El comediante Chumel Torres le echó porras a la variante Ómicron al enterarse que el presidente AMLO se contagió de Covid-19 por segunda ocasión.

El mensaje de Chumel Torres duró apenas unos minutos en Twitter antes de ser eliminado. Suponemos que Chumel se dio cuenta que su “chiste” ni era chiste ni tenía chiste, por lo que al final sólo se exhibió como un agente de odio contra la salud del presidente y de los miles de mexicanos y mexicanas que en este momento están lidiando con Ómicron.

El debate de Chumel Torres como periodista, y la responsabilidad social que eso conlleva, es un tema que ya se superó hace años. Chumel Torres no es periodista y su única responsabilidad es con la “comedia de pastelazo” que sigue practicando en pleno 2022.

Sí, hace algunos años Chumel se alzó como la novedad y esperanza del entretenimiento informativo de México, pero desde entonces ha quedado a años luz de genios como John Oliver, Stephen Colbert y hasta el mismísimo Brozo, quien incluso anda en tiempos bajos al tener como su nuevo “patiño” a Carlos Loret de Mola.

Chumel Torres necesita de las pelucas y los estereotipos sociales

Chumel Torres Instagram

Chumel Torres tiene que seguir recurriendo a las pelucas y los estereotipos sociales para mantener la audiencia que le queda en YouTube.

Pese a la popularidad que ha ganado y el impulso de grandes plataformas, como Radio Fórmula, Chumel ha optado por refugiarse en su “comedia” clasista y discriminatoria antes que promover nuevas formas de entendimiento y empatía.

Todo el mundo conoce el camino de The Beatles: empezaron con canciones pegajosas y la imagen de los “chicos perfectos” con cabello rebelde para después conquistar al planeta. Una vez que la “Beatlemania” se convirtió en un fenómeno nunca antes visto, los cuatro fantásticos se olvidaron de la fórmula que los llevó a la fama y cambiaron el orden de las cosas con Sgt.Peppers Lonely Hearts Club Band y un mensaje de amor y paz.

Parece que Chumel Torres tiene miedo al cambio y necesita más pelucas y pastelazos para mantenerse vigente entre su audiencia. Sabe que no le alcanza el genio para un humor inteligente y vanguardista. Seguirá viviendo, y bien, de las burlas a estudiantes en condición de pobreza y de su nula sensibilización en temas de género.

La obsesión de Chumel Torres por llamar la atención puede ir más allá de una simple búsqueda de “engagement”. Chumel no plantea debates “polémicos” para hacerse el interesante, Chumel tuitea estupideces porque cree que tiene la razón en sus posturas violatorias de Derechos Humanos.

Son innumerables las “bromas” discriminatorias contra casi todos los grupos vulnerables de la sociedad. La porra para Ómicron es apenas su muestra más reciente de falta de ética y profesionalismo como comunicador.

Hace unos días, Chumel Torres se burló de un grupo de activistas por la diversidad corporal de Argentina. Desde su privilegio como hombre blanco cisgénero heterosexual, Chumel se cree con la superioridad moral para opinar de los cuerpos de otras personas.

En sus diferencias con Citlalli Hernández, secretaria general de Morena, Chumel recurre a comentarios sobre su aspecto físico para intentar ganar su patética guerra de tuits.

En verdad que deseamos que Chumel Torres no caiga en las garras de Ómicron y que nadie se burle jamás de su salud o de su cuerpo. Ojalá que pronto encuentre la paz que su mente necesita para superar tanto odio y resentimiento.