Puede que una de las cuestiones más importantes de la agenda consista en que las cumbres deportivas a nivel nacional tienen un rol significativo. En nuestro glosario, el Mundial de futbol está presente en cada rincón del país. Se habla, por supuesto, de la selección mexicana, pero también se menciona a la interminable lista de destacadas personalidades que asistirán al evento. Para muchos, de hecho, es una forma o modo de vida, especialmente para los países sudamericanos que viven el deporte con fervor y pasión. La buena noticia es que veremos al campeón del mundo: un equipo plagado de estrellas que, aun con la enorme presión, no se achica en ninguna cancha. El gran reto para ellos, efectivamente, será revalidar el campeonato que ganaron justamente hace cuatro años en una final que se elevó al máximo de las emociones con Francia.
Por eso la gente de nuestro país, que se ha metido en ello, espera con ansias que la cita llegue a su momento. La mayoría de los mexicanos, sin duda, tienen pensado ver los partidos de la selección mexicana, de acuerdo con las encuestas de opinión. Una de las principales ventajas, en efecto, será la localía y el poco traslado que tendrá el seleccionado. Tal vez eso no sea preocupante, tomando en cuenta la logística que se maneja en ese nivel. Lo que llama poderosamente la atención es cómo podemos ir haciéndonos de protagonismo jugando en nuestra cancha y con nuestra gente. Es una interrogante muy interesante, sobre todo ahora que hay un divorcio de la ciudadanía con el balompié.
Quizá la angustia es la que nos tenga aterrados de saber si llegaremos al anhelado quinto partido. Hace cuatro años, por ejemplo, no pasamos la fase de grupos. Fue, a todas luces, un fracaso, pese a lo entusiasmados que nos manteníamos como afición. De hecho, nos costó mucho trabajo adaptarnos al estilo de juego de algunas superpotencias que, de manera clara, juegan en otras latitudes mundiales. Entonces, decir que avanzaremos es, por mucho, adelantarnos a una realidad que todavía no podemos percibir, a sabiendas de lo que ha ido aconteciendo en los últimos Mundiales. Esperemos que sí. La primera meta, desde luego, es encabezar el grupo para que la fase de eliminación se vaya acomodando. Después de todo, ninguna selección es fácil: hasta las más débiles suelen ponerse complicadas por lo que significa esta cúspide de interés nacional.
Mientras ese momento llegue, la prominencia es llegar lo más que se pueda avanzar. Seremos locales, inclusive en Estados Unidos, de llegarse a concretar un pase a los octavos de final. Pese a que falta un relativo tiempo largo, hay suficiente público para estas vitrinas internacionales que nos pondrán ante los reflectores del mundo. Este mes, por ejemplo, se llevará a cabo el Abierto Mexicano de Tenis, en Acapulco, Guerrero. Vienen, de hecho, tenistas de mucho renombre que han destacado por su labor en cualquier parte del universo donde juegan. Eso, para nosotros, representa un enorme desafío, porque tendremos representación justamente ahora que estamos diciéndoles al mundo que nos adaptamos al nivel de un deporte del que, claramente, no somos una potencia. Sin embargo, respondemos a la demanda de competitividad. Lo más importante es que seremos anfitriones. Por un lado, queda claro: la ciudadanía responderá con su asistencia a sabiendas de que hay condiciones de seguridad propicias para hacerlo.
El trabajo que ha realizado el gobierno estatal está muy claro que es, en definitiva, la estrategia óptima. Pero, más allá de eso, el Abierto de Tenis es el preludio de lo que se avecina para la cumbre mundialista. De hecho, la selección comenzará a aparecer en las portadas de los principales diarios nacionales. Podremos destacar la unidad, pero más la esperanza de salir avante en un evento que, de no aprovecharse al máximo, veo complicado poder volver a tener la oportunidad de avanzar a las finales. Es ahora o nunca. Así lo deben asumir quienes nos representarán en la cancha. Deben salir con la convicción de saber que seremos locales. Es idóneo y, a su vez, factible para avanzar a la segunda y hasta tercera ronda. El fuerte será, desde luego, el apoyo de la afición que, pese a los malos resultados que arrastra, llenará cada uno de los estadios donde tenga aparición el seleccionado nacional.
En concreto, se menciona no únicamente el cuarto y quinto partido, sino más allá, considerando que somos locales y que, por lógica, las circunstancias, el clima, la atmósfera y la afición jugarán a nuestro favor.
