periodístico, transparencia, rendición de cuentas y libertad de expresión.

Así, llama la atención que a López Obrador le ofende lo que algunos periodistas, organismos, agrupaciones, personas hacen en México pero defiende el espionaje realizado por Assange.

Tal vez lo que no soporta el presidente sea el origen de la información, la adscripción y orientación política de los reporteros y periodistas y/o las fuentes de financiamiento que han tenido estos.

¿AMLO y su equipo de comunicación se han tomado la molestia de indagar cuál fue el origen de financiamiento detrás de Assange y qué le permitió montar y catapultar Wikileaks? Apuesto que no. Si lo hubiesen hecho se habrían llevado más de una sorpresa harto desagradable y el jefe del ejecutivo no estaría de acomedido ofreciendo asilo al famoso editor…

Pero la contradicción de nuestro primer mandatario va más allá. Patético, puesto que defiende a Assange, quien se dedicó a divulgar la información que había sido reservada por los gobiernos (estos no en un afán de proteger la seguridad nacional sino por opacos); igual —o menos— opacos como cuando el gobierno de México reserva información por razones de “seguridad nacional”… Así sea todo lo relativo al proyecto y construcción del AIFA (hizo lo mismo antes, por cierto, con los segundos pisos del periférico de la CDMX), a la compra de las vacunas anti Covid o, sin ser de seguridad nacional pero igualmente reservada, la negativa de la FGR a entregar la información al INE sobre las operaciones de financiamiento a campañas políticas realizadas por Pío López Obrador… Y, de nuevo, solo cito algunos ejemplos de muchos más que hay y de los cuales escoger.

Ese es precisamente el tipo de información que Assange hubiera espiado con gusto y sacado a la luz sobre los gobiernos de México, empezando por el actual. Trapacerías que deben ser ventiladas y conocidas. Datos, costos y sobreprecios que seguramente López Obrador no hubiera apreciado Assange investigara o publicara sobre su gobierno. De ese tamaño la contradicción de Andrés Manuel ahora ofreciéndole asilo al editor de origen australiano.

López Obrador no ha dimensionado que Assange y Carlos Loret se parecen mucho más de lo que él cree al momento de destapar las cloacas documentadas del poder. Con lo cual, lo que dijo en la mañanera: “es vergonzosa la persecución política contra Julián Assange; nosotros ofrecemos darle asilo político. Porque estamos a favor de que se le libere, porque es un perseguido político. Es un acto vergonzoso que a una persona que da a conocer información valiosa de corrupción y se castiga por supuestamente violar temas confidenciales”, le parece así — vergonzoso e importante— porque no atañe a la 4T. ¿Qué pasaría si el “perseguido político” pudiera hackear y dar a conocer toda la información que la administración 4T ha clasificado como de seguridad nacional? ¿Le seguiría causando tanta gracia a López Obrador o pondría el grito en el cielo?

Sí, es cierto, los empleados de MCCI o el propio Loret de Mola no esperan ser extraditados para ser juzgados en una tercera nación de la que nos son nacionales o naturalizados, pero igual sí son “visitantes asiduos” de la palestra —juzgado— presidencial. A AMLO no le conviene aceptar que asociación civil y periodista también destapan la podredumbre, investigando o dando a conocer conflictos de interés y fortunas extrañas como son las casas de monsieur Bartlett.

Pero mismo suponiendo que no se dé cuenta del paralelismo entre lo que hace el fundador de WikiLeaks y los periodistas y organizaciones que él vitupera, el ofrecimiento de asilo a Assange que hace muestra un enorme desprecio por todo el gremio periodístico en México. Con el alto número de periodistas asesinados, la violencia rampante en gran parte del territorio nacional, invitar a una persona a radicar a nuestro país no es atractivo. ¿Cómo se atreve López Obrador de hacer un ofrecimiento a Julian Assange si no puede ni siquiera proteger a la prensa nacional?

Porque extender ese tipo de invitaciones no es hacerlo y ya. Implica que el gobierno se comprometa a velar por la seguridad del individuo en cuestión. Esto es, hacerse responsable económicamente de esa persona y de su integridad física y legal.

No, señoras y señores, lo que desea AMLO es infringirle otra pulla a la ya muy golpeada relación México-Estados Unidos de América. Eso y posar como todo un demócrata libertario únicamente ante sus huestes. Ya, lo que es hacia el exterior, a nadie engaña.