Cada vez que comienza un proceso electoral, la política cambia de ritmo. Empiezan las reuniones, los recorridos, las propuestas y también las preguntas sobre lo que viene.

En el Estado de México, como en otro estados, ya entramos en esa etapa.

Pero antes de meternos de lleno en campañas, partidos o candidaturas, creo que hay una pregunta mucho más importante: ¿qué espera realmente la gente de quienes hacemos política? La respuesta, para mí, es bastante sencilla: la gente busca resultados.

Quiere que el agua llegue a su casa, que las calles estén en buenas condiciones, que haya seguridad, que sus hijos tengan oportunidades para estudiar y trabajar, que existan buenos servicios de salud y que cuando alguien tenga un problema encuentre una autoridad que lo escuche y le ayude a resolverlo.

Y mientras en la política empezamos a hablar del 2027, esos problemas, en su mayoría muy concretos, están ahí todos los días.

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Por eso, uno de los grandes retos de los próximos meses será no permitir que la elección nos distraiga del trabajo por hacer para enfrentar las problemáticas que existen aquí y ahora.

Quienes tenemos una responsabilidad pública no podemos poner pausa a nuestras obligaciones porque comenzó un proceso electoral. Al contrario, estos meses deberían servir para trabajar todavía más y demostrar con hechos qué hemos hecho, qué falta y en qué podemos mejorar.

Porque la gente se da cuenta y recuerda. Sabe quién regresa a las comunidades, quién escucha y quién soluciona, temporalmente.

Hoy también tenemos una ciudadanía mucho más informada y exigente. Las personas preguntan, comparan, revisan lo que se prometió y ven si realmente se cumplió.

Y qué bueno que así sea. La política necesita ciudadanos que pregunten, que participen y que exijan resultados. Eso nos obliga a quienes estamos en el servicio público a trabajar mejor y a no perder el piso.

También debemos entender algo: pensar diferente es completamente normal.

No todos tenemos las mismas ideas sobre cómo resolver los problemas del estado y tampoco tenemos que tenerlas. Precisamente de eso se trata una democracia: de escuchar diferentes propuestas y permitir que cada persona decida cuál representa mejor lo que quiere para su comunidad.

El problema comienza cuando dejamos de discutir ideas y empezamos únicamente a pelear entre nosotros. México ya ha vivido demasiados momentos de división como para pensar que la solución a nuestros problemas está en enfrentarnos unos con otros.

Podemos competir con fuerza, defender nuestras ideas y señalar aquello en lo que no estamos de acuerdo, pero sin olvidar algo básico: cuando termina una elección seguimos siendo vecinos, compañeros, amigos y familias.

Y las problemáticas siguen estando; cuando una familia necesita un empleo, cuando un joven busca una oportunidad o cuando una comunidad pide mayor seguridad, poco importa el color político de quien está enfrente.

Lo que importa es encontrar soluciones. El Estado de México tiene 125 municipios y cada uno vive una realidad diferente. Hay comunidades rurales, grandes ciudades, zonas industriales y lugares donde todavía hacen falta servicios que deberían ser básicos.

En los años que llevo recorriéndolos, he obtenido resultados en escuchar, caminar, trabajar, hacer equipo; cosas mucho más allá que solo discursos.

Por eso, mientras empiezan las preguntas sobre quiénes estarán en las boletas o qué sucederá en 2027, creo que hay otra pregunta que debería ocuparnos mucho más: ¿Qué vamos a hacer de aquí a entonces?

Todavía tenemos tiempo para resolver problemas, impulsar proyectos y estar cerca de nuestras comunidades. Hay mucho trabajo pendiente y también muchas oportunidades para hacer las cosas bien.

Al final, las elecciones llegan y pasan pero la gente sigue ahí. Y nuestra responsabilidad más grande, está justamente ahí. Y nuestra responsabilidad más grande está ahí justamente.