Mucho se especuló que los resultados de la elección desahogada el pasado domingo 5 de junio del año en curso en las entidades de Oaxaca, Hidalgo, Quintana Roo, Aguascalientes, Tamaulipas y Durango serían un referente sustancial para establecer lo que puede ocurrir en la elección federal de 2024, en la que habrá de elegirse un nuevo presidente de la República así como la renovación del Senado y de la Cámara de Diputados al Congreso de la Unión, además de otras elecciones locales concurrentes sin dejar de observar que el próximo año se eligen también cargos de elección popular en algunas entidades importantes, entre ellas el Estado de México. Pero lo que hay que dejar muy claro es que no necesariamente lo ocurrido es un reflejo de lo que vendrá, por más que los simpatizantes del actual régimen político que impera a nivel nacional en el país bajo la égida del presidente Andrés Manuel López Obrador, (la llamada Cuarta Transformación o 4T; su partido Movimiento de Regeneración Nacional ‘Morena’, y algunos analistas que favorecen a esta corriente en su simpatía), lo quieran imponer como el avance consolidado de su partido que va a determinar el triunfo aplastante en las próximas elecciones que hemos citado.

Y el tema fundamental es que no es posible tomarlo como un parámetro real, siendo que las elecciones registradas el 5 de junio fueron marcadas por diversos factores en cada entidad.

Las elecciones 2022 en Hidalgo y Oaxaca

En el caso de Hidalgo, siendo el Gobernador Omar Fayad Meneses, uno de los mandatarios más señalados, más golpeados por la lengua en los discursos del entonces candidato López Obrador, quien lo tachaba de corrupto y era objeto de todas las críticas posibles, bastó que el presidente accediera al cargo para que en una gira inicial, siendo todavía electo, por algún tipo de arreglo, porque es lo que puede presumirse, de repente fue purificado y pasó de ser uno de los más corruptos y con los señalamientos más oscuros, a convertirse en el más limpio, más honesto, más eficaz y el mejor de todos los gobernantes del país según el Ejecutivo de la Nación.

Bajo ese presunto acuerdo, se vio cómo desde la primera elección en que se votó hace tres años por legisladores locales y alcaldes en Hidalgo, el PRI pasó de ser la primera fuerza dominante, sólida, y ampliamente superior al resto de fuerzas políticas, el bastión que nunca había perdido el PRI en toda la historia moderna, a perder prácticamente todas las posiciones políticas en juego y que fueron ganadas por Morena, habiendo señalamientos muy contundentes de que fue por la mano del gobernador Omar Fayad que actuó a favor del partido del presidente.

Además el ingrediente en el caso de Hidalgo es que la candidata al gobierno del estado, Carolina Viggiano, se sabe tiene un enfrentamiento con el gobernador Fayad al ser de grupos distintos, aunque ambos se nutrieron políticamente de los grupos locales que siempre han tenido la égida y el poder político del PRI en Hidalgo, por lo tanto se realizó ahí la elección y ocurrió lo esperado el triunfo de Morena, con lo que se debe llamar la traición de su partido del Gobernador.

El mismo caso o ya similar fue lo ocurrido en Oaxaca, en donde el gobernador Alejandro Murat, también se convirtió en uno de los favoritos del presidente y sucedió lo mismo, de ser un estado que siempre había sido dominado por el PRI pasó a ser uno de los estados con mayor “presencia política” de Morena.

Murat entregó Oaxaca a Morena, como Fayad a Hidalgo.

Las elecciones 2022 en Quintana Roo, Tamaulipas, Aguascalientes y Durango

En el caso de Quintana Roo, sucedió que no hubo la alianza completa, solamente una candidata impulsada por una coalición PAN-PRD, un PRD que tiene poca presencia y un PAN que sí la tiene mayor que otros partidos, pero no les alcanzó sin la concurrencia del PRI.

Pero también por otro lado, hay que decir que la candidata Laura Fernández tenía señalamientos delicados en cuanto a sus anteriores gestiones como alcaldesa y como legisladora que, ciertos o no, porque también caben los rumores y las elucubraciones, le ocasionó una mala imagen que acabó por detonar el triunfo a favor de la candidata de Morena, la alcaldesa de Cancún, Mara Lezama, quien no realizó un papel ni siquiera mediano en su paso como edil del municipio de Benito Juárez, que es al que pertenece la cabecera municipal que es Cancún, de ahí que el resultado tampoco pueda ser considerado como un referente real hacia el futuro.

Y las otras tres entidades federativas donde sí hubo candidatos aceptables, competitivos como es el caso de Aguascalientes y de Durango, que compitieron con la alianza completa PRI-PAN-PRD y con un buen trabajo electoral, de organización y de acercamiento a la sociedad vencieron a los candidatos postulados por Morena de una manera inevitable, por lo que se ve que cuando la alianza funciona pareja, donde hay discurso adecuado, una narrativa ordenada, campañas estratégicamente planeadas, participación de las tres fuerzas políticas en cuanto a su dimensión cada una de ellas lo que puede aportar y con candidatos idóneos, se puede ganar.

En el caso de Tamaulipas el abanderado postulado por la alianza era un muy buen candidato, César “El Truko” Verástegui, pero no le alcanzó porque finalmente le hizo daño lo ocurrido en anteriores sexenios; el hartazgo de la gente en contra del PRI por gobernantes que resultaron thruanes como Eugenio Hernández o Tomas Yarrington por citar algunos que están implicados en asuntos penales, y también el gobierno actual a cargo del panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca, tildado igualmente por señalamientos de corrupción, lo que provocó que la gente buscara la alternancia pensando en que Morena podría ser el cambio adecuado. Pero hay que dejar en claro que el candidato al gobierno del estado de Tamaulipas postulado por Morena, Américo Villarreal Anaya, es hijo de un destacado priísta, el exgobernador Américo Villarreal Guerra, quien goza de una amplia y adecuada presencia social política en la entidad y esto fue usufructuado por su vástago que además no ha tenido mala actuación en los cargos que ha desempeñado por lo tanto puede considerarse como un referente.

Lo que queda claro es que falta tiempo y que aún sin el concurso de una alianza integrándola otros partidos, los tres partidos clásicos que se aliaron hace tres años y ahora, es decir, PRI-PAN-PRD tienen posibilidades de dar la pelea cuando hacen las cosas bien; cuando hacen campaña adecuadamente, con estrategia, con planeación, con un discurso adecuado y con candidatos que pueden ser competitivos.

Habrá que esperar que esta lección la aprendan y desde ahora se busque esa gran alianza pero no nada más entre partidos, sino también con la sociedad que es la que debe de apoyar porque son más los ciudadanos integrantes de organizaciones políticas, plurales, de organizaciones sociales, asociaciones cívicas, o simplemente ciudadanos que quieren participar y que quieren que quede atrás el actual régimen por no estar de acuerdo con él, incluidos muchos que votaron por Morena pero que ya se han desencantado de la actuación del actual gobierno.

Además, si se logra que más allá de repartos estrictos, de componendas, de pago de favores o de imposiciones de dirigentes, se elijan candidatos incluso a lo mejor apartidistas pero que sean bien vistos por la sociedad se puede ganar si se ponderan cualidades, calidades y perfiles idóneos.

Eso es lo que hasta ahora, sin meternos a resultados exactos que habría que analizar partido por partido y estado por estado, se puede establecer a priori.

La lección ahí queda: se debe buscar hacer una alianza amplia, un movimiento fuerte que contenga buenos aspirantes aceptados por la sociedad que es la que finalmente va a decidir el resultado electoral, para poder lograr el triunfo como se consiguió en Aguascalientes y en Durango.

Salvador Cosío Gaona en Twitter: @salvadorcosio1

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