28 de septiembre de 2021 | 16:22
Opinión

La fiesta patria o fiesta en palacio para el rey

La propuesta de AMLO se aleja de la idea de unidad nacional, de la mexicanidad, él apuesta por la división y la polarización.
AMLO en el Grito de Independencia de 2020
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“Somos los mexicanos un conjunto de desigualdades de identidades diversas de mestizajes somos y se resuelven cada uno de nosotros un momento de la migración de los pueblos”.

Dr. Gastón Melo Medina, Fundador del instituto de la Mexicanidad

Más allá del regocijo por haber quitado el yugo de la Corona española, la fiesta de Independencia significa el nacimiento de una nación y de una identidad, cuyos elementos, como la bandera, el himno, el territorio, la cultura y la lengua, son complejos y más tratándose de una sociedad profundamente dividida como la novohispana. Esta fiesta tiene el propósito de generar unidad en una sociedad compleja, diversa y con muchos matices.

En el México independiente de principios del Siglo XIX los españoles criollos no se sentían mexicanos, ni los indios de Yucatán o Oaxaca, mucho menos los del norte como los yaquis o tarahumaras, fue entonces cuando el festejo independentista surgió como elemento unificador de la identidad nacional.

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El origen de México

Nuestro país surge de una mezcla pluricultural de indígenas, mestizos en su mayoría, criollos y una serie de grupos étnicos que no conocían el concepto de un Estado Nación ni el sentido de pertenencia.

El festejo de independencia ha cambiado desde su origen, primero tuvo un sentido religioso que alentaba al pueblo a la unidad, posteriormente, con Morelos, cambió.

Como lo escribió Israel Álvarez Moctezuma, académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, irónicamente sería Maximiliano de Habsburgo, Archiduque de Austria o Maximiliano I de México, cabeza del Segundo Imperio Mexicano, quien dotaría al aniversario de independencia de su cariz más lúdico y social, buscando detonar un sentimiento de unidad nacionalista y de distanciamiento con la época virreinal, porque en momentos en que México se debatía en la guerra de reforma era necesario un sentimiento de unidad en torno a su causa.

Lo mismo sucedió con Porfirio Díaz que festejó el centenario de la independencia de manera fastuosa y que al convocar al pueblo sugería un sentido de unidad nacional, sobre todo porque estaba a punto de estallar la Revolución. No podemos soslayar que uno de los monumentos que genera mayor unidad en los mexicanos, es precisamente, el monumento a la independencia que se encuentra en pleno Paseo de la Reforma.

Después de Díaz vinieron cambios importantes, en el México postrevolucionario, el sentimiento de unidad nacional se manifestaba hacia los gobiernos emanados del PRI, pero conservando un sentido nacionalista, de unidad, independientemente de la clase social a la que se perteneciera.

La Independencia según la 4T

Sin embargo, lo que lo que hoy promueve la llamada Cuarta Transformación del compañero presidente, Andrés Manuel López Obrador es justamente lo contrario.

La propuesta de AMLO se aleja de la idea de unidad nacional, de la mexicanidad, él apuesta por la división y la polarización de la sociedad mexicana, sin importarle confrontar a unos con otros.

No contento con ello, en lugar de buscar el reforzamiento de la identidad y unidad de los mexicanos, busca, entre sus obsesiones de taberna juvenil, a otras naciones e idolatra a otras identidades lejanas, en una visión para algunos, muy romántica.

AMLO ha convertido los festejos por el aniversario de los doscientos años de la Independencia en una fiesta personal, imponiendo sus caprichos y su trastocada ideología, sin considerar lo que México y su pueblo son.

En su conferencia mañanera se regocijó, como si México fuese un país imperialista que ve solo para abajo, al asegurar que en la fiesta del 15 de septiembre participarán más de 16 dignatarios de América Latina y del Caribe: “Los países van a acompañar a México y además México acompañará a varios países que estamos celebrando, conmemorando el bicentenario de nuestras independencias”.

En la ceremonia del desfile conmemorativo del 16 de septiembre, AMLO tendrá como invitado de honor al presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel: “Por eso el general Cárdenas defiende la Revolución cubana, por eso Adolfo López Mateos es el presidente que da la orden para que México vote en la OEA en contra de la expulsión de Cuba. Y siempre hemos tenido muy buenas relaciones y somos respetuosos de la independencia de los pueblos”.

Estamos hablando de una fiesta por la identidad de México y para los mexicanos, pero, según afirma AMLO, el presidente de Cuba emitirá un discurso, algo que nunca se había visto en las fiestas patrias. El compañero presidente, trata de justificar señalando que se le dará el mismo trato que a los presidentes de Bolivia, Ecuador y Guatemala.

La diferencia es que los mandatarios de esos países pronunciaron discursos en el marco de una visita oficial y no en la celebración más importante de México.

Lo que debe quedar claro, es que, aunque siempre han sido invitados los miembros de cuerpos diplomáticos acreditados en el país, nunca habían intervenido o fijado un posicionamiento político.

También es importante aclarar que no se trata de cuestionar las ideologías de los gobiernos afines al de AMLO como Cuba, Venezuela o Bolivia. La misma critica sería si se invitara a Joe Biden, al Rey de España o a cualquier otro mandatario a dar un discurso en el desfile militar que conmemora la independencia de México.

Es un grave error del presidente el politizar e internacionalizar las diferencias políticas en plena ceremonia de Independencia. No es adecuado hacer de los festejos de la nación una fiesta personal, como lo haría cualquier emperador frente a sus súbditos.

A diferencia del resto de presidentes posrevolucionarios, las acciones de AMLO generan la división entre los mexicanos y no promueven la unidad que el país tanto necesita.

¡Viva México!