Despega la aeronave para volar en la oscuridad. Se aleja de las costas de Guerrero para penetrar en la bóveda oscura, una penumbra tan profunda como la garganta del diablo; a la vez un haz de luz se extiende sobre el mar… ellos son los únicos testigos de aquellos vuelos siniestros.

Helicópteros o aviones militares llevan a bordo los cuerpos de quienes fueron ilegalmente detenidos en la víspera, torturados, narcotizados o asesinados para arrojarlos en la inmensidad de esas aguas.

No debe quedar ningún rastro de esos malditos disidentes. Que el mar se los trague.

¿En dónde están los estudiantes de la Escuela Rural de Ayotzinapa? Casi doce años han pasado desde su desaparición. Los padres solo han recibido una sarta de crueles esperanzas, llenas de mentiras y vanas buenas intenciones.

Investigaciones repletas de contradicciones, complicidades y secretos.

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Los padres no cesan de buscarlos, de suplicar. Algunos de ellos ya han sido alcanzados por la muerte, han cerrado los ojos sin volver a ver a sus hijos. Exhalan el último suspiro lleno de dolor, de impotencia y duda.

Don Francisco Rodríguez Morales, emprendió hacia allá el cielo, era padre de Everardo Rodríguez Bello, uno de los estudiantes de Ayotzinapa. Francisco se encontró con la muerte, después de buscar de manera incansable a su hijo por casi 12 años. Minerva Bello, madre de Evarardo, ya se había adelantado, murió en 2018. Las lágrimas vertidas por los papás de Everardo, y por los demás estudiantes fueron de manera cruel ignoradas.

“¡Ya supérenlo!”, dijo cínico el entonces presidente Enrique Peña Nieto.

¿Qué pasó con los estudiantes? ¿A dónde los llevaron? ¿Fueron arrojados a la garganta del diablo?

Los “vuelos de la muerte” han sido un método macabro de exterminio y desaparición forzada de opositores políticos, líderes agrarios, integrantes de guerrillas, o cualquiera que en su tiempo pareciera o fuera una amenaza para el gobierno en turno.

¿Qué representaban para el gobierno municipal, estatal y federal ese grupo de estudiantes de Ayotzinapa? ¿Qué les hicieron a los jóvenes? ¿Se llevaron el camión con heroína que comprometía a los más altos mandos?

La “verdad histórica”, la versión oficial del gobierno de Peña Nieto sobre lo ocurrido la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014, esta falsa “verdad” fue presentada públicamente en una conferencia de prensa el 27 de enero de 2015 por el ahora exprocurador general de la República, Jesús Murillo Karam, y el exdirector de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón de Lucio, hoy prófugo en Israel.

Oscuras figuras del sexenio de Peña Nieto…

Un “selecto grupo” se dio cita en la entonces Residencia Oficial de Los Pinos para pactar la “verdad histórica”. Inventar los hechos, ocultar la verdad, proteger a los involucrados, no dejar rastro de los jóvenes e ignorar la angustia de los padres.

Crímenes de lesa humanidad…

Los vuelos de la muerte han sido una modalidad de ejecución y desaparición forzada por los regímenes militares y dictaduras para eliminar a disidentes políticos, sin dejar rastro físico de las víctimas ni de los delitos.

¿Se volvió a esa práctica?

¿Qué pasó con los estudiantes de Ayotzinapa? ¿Fueron trasladados a la Base Aérea Militar N.º 7 en Pie de la Cuesta, en Acapulco? ¿Fueron sometidos al mismo método utilizado durante la Guerra Sucia en la que los cuerpos torturados y ejecutados eran metidos en sacos con piedras y arrojados al Océano Pacífico?

“Fueron quemados por el grupo delincuencial Guerreros Unidos en el basurero de Cocula”, afirmó el arrogante y cansado Jesús Murillo Karam.

La “verdad histórica” fue destruida científicamente por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). Peritos del equipo argentino demostraron que para incinerar 43 cuerpos a la intemperie hasta volverlos ceniza se habrían necesitado 30 toneladas de madera, 13 toneladas de llantas, miles de litros de diesel o gasolina; se hubiesen necesitado 60 horas continuas de manera ininterrumpida bajo una temperatura de entre 800 °C y 1,000 °C durante al menos 60 horas continuas.

Esa noche llovía…

“Los delincuentes pusieron las cenizas en bolsas negras de basura para posteriormente arrojarlas al Río San Juan”, dijo, el entonces procurador.

Tomás Zerón de Lucio presuntamente sembró bolsas negras con restos óseos en el río un día antes del hallazgo oficial. Eran los del normalista Alexander Mora Venancio.

Zerón se había trasladado en helicóptero al lugar con un detenido que había sido torturado.

Los vuelos de la muerte hicieron recorridos macabros en Sudamérica y México.

En Argentina, Jorge Rafael Videla fue el dictador principal y más longevo. Durante la última dictadura militar argentina, la junta militar, que era el órgano supremo de gobierno, un triunvirato compuesto por los comandantes en jefe de las tres fuerzas armadas del país: el Ejército, la Armada (Marina) y la Fuerza Aérea, llevó a cabo un plan sistemático para la desaparición de personas que eran detenidas de manera ilegal, y eran trasladadas secretamente a los centros clandestinos de detención como la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) y Campo Mayo.

A los prisioneros se les inyectaba un sedante, llamado “pentonaval” y ya inconscientes eran arrojados vivos en el mar que pertenece a Argentina o al Río de la Plata.

En el proceso judicial más grande de la historia del país en 2017, se dictaron 29 condenas a prisión perpetua a pilotos de los vuelos de la Prefectura Naval. Y entre ellos, Alfredo Astiz, conocido como el “Ángel de la Muerte” un oficial de marina.

Durante el periodo en el que se cometieron las desapariciones forzadas en Argentina (1966-1983) el país no tenía un presidente constitucional, era una sucesión de militares.

En Chile los vuelos de la muerte y la desaparición forzada se ejecutaron bajo las órdenes del dictador Augusto Pinochet quien gobernó de 1973 a 1990.

La Caravana de la Muerte” en 1973 esa fase operativa sembró el terror. Pocas semanas después del golpe de Estado de 1973, fueron extraídos presos políticos de diversas cárceles y se ejecutó a cerca de 100, enterándolos en fosas clandestinas. A finales de 1975 Pinochet, temeroso de que se descubrieran los cadáveres exigió desenterrarlos de las fosas, meter los restos en sacos con rieles de ferrocarril como peso para que no flotaran para después arrojarlos al mar, de esa manera fueron desaparecidos alrededor de 500 cuerpos.

Augusto Pinochet fue arrestado en Londres en 1998. Fue procesado por el caso de la “Caravana de la Muerte” y se determinó que tenía plena responsabilidad penal. Sin embargo, su defensa dilató el proceso y Pinochet murió en la impunidad en diciembre de 2006.

En México, Luis Echeverría Álvarez murió a los 100 años de edad, impune también. Jamás pisó la cárcel ni recibió una condena firme por crímenes de lesa humanidad.

En la década del 2000, se emitieron órdenes de aprehensión en su contra por la matanza de estudiantes en Tlatelolco (1968) y la masacre del Jueves de Corpus o el Halconazo en 1971. Por su avanzada edad, 84 años entonces un benévolo juez le otorgó el beneficio de arresto domiciliario en su lujosa residencia en la Ciudad de México. En 2009, un tribunal federal lo exoneró.

Enrique Peña Nieto, vive la vida recorriendo el mundo, Osorio Chong, no ha sido molestado, Murillo Karam en su mansión dizque preso, Tomás Zerón prófugo, Ángel Aguirre exgobernador de Guerrero fue detenido el 6 de agosto de este año, Iñaki Blanco Cabrera, procurador de Justicia de Guerrero, rechazó que en su periodo se hayan destruido u ocultado evidencias, pero, y los generales de alto rango de las fuerzas armadas…

¿A quién se protege? ¿Al Ejército? ¿Sabremos algún día la verdad? ¿O seguiremos en la ignorancia hasta que emprendamos el vuelo?