Para 1957 se realizan por primera vez concentraciones, más en forma, para encarar las eliminatorias rumbo a ese campeonato mundial, a celebrarse en Suecia al siguiente año. Una vez más, se pasó “caminando” con un solo partido difícil, un empate a cero goles en San José de Costa Rica. La concentración final fue también algo mucho más formal que las que hubo con miras a mundiales anteriores, aunque todavía no era lo óptimo, un mes tardó, para al finalizar partir rumbo a Canadá, donde se jugaron dos partidos amistosos sin gran trascendencia.

Entre los elegidos para aquel representativo nacional, estaban el ya tradicional nombre de Antonio “La Tota” Carbajal, Jesús del Muro, Guillermo Sepúlveda, el “Jamaicón” Villegas, José Antonio Roca, Raul Cárdenas, Alfonso el “Pescado” Portugal, Jaime Belmonte y Salvador “Chava” Reyes. En la dirección de aquel seleccionado iban la dupla conformada por Don Antonio López Hernández y Don Ignacio Trelles. De Canadá se viajó en avión hasta Lisboa, Portugal, en un trayecto con duración de 33 horas. Ya en esa Ciudad, se permaneció ahí por dos semanas, entre entrenamientos, juegos de práctica y paseos. Arribando a Suecia, la Selección Mexicana fue alojada en instalaciones de primera, de una Universidad, y tuvieron el privilegio de tener la experiencia de vivir el fenómeno del “sol de medianoche”, que es cuando durante las 24 horas del día no se oculta el sol.

El primer partido se disputaría, ni mas ni menos, que contra el equipo anfitrión, Suecia, mismo que se jugó en el estadio de Solna, donde México jugó de manera muy aceptable, pero al final la localía se impuso y el marcador fue adverso a México por 3 goles a 0.

En el siguiente compromiso, contra el país de Gales, México al fin conseguiría, ni mas ni menos, que su primer punto en una Copa del Mundo. Los futbolistas mexicanos tenían, francamente, miedo de que alineara John Charles, su implacable delantero, el cual sí jugo, pero la Selección Mexicana, que en ese torneo jugaba por primera vez con casaca de color verde (antes lo había hecho de un color entre rojo y guinda) comenzó dominando, pero un gol de los galeses se clavó en la portería azteca mediante una descolgada, a lo que todo mundo auguraba otra goleada en contra.

Por fin, y con un avance del “El mulo” Gutiérrez y Sesma se envió un centro al área, con ansioso balón de cuero por encontrar una cabeza mexicana, que lo hizo, en la persona de Jaime Belmonte, ícono del Irapuato. Gol para el 1 a 1; al escucharse el silbatazo final todo era fiesta y felicidad sin par, incluso para Jorge Romo, jugador mexicano que con el pie recién fracturado llevaba anestesiado todo dolor posible. Mexico hacía historia pura.

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El tercer compromiso se llevó a cabo en la Ciudad de Sanviken. Fue contra la entonces potencia mundial Hungría. México comenzó a jugar con acierto, pero se complicaron las cosas con una lesión mas, esta del “Tigre” Sepúlveda, y una media hora después la de Jesús Del Muro. Así, con la defensa hecha una ruina, los húngaros nos propinaron otra dolorosa goleada, esta vez por 4 goles por cero.

Al regreso a México, la afición y la prensa se portaron bien para con la Selección Nacional, no por nada se había dado el primer gran paso en estas justas mundiales.