He terminado de leer recientemente el libro intitulado Habsburgs on the Rio Grande, del historiador estadounidense Raymond Jonas. Conocí el nombre del autor en un artículo de Enrique Krauze, publicado en la revista Letras Libres en el que hace una reseña sucinta sobre el texto del profesor de la Universidad de Washington.
El libro aborda el episodio de la historia de México conocido como la Intervención Francesa y el establecimiento del Segundo Imperio Mexicano bajo la figura del emperador Maximiliano de Habsburgo. Sin embargo, el historiador ha buscado darle un nuevo enfoque. La trama del texto reside en la valoración de los contextos geopolíticos de la época marcados por la expansión de los Estados Unidos, el conflicto bélico que culminó en la celebración del Tratado de Guadalupe-Hidalgo que conllevó la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano, la Guerra de Secesión estadounidense y la misión expansionista promovida desde Washington.
A juicio de Jonas, el deseo de los conservadores mexicanos que viajaron a Europa para negociar con Napoleón III y ofrecer el trono mexicano al archiduque austriaco estuvo principalmente motivado por el deseo de conservar al México de lengua española, conservador y católico de la temida influencia imperialista del gigante estadounidense.
Debe recordarse que la historia de México narrada por los liberales del siglo XIX pretendió en todo momento ensalzar a Benito Juárez y a los vencedores de las guerras de Reforma como los padres de la nueva nación mexicana. A la vez, desacreditaron a historiadores como Lucas Alamán. Aquellos personajes como José María Gutiérrez de Estrada y José Manuel Hidalgo, entre otros, entiéndase, los conservadores mexicanos que acudieron a la reunión con Maximiliano en Miramar, fueron severamente denostados por una nueva narrativa histórica cuyo objetivo era calificarles como auténticos traidores a la patria.
Sus nombres se sumaron a otros como Félix Zuloaga, Miguel Miramón y Tomás Mejía. Es decir, todos los hombres que de alguna forma se opusieron al proyecto encabezado por Juárez y los otros preclaros liberales fueron condenados al oprobio por parte de los sucesivos gobiernos de la Restauración y del siglo XX.
Jonas, si bien no busca defenderles, pretende ofrecer una nueva perspectiva dirigida a poner su decisión en contexto. Tal vez alejados de una voluntad de “vender” la patria a Napoleón III y a Maximiliano, sus actos derivaron de un genuino temor de que Estados Unidos, en la cúspide de su poder político y militar tras su triunfo sobre la Confederación, diese continuidad a la hazaña iniciada en 1848 con la anexión de una enorme porción del territorio mexicano.
Francia, España, y Austria, potencias católicas europeas, en su interés de salvaguardar a México y al resto de América Latina del expansionismo yankee, dieron lugar a una serie de acciones geoestratégicas dirigidas a proteger al continente frente a un temido enemigo dispuesto a traicionar los valores liberales de sus padres fundadores.
En suma, Los Habsburgos en el Río Grande no tiene desperdicio. Con una prosa clara, concisa y completa, con información y datos sobre el contexto internacional de la segunda mitad del siglo XIX, Jonas ofrece la visión de un historiador estadounidense que reproduce los acontecimientos de esa centuria; pero con un enfoque distinto que hace su texto sobremanera valioso para aquellos interesados en comprender los avatares del convulso periodo posterior al término de la guerra civil estadounidense.




