Hay decisiones desde el poder que su impacto, su costo, es inmediato; otras se perciben en algunos meses, otras, las más perniciosas se transfieren a las próximas generaciones. México debió haber aprendido de sus errores pasados. Uno de los temas es la economía o las finanzas públicas; desafortunadas decisiones a partir del voluntarismo estatista o medidas correctivas para enderezar el camino se proyectaron en el tiempo por décadas. Desde la última crisis financiera hace 31 años, se aprendió a cuidar las cuentas nacionales. El país transitó a la democracia, vinieron gobiernos diferentes a los del PRI, partido que había dominado por buena parte del siglo, la estabilidad se mantuvo, hasta que llegó el obradorismo al poder.
López Obrador leyó bien a la economía. Su compromiso de no cambiar la Constitución en los primeros tres años y mantener el equilibrio entre gasto e ingreso cayó bien. Un populista neoliberal no estaba mal, el ahorro de décadas permitía reacomodar el gasto con la asignación directa de dineros a la población, además de un incremento en salarios deliberadamente deprimidos. La economía daba para eso; pero el crecimiento no ocurrió; la desconfianza de los más desalentó la inversión. No todos, la oligarquía, la llamada mafia del poder se entendió bien con el presidente y los más ricos de los ricos fueron los más beneficiados del reacomodo; también los bancos, como les echaba en cara López Obrador en su encuentro anual y no se diga los nuevos ricos, contratistas de la 4T.
Dos mil veinticuatro es el fin del ciclo. Las decisiones de economía, como las obras emblemáticas obedecían, por una parte, al capricho presidencial; la menos desafortunada, el transístmico, pero la falta de planeación, estudio y exceso de corrupción malogró el proyecto. De lo demás hay sobrada evidencia del fracaso. La otra razón de gasto fue la determinación de reproducirse en el poder, por eso los programas sociales se aceleraban en tiempos electorales, de manera considerable en 2024, al igual que el contrabando de combustible. El financiamiento criminal del régimen significaría que la impunidad se volviera condición de existencia.
El segundo piso de la cuarta transformación de la vida nacional llegó en el marco de una discreta pero profunda crisis financiera, explícita en materia de seguridad que obligó a la presidenta Sheinbaum a declinar en la deriva militarista y en la virtual amnistía a los criminales. López Obrador acabó con los ahorros en fideicomisos y otros recursos; recurrió a un incremento mayúsculo de la deuda en 2024. Se ganó el gobierno y el Congreso, destruyendo el último recurso institucional para la contención del poder presidencial, el Poder Judicial Federal. Sí se ganó el gobierno y el Congreso, pero se perdió al Estado y con este la presidencia de la República, acrecentado por la pérdida del monopolio de la violencia. La inversión en 10% del año previo en Pemex da cuenta del abandono y explica la tragedia por los siniestros, ayer Dos Bocas, ahora Campeche y Veracruz.
Para algunos es un exceso señalar que no hay Estado. No es cuestión de teóricos ni de historia entender que para que exista requiere el monopolio de la violencia y legalidad. Si hay Estado democrático, además, tendría que haber vigencia plena de derechos políticos, el respeto al voto y elecciones equitativas, sin interferencia del gobierno y menos del crimen. Las oposiciones institucionales no lo advierten. Están prestos para una batalla en exceso dispareja, distinta. No se debe declinar en la lucha por el voto, pero requiere claridad sobre qué es lo que se enfrenta: unirse y convocar al ciudadano no solo a la disputa por cargos, sino para terminar con el régimen autoritario, coludido en muchas partes con el crimen organizado y que confirma que la impunidad es condición de existencia.
Las condiciones de vida se han deteriorado. El horizonte es de incertidumbre, las finanzas no resisten la presión que viene del exterior, particularmente el despunte de la inflación y si la inestabilidad se prolonga, se avizora una recesión mundial. Sin olvidar los efectos de la extorsión, práctica nacional. México no lo resiste, sus finanzas están colgadas de alfileres, así las dejó López Obrador. El gobierno ofrece buenas cifras de la economía para 2027, ¿por qué no mejor ofrecer el paraíso si se vota por el régimen? Efectivamente, los errores del obradorismo afectarán a generaciones; cuanto más pronto venga el cambio, mejor. Pudo haber sido desde dentro, no ocurrió así. ¿Tarde? Así parece. El abandono prosigue.
