Existe una confusión tremenda acerca de quién compuso la increíblemente sapiente y bella canción “La Chancla”. En internet la autoría se reparte entre Tomás Ponce Reyes, Salomón Jiménez, Tomás Reyes, Jaime Fernández, Simón Jijón, Cuco Sánchez y hasta José Hernández.

Sin embargo, más allá del dato que la gente especializada podrá aclarar, los versos de “La Chancla” sirven hoy para explicar la encrucijada de la presidenta Claudia Sheinbaum frente al Partido Verde y al PT en el marco de la reforma electoral.

Si la reforma se aprueba con el apoyo de ambos partidos parásitos, estos perderán posiciones por diseño institucional; si no se aprueba y esto conduce a la ruptura de la alianza con Morena, el resultado será el mismo: la pérdida de sus privilegios y de sus espacios en el poder legislativo.

“Que la chancla que yo tiro no la vuelvo a levantar. Si la decisión es, como parece, soltar alianzas que en el terreno ético restan más de lo que suman, no debe haber marcha atrás. Si la 4T rompe con dos partidos caracterizados por la inmoralidad y el oportunismo, significará que la izquierda mexicana ha decidido dejar de dilapidar su mayor patrimonio: la ética. Morena es lo suficientemente fuerte para avanzar sin lastre; lo mejor que le podría pasar al sistema político es que tanto el Verde como el PT queden en el olvido.

“Pa’ qué quiero más zapatos, si con unos tengo ya. Si Morena puede competir con fuerza propia, ¿para qué cargar con socios que dañan la reputación más de lo que aportan en votos? En el lenguaje político, los zapatos son las siglas. Para caminar sobre el suelo lleno de vidrios que dejaron el PRI y el PAN, el movimiento necesitó de tres pares: los modestos, marca Morena, y los fifís de conveniencia, marca PT y Verde. Con la enorme popularidad de la presidenta Sheinbaum, el escenario ha cambiado: Morena es hoy el único zapato que calza con un proyecto inspirado en la decencia y la lucha contra la corrupción —lacra que, irónicamente, define la trayectoria del Verde y el PT—.

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“Si me encuentran por ahí, díganles que ya no estoy. Parece haber terminado la etapa de la conveniencia electoral con figuras cínicas.

“Tan al pelo lo jallé, que ni me acuerdo de ti”. Sheinbaum consolidó una estructura de poder tan robusta que los aliados satélite ahora son accesorios prescindibles. Ella puede gobernar con cuadros más limpios, convirtiendo a sus antiguos socios en calzado viejo y desechable.

“Nomás un orgullo tengo, que a naiden le sé rogar”. La presidenta ha mostrado una línea de mando disciplinada. A diferencia de gobiernos anteriores que rogaban a los partidos parásitos para obtener gobernabilidad, la fuerza de Sheinbaum le permite decirles: “Ya no hacen falta, llévense su corrupción a otra parte”.

Que las chanclas que Claudia tire las recojan otros. Siempre habrá interesados: el PRI, experto en marrullerías, se sentiría con ellos realmente a gusto; el PAN, que presume pulcritud pero suele ser el primero en ensuciarse, sabría elogiarlos; o el dirigente de MC, Dante Delgado, fino coleccionista de piezas podridas en la pista electoral.