Vivimos una etapa crucial de nuestra economía en México. Un aspecto importante, de hecho, es que el gobierno de la cuarta transformación ha sabido encontrar la brújula no solo para definir aquellos mecanismos y estrategias que habrán de servir para operar políticas públicas que fortalezcan nuestra estructura económica, sino para aterrizarlas y que, con el paso de los días, se ajusten a los cambios vertiginosos de un entorno global. Nuestro país, desde luego, asume la responsabilidad que le corresponde y, por ende, se ha ido aferrando a esas líneas específicas que tanto han funcionado para mantener un peso fuerte, lo mismo que un récord de inversiones que han alcanzado su mayor pico con prestigiosas compañías que han volteado ante el apremiante clima y la confianza que ha generado la presidenta constitucional, Claudia Sheinbaum.

Todo eso es, antes que nada, una cadena de sucesos que se originan con la buena planeación del gobierno de Sheinbaum y de la Secretaría de Economía, que es quien carga con la consigna de avanzar y asegurar el mejor funcionamiento posible con dos ejes fundamentales que, desde hace meses, nos han detallado con pormenores. Uno de ellos, evidentemente, radica en el Plan México. Y el segundo, que nació en la administración de Sheinbaum y ha florecido porque sus cimientos tienen una planeación categórica en enclaves específicos donde los recursos naturales son abundantes. Hablamos de los Polos de Desarrollo que, al final de cuentas, es un impulso a la industrialización que promueve y opera desde la administración para fines concretos. Uno de ellos, sin duda, es reconocer las áreas de oportunidad, así como la extensa gama de recursos naturales, que son una plataforma de apoyo para el bienestar social.

Los Polos de Desarrollo, que además nos marcan la pauta para competir con otras economías fuertes del mundo, son mecanismos que nos han colocado como un país de avanzada que vale la pena mencionarlos porque son, al final de todo, instrumentos que están permitiendo el mejoramiento de la calidad de vida. De ese mismo modo, existe una vigilancia definida de las entidades que ya pusieron en marcha su operación a corto, mediano y largo plazo. Nos referimos a zonas o regiones que han experimentado un diseño integral bajo el control específico para elevar lo que se ha confirmado que son oportunidades. En ese sentido, existen siete polos de desarrollo que, de norte a sur, están en fase de construcción avanzada para que muy pronto se haga posible uno de los planes más ambiciosos del llamado segundo piso de la transformación. Inclusive, los territorios que están manejando ya está consigna que- como fin- es ser altamente rentables y competitivos, están caminando a pasos agigantados. Me refiero a Huamantla, Tlaxcala, Celaya, San José Chiapa, Puebla, Zinapécuaro, Michoacán; y en el norte, queda claro, están Durango y San Gerónimo, Chihuahua.

Esos espacios, cuanto más avanzan bajo la planeación y supervisión del gobierno, más se visualiza lo que puede llegar a provocar a favor de nuestra economía. Recordemos que, como tal, estas actividades económicas han sido operadas por el gobierno de México, pero, de igual forma, por la inversión millonaria que ha realizado la iniciativa privada, con quienes se ha trabajado bajo una coordinación que se ha caracterizado por ver hacia futuro, eso sí, fortaleciendo el presente. De hecho, se ha cumplido casi un año del lanzamiento de la insignia Hecho en México, que no me cansaré de presumir como uno de los grandes prospectos para dinamitar la exportación de nuestros productos que, con una gama sustancial de recursos naturales, se confeccionan en distintos puntos de la República. Gracias a ello, sobra decirlo, alcanzamos un récord histórico de exportaciones que ha alcanzado su techo más alto con 664,837.2 millones de dólares.

Es, ni más ni menos, un periodo de evolución favorable para nuestra estructura económica, sobre todo ahora que se abre un nuevo episodio con la recuperación de concesiones de minerales críticos. Solo para mencionar un ejemplo, se han recuperado 1,129 concesiones, que están dispersadas en 889,512 hectáreas. Hablamos de una superficie sustancial que es el resultado de un trabajo arduo y coordinado con las entidades. Esos son, en definitiva, logros célebres a fin de incrementar la capacidad productiva con mayores insumos. En efecto, por no contar con mecanismos jurídicos o administrativos, que son cruciales, México o la 4T recupera minerales. Estas, por la relevancia, se encuentran en Sonora, Chihuahua, Durango, Zacatecas, Coahuila y Jalisco.

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Todo esto, por añadidura, será punta de lanza en los inicios de los trabajos para construir acuerdos sobre minerales críticos con los vecinos países de Estados Unidos y Canadá. Todo eso, en una lógica de las propias circunstancias, provocará cambios y romper con paradigmas en ese camino sólido del fortalecimiento de nuestra economía que, por cierto, está muy por encima de algunas potencias mundiales, específicamente ahora que le han dado toda la prioridad a la industria nacional y, desde luego, a la insignia Hecho en México.

Vamos por el camino correcto, de la mano de la Secretaría de Economía y, desde luego, de nuestra presidenta constitucional, Claudia Sheinbaum.