Debido a la alta tensión que se ha vivido durante este lapso, naturalmente, siempre es sustancial poder ver que los canales de comunicación se abren para que el funcionamiento de los tratados comerciales encuentre un faro de luz. La sinergia, que al final es la clave del entendimiento, ha comenzado a tornarse positiva ahora que se han concretado reuniones de primer nivel en Washington. De ese modo, se formó, podemos decirlo así, la primera mesa de trabajo en el arranque del año en curso. De hecho, lo importante, que culminará en la firma de los tres países que integran el T-MEC, será plasmar una rúbrica que beneficie a todos los países, principalmente al nuestro, ahora que el territorio ha incrementado su producción como resultado de la industrialización y del proyecto Plan México.
Aspectos como esto, que atestiguamos a través de los medios de comunicación, nos hacen pensar que la voluntad del vecino país es mayúsculo por lo importante que es México no solo de ahora, sino de décadas atrás en las que se reguló el comercio con mecanismos legales y constitucionales. El tratado del T-MEC, de hecho, es un acuerdo internacional que no se puede disolver de un plumazo. Sabemos que el vecino país ha amagado y sugerido desaparecer el convenio entre México y Canadá; sin embargo, hay muchos elementos que rigen y fundamentan estos lineamientos no solamente por el valor y la calidad de los productos que se exportan, sino porque compartimos un cruce fronterizo por una franja inmensa. Inclusive, en muchos productos se aplican impuestos en las aduanas que, al final de cuentas, están pactadas en el esquema arancelario que se estableció.
Ante esa premisa, lo más sustancial es encontrar salidas que beneficien a los tres países. Sumado a ello, en definitiva, otro de los objetivos es reducir los costos que se aplican a los productos que cruzan al vecino país. Recordemos que, como tal, México es potencialmente activo en ese sentido. Los productos que se encuentran en los supermercados de EU, además de pasar por un control de calidad minucioso, son de bajo costo; o sea, accesibles para las familias que radican allá. Aquí, sobra decirlo, debemos aplaudir los buenos oficios porque el año 2025, plagado de posturas de endurecimiento de Estados Unidos, fue la principal prueba de fuego para nosotros, específicamente para la presidenta constitucional, Claudia Sheinbaum. Ya hemos hablado un poco de esa etapa que, de cierta forma, se caracterizó por ser un tramo de evaluación al que recurrió la Casa Blanca para ver si había más incremento o no en el rubro arancelario.
Eso, como tal, hizo que la perspectiva diera un giro y, en sí, se tuvo que optar por el diálogo y la colaboración. Nuestro país, dándole toda la prioridad al rubro de la seguridad, reforzó los cruces fronterizos y aumentó la presencia de efectivos. Eso fue, indudablemente, una muestra de voluntad de que se trabajaría con coordinación, pero no con sumisión. De ese modo, fluyó la apertura en el tema de importación y exportación y, a la postre, fue el principal detonante para que tuviese una fecha pactada del primer encuentro de este 2026. Nuestra mayor ventaja, que se notó el pasado miércoles, es la determinación con la que vamos. Decididos a hacer historia, evidentemente, nos alegró ver el mensaje del secretario de Economía desde Washington. Supimos que eso, que abarca una agenda mayúscula, solo es el principio de los buenos presagios en la apertura.
Y alguien como Marcelo Ebrard, que le sabe al tema a la perfección, manejó los tiempos a favor. Supimos que, en sí, se abordan los pasos que habrán de seguirse. Algo así como un itinerario de reuniones y mesas de trabajo con las contrapartes. De hecho, esto viene de tiempo atrás. Hace poco, en efecto, dijimos que la negociación, por un lado, lleva cerca del 85%, lo que resulta promisorio, especialmente por un diálogo abierto y flexible con los pares. Siendo así, parece que el destino está marcado para que las cosas se den de la mejor forma posible. México, a propósito de ello, es la nación que mejor ha salido librada de este endurecimiento en las políticas arancelarias. Cerca del 90% de los productos están fuera del esquema arancelario. Se requiere mucha sapiencia para encontrar el hilo conductor.
En ese diálogo permanente y abierto, como dijimos, también trascendió que el embajador Greer ha instruido avanzar lo más rápido posible en los pormenores para plasmar la firma histórica que muy pronto se dará. Fue, ni más ni menos, una reunión al más alto nivel político. Podemos decir, de cierta forma, que comenzamos con el pie derecho este año que traerá muchos cambios profundos no solo en materia económica, sino constitucional. Ambas son medulares; sin embargo, lo que estamos tratando en los fragmentos de esta columna son los mecanismos e instrumentos que se han echado andar para establecer las estrategias que no se limitan únicamente a la capacidad de negociar, sino a la calidad de los productos que elaboramos con nuestras propias manos mexicanas.
Lo que está ocurriendo en nuestro país, de un plan humanista e integral, constituye uno de los principales generadores para que la estructura económica de México luzca sólida y vigorosa. Los polos de desarrollo, pero sobre todo el Plan México, se alimentan de esa vasta gama de recursos naturales y, de paso, de la industrialización a la que nos hemos adaptado con esos cambios vertiginosos. Eso tiene que ver con la eficiencia y la calidad que hemos elevado a niveles sustanciales. Eso, a todas luces, nos pone como una nación de avanzada, eso sí, con muchos elementos y credenciales para seguir encontrando coincidencias que nos lleven a tratados comerciales.



