El fin de semana anterior, en el contexto de una situación de tensión respecto a la reforma electoral, Morena realizó su Consejo Nacional. La reunión, además de fomentar la unidad, tenía como objetivo evidenciar el buen instante que el partido está experimentando a nivel nacional, así como las expectativas que hemos observado en algunas encuestas de opinión. De alguna manera, podemos afirmar que lo que el partido guinda efectuó fue fortalecer las bases y el trabajo territorial. Como es de conocimiento común, la expresión supera los 11 millones de militantes y, con las proyecciones favorables, incrementa considerablemente su alcance en comparación con otros años. Por eso la reacción fue positiva ahora que la presidenta vive su mejor momento como mandataria. Hace poco, de hecho, El País, con gran trascendencia, publicó la proporción de apoyo. Podemos decir, para esclarecer un poco los números, que más grupos sociales se han unido a la causa de la 4T.
Por eso, la sensación que se vivió el pasado fin de semana fue intensa. De hecho, estuvieron presentes todos los consejeros nacionales, así como invitados especiales. Todos se mostraban con alegría y optimistas de lo que puede venir en puerta. Se refirieron, por supuesto, a las proyecciones que se han realizado por las elecciones intermedias de 2027 y la revalidación de la coalición Seguimos Haciendo Historia. Eso desmiente las versiones de que habrá fracturas ahora que los aliados, por decisión colectiva, han anticipado que votarán en contra del dictamen. Por encima de todo ello, lo mencionó la propia secretaria general de Morena; está el interés colectivo de un proyecto que se ha construido entre todos. Mucho antes de que esto fuera una realidad, hay que dejarlo claro, la lucha social y la resistencia se dieron en las calles. Era solo cuestión de tiempo conseguir aplastar a la oposición que goza de una salud precaria.
La derecha, desde hace muchos años, ya no es situada en el primer plano. No solo ha dejado de ser partícipe de los temas dominantes de la agenda, sino que también no influye como expresión. En ausencia de una alternativa, algunos representantes del PRI han manifestado su deseo de mantener una alianza capaz de contrarrestar el avance decisivo de Morena. El propio Alito Moreno que busca unificar al sistema de partidos, ha lanzado una propuesta que, pese a lo fervoroso, no tardó ni tantito en ser bateada por los presidentes nacionales del PAN y Movimiento Ciudadano. No habrá sociedad. El papelón que han hecho en la pasada elección presidencial los ha dejado noqueados. Por eso se han apresurado a decir no a una sociedad variopinta que no tuvo ni tendrá ningún peso específico.
Quien promueve esa alianza, ahora que los números son adversos, es el propio Alejandro Moreno. Esa desesperación, sintomática de los malos resultados que acarrea, lo ha metido en una especie de exacerbación que los pone vulnerables, incluso para perder el propio registro, tal y como le sucedió al extinto PRD. Por eso, Morena ha preservado su estilo de tomar decisiones bajo la premisa de una encuesta que promete decidir escenarios muy polarizados en varias entidades que, desde ahora, se juegan con gran intensidad a sabiendas de que los pronósticos son muy positivos. De ese modo, no podía ser de otra forma la apuesta que vimos el pasado fin de semana. Era un ejército que, de manera organizada, se prepara para arrasar con todo lo que esté a su paso. Morena, en conjunto con la coalición Seguimos Haciendo Historia, ganará 16 de 17 entidades federativas, incluyendo, lo hemos dicho reiteradas veces, Querétaro y Chihuahua.
Ya que hablamos de esas entidades, ahora que Morena ha lanzado a los llamados “generales”, puede existir un conflicto de intereses en la designación de Adán Augusto López Hernández en la circunscripción en donde fue delegado. Eso abarca los estados del norte, incluyendo Chihuahua. De hecho, él no puede ser un factor decisivo para inclinar la balanza hacia la senadora de la República, Andrea Chavéz. Sirvan de ejemplo los comentarios que hizo con anterioridad sobre ella. No puede existir favoritismo ni mucho menos cargada que pueda provocar fracturas internas. En Chihuahua, lo han dicho fuerte y claro los protagonistas de este proceso interno: manda el pueblo. Ojalá que la representación de legislador sea clara y plural, sobre todo para garantizar contiendas plurales y equilibradas, al menos en la forma de calificar. Claro que esa resolución definitiva está vinculada a la visión de la presidenta y al elemento crucial de una encuesta que, hasta el momento, ha puesto a un perfil masculino en condiciones inmejorables. Recién se publicó la metodología en El Economista; hace unos días, vimos cómo el tablero preelectoral ha cambiado en la correlación de fuerzas. Esa tendencia, a propósito de ello, se ha mantenido los últimos meses.
Para finalizar, el pasado fin de semana vimos una organización detallada que cuidó hasta el más mínimo pormenor. Se nota la mano de la presidenta de México, que es la heredera del bastón de mando en el movimiento de transformación. Se ha formado, en pocas palabras, un ejército que puede realmente verse en los números que se proyectan. Morena arrasará, de eso no hay ninguna duda; especialmente, también hay que decirlo así, la oposición está en la antesala de un punto de quiebre ahora que hay un aumento impresionante de detractores del conservadurismo.
