Quisiera distinguir entre diplomacia deportiva y poderío competitivo. Los y las atletas de México lograron una hazaña en los Juegos Olímpicos invernales de Milán-Cortina. No hubo victorias, es decir, deportivas no. El triunfo fue simbólico: haber llevado la bandera nacional a un escenario al que geográficamente no pertenecemos, el de las heladas montañas de Europa.

Hoy, hace unos minutos, en las montañas del desierto de los Emiratos Árabes Unidos, un mexicano, Isaac Torito del Toro, ganó en forma contundente una de las carreras por etapas más importantes del ciclismo mundial.

El de Del Toro ha sido un triunfo de la jerarquía, del poder. Lo mejor que ha hecho el deporte mexicano en este 2026. El mayor hito de la marca México en el arranque del año.

México ha conquistado las arenas del desierto árabe. Del Toro representa el modelo de éxito al que aspira el segundo piso de la cuarta transformación.

Ganar en los Emiratos Árabes Unidos —uno de los centros económicos más importantes del siglo XXI— proyecta a un México moderno que compite en igualdad de condiciones con las potencias europeas, que son las que suelen dominar en un deporte tan competido como el ciclismo.

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Fue extraordinario ver al patinador Donovan Carrillo, de 26 años de edad, dar la pelea en los Olímpicos de invierno. De ello no puede haber la menor duda, aunque quedó lejos de las medallas.

La victoria aplastante de Del Toro, joven de 22 años de edad nacido en Ensenada, Baja California, lograda frente a los mejores ciclistas del mundo, definitivamente está en otra dimensión. Además, en un deporte que se alinea con las políticas de movilidad no motorizada y de salud pública de toda la gente.

Isaac del Toro no es solo un ciclista; es una demostración de que México tiene la capacidad de liderar en cualquier escenario.

Falta una etapa para que termine el UAE Tour, pero por su escaso nivel de dificultad, solo un accidente le quitaría el campeonato a Del Toro.