México suele analizar su economía desde el PIB total, como si el tamaño explicara el bienestar. Pero el indicador que revela la verdad —y que incomoda— es el PIB per cápita, porque obliga a responder una pregunta sencilla: cuánta riqueza le toca realmente a cada persona y dónde se genera.

La gráfica de PIB nominal por entidad federativa confirma que Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León y Jalisco concentran 50% de la actividad económica nacional. Sin embargo, ese dato, por sí solo, oculta más de lo que explica. El problema no es cuánto produce un estado, sino cómo se distribuye territorialmente esa producción.

Cuando se cruza el PIB con la población y se separa zona metropolitana vs. resto del territorio, aparece el verdadero diagnóstico: México no es un país de estados ricos y pobres, sino de metrópolis productivas rodeadas de regiones rezagadas.

El contraste real del PIB per cápita: Monterrey ≠ Nuevo León

Nuevo León suele presentarse como ejemplo de prosperidad. Y lo es… si uno se queda en Monterrey. La Zona Metropolitana de Monterrey concentra aproximadamente 85–90% del PIB estatal y una proporción similar de la población. Ahí se localizan la industria avanzada, los servicios financieros, los corporativos, la logística y la integración exportadora.

El PIB per cápita estimado en Monterrey se ubica entre 28,000 y 32,000 dólares, comparable con economías medias de Europa del Este o el Chile urbano. Pero fuera de la metrópoli, los municipios no metropolitanos de Nuevo León operan con: economías locales de bajo valor agregado, informalidad elevada, escaso acceso a crédito productivo, y menor densidad institucional.

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El PIB per cápita estimado en el resto del estado cae a 7,000–9,000 dólares. Conclusión: Nuevo León no es homogéneamente rico. Monterrey es una economía integrada al mundo; el resto del estado vive una realidad similar al México rezagado.

Guadalajara ≠ Jalisco: el mismo patrón, otra escala

Jalisco reproduce el mismo fenómeno, aunque con una brecha social incluso más visible. El Área Metropolitana de Guadalajara concentra 75–80% del PIB estatal y alrededor de 60–65% de la población. Servicios, industria, universidades, tecnología y empleo formal relativo explican su dinamismo. El PIB per cápita estimado en Guadalajara se sitúa entre 20,000 y 23,000 dólares. En contraste, gran parte del resto del territorio jalisciense depende de: agricultura, comercio informal, servicios locales de bajo valor agregado, y una débil integración financiera.

El PIB per cápita estimado fuera de la metrópoli desciende a 6,000–8,000 dólares. Conclusión: Jalisco no es una economía media nacional. Es una metrópoli de clase media-alta rodeada de regiones con rezago estructural.

Norte con potencial; Sur con rezago estructural

Este patrón se repite en Querétaro, Coahuila, Chihuahua, Baja California y el Estado de México: clústeres productivos altamente integrados rodeados de territorios desconectados.

En el Sur —Chiapas, Oaxaca, Guerrero— el problema es más profundo: no solo hay concentración, sino ausencia de nodos productivos. El PIB per cápita se mantiene entre 4,000 y 6,000 dólares, con informalidad dominante y dependencia creciente de transferencias.

El punto clave es incómodo pero claro: donde no hay Estado de derecho local —contratos, propiedad, seguridad— no hay crédito productivo; y sin crédito productivo no hay productividad ni inversión sostenida.

Inclusión financiera: mucho acceso, poco desarrollo

México ha ampliado el acceso al sistema financiero, principalmente mediante corresponsales y canales alternos. Eso reduce fricción transaccional, pero no transforma economías.

La inclusión real no es cobrar y dispersar; es financiar productividad. Y cuando la economía está fragmentada, la banca replica esa fragmentación: crédito productivo en las metrópolis, transacciones básicas en la periferia.

El “shock Maduro”: una sacudida externa que encuentra a México dividido

En este contexto interno frágil, irrumpe el shock geopolítico: la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos y la ruptura del eje de gobiernos de izquierda en América Latina. Más allá del debate jurídico o ideológico, el impacto para México es económico y estratégico.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Cualquier reconfiguración de su sector energético —especialmente bajo influencia estadounidense— altera expectativas en el mercado de crudos pesados, donde Pemex compite directamente.

México llega a este escenario con: Pemex financieramente debilitado, exportaciones de crudo bajo presión, y una alta dependencia fiscal del sector energético. Si Estados Unidos reorienta flujos de crudo pesado desde Venezuela, Pemex enfrenta mayor competencia, peores diferenciales y menor margen fiscal. Esto no es ideología: es estructura de mercado.

CFE, energía e ideología en un entorno más hostil

La energía será uno de los ejes duros de la relación bilateral rumbo a 2026. En un contexto geopolítico más tenso, la política energética mexicana —más ideológica que técnica— se vuelve un factor de riesgo, no de soberanía.

Sin energía confiable, competitiva y jurídicamente predecible, el nearshoring se desacelera y el PIB per cápita no se expande territorialmente.

La revisión del T-MEC 2026: ya no será solo comercial

El 1 de julio de 2026 inicia la revisión formal del T-MEC. En condiciones normales, sería un ejercicio técnico. Con el entorno actual, será una negociación política integral.

México llega con desventajas: economía territorialmente fragmentada, Estado de derecho desigual, empresas energéticas débiles, y una postura diplomática alineada históricamente con gobiernos hoy en retirada. En ese escenario, la única moneda fuerte es la certidumbre jurídica. Y es justo lo que México no ha fortalecido.

El problema no es Maduro, es llegar fragmentados

México no enfrenta solo un reto externo; enfrenta una fragilidad interna. Mientras el desarrollo siga concentrado en Monterrey, Guadalajara y unos cuantos corredores industriales, cualquier sacudida internacional —energía, geopolítica o T-MEC— se traducirá en menor PIB per cápita y mayor desigualdad.

El problema no es Maduro. El problema es haber construido una economía partida en dos, sin Estado de derecho homogéneo, sin banca productiva regional y sin una estrategia clara de competitividad territorial. Si México no corrige eso, el PIB seguirá creciendo “en barras”, pero el bienestar seguirá siendo estadística, no realidad.

Mario Sandoval. CEO FISAN SOFOM ENR. Banquero y abogado con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.