Años atrás —cuando la derecha gobernaba el país— técnicamente no existía el sur, al menos no en las prioridades de desarrollo. Fue fácil, de hecho, formarnos un juicio de lo que la clase política conservadorapensaba acerca de esa región. Están los ejemplos claros de personajes ligados al PAN, al igual que al PRI y Movimiento Ciudadano. Entre comentarios y acciones, la derecha siempre construyó un andamiaje de ideas desigual. Ellos, incluso, se enorgullecían de la industria del norte, pero minimizaban el progreso del sur por falta de atención. De hecho, esos persistentemente fueron temas sustanciales de la conversación pública y, por ende, no era muy grato para el grueso de la población entender la brecha de un sistema político que jalaba para un lado, pero no para el otro.
El PAN y el PRI, que gobernaron por décadas, dejaron en la orfandad a miles de personas del sur del país. Siempre a medias; por ejemplo, suministraban elementos esenciales para fortalecer los rubros de la educación, la salud, la seguridad y los programas sociales. Por eso, las estadísticas de aprovechamiento y rezago eternamente fueron porcentajes muy bajos. Inclusive, además de la desatención, la inversión o el techo presupuestal que se asignaba siempre fue muy inferior al de enclaves del norte. En pocas palabras, había muy poco que presumir o resaltar, mayormente en modernización y movilidad social de la que hemos hablado constantemente. Siendo así, las alternativas de progreso eternamente quedaban mermadas por el abandono.
Al formarnos una concepción clara de lo que aconteció por décadas, uno de los grandes imanes del proyecto de transformación fue precisamente capitalizar ese hartazgo generalizado que estaba a la vista de todos. López Obrador, por ejemplo, prometió un cambio que, por un lado, atravesaba más por el tema de la voluntad. Luego de ganar las elecciones, de manera significativa, giró la mirada al sur del país al comenzar a esbozar ideas vanguardistas que, a la postre, han venido a darle un nuevo rostro a esa región del territorio nacional. Al tomar decisiones atinadas, con base en un bosquejo de factibilidad, AMLO hizo posible lo que parecía imposible o, de plano, lo que los gobiernos neoliberales no fueron capaces de aterrizar porque nunca —en ese tiempo pasado— hubo seriedad. Por eso la 4T, como la hemos descrito, ha sido un agente de cambio para que la justicia social tenga un equilibrio.
Solo por mencionar unos ejemplos, el sur del país ha concretado obra e infraestructura de primer nivel. El Tren Maya, el corredor interoceánico, la refinería Olmeca, así como otras políticas públicas, son la muestra más palpable de que la voluntad, bien aplicada, trae desarrollo colectivo. A su vez, sobra decir que la 4T acumuló inversiones millonarias en la construcción de carreteras, escuelas, hospitales y centros de salud comunitarios. Como esa muestra, evidentemente, hayamos más evidencias de apoyo y asistencia.
Hoy, como nunca, Claudia Sheinbaum ha dado continuidad y, por ende, se han ido alcanzando cifras récord en inversiones, lo mismo que la construcción de inmuebles que son una opción en la reconstrucción del tejido social. Una de esas grandes apuestas, que ha penetrado sustancialmente, es la Universidad Rosario Castellanos. Si vemos con detenimiento, el trabajo conjunto con los distintos órdenes de gobierno es, además de crucial, una labor palpable que da resultados inmediatos. La comunicación eficiente que hay con las autoridades locales, dado el mismo fin que se persigue, es un punto de cohesión. Esa capacidad ha permitido trabajar en conjunto con personajes de primer nivel como Eduardo Ramírez, Mara Lezama, Salomón Jara, Evelyn Salgado, Joaquín Días Mena, Layda Sansores y Rocío Nahle. Todos ellos, que hablan el mismo idioma de la 4T, asumen con mucha responsabilidad el mandato popular y, con ello, le han dado, con su colaboración, un nuevo rostro al sur del territorio nacional. Incluso, desde su llegada, representó no únicamente una alternativa, sino la esperanza de que la perspectiva diera un giro preponderante.
Todo eso, evidentemente, se ha modificado con la voluntad y el trabajo del proyecto de transformación. El sur, desde que Morena tomó las riendas del gobierno federal, la historia ha sido otra: hay progreso, desarrollo, inversiones, educación, proyectos innovadores y, lo más importante, satisfacción social por el compromiso que la 4T se ha echado al hombro.
