Hace unos días, especialmente el fin de semana, la presidenta constitucional visitó Baja California, una de las entidades que gobierna el proceso de transformación. De hecho, quienes desempeñan una función como la que ella encabeza están siempre en la lupa del escrutinio público. Hablo de los reflectores de la prensa y de cientos de dispositivos que graban cada paso y gesto de la mandataria. Inclusive, alguno de esos lentes captó un momento de exaltación de la jefa de Estado, que muchos consideramos una actitud hasta cierto punto normal porque se trata de un regaño legítimo a quienes, en teoría, representan los valores de la 4T. De ese modo, la oposición busca alguna excusa para esgrimir los ataques frontales; sin embargo, eso no cobró ni siquiera fuerza, pues las redes sociales y el juicio objetivo de muchos que hacemos periodismo fue, a grandes rasgos, una postura improvisada que deja una lectura clara de que, con el proyecto, hay que trabajar y no simular las acciones que se llevan a cabo.
Es muy claro: la presidenta señaló a quienes no están trabajando de cerca con la gente. Dada la esencia del proyecto de transformación, la consigna siempre ha sido trabajar y dar acompañamiento a las necesidades de la sociedad. Quizá pocos conocen la historia de Claudia desde su época estudiantil hasta sus prácticas científicas en las comunidades de Michoacán. Su larga estadía por esas tierras la hicieron cambiar más su perspectiva humanista. Siendo así, el mensaje de Sheinbaum es dejar de lado la parsimonia y ponerse con la sociedad a buscar alternativas para mejorar la calidad de vida, sobre todo aquellos actores que tienen un cargo de representación popular. Ellos y ellas, por obligación, tienen que salir a campo y recorrer cada uno de los rincones, primero, para informar los avances sustanciales que se están efectuando en el país, por otro lado, el activismo permite elevar la confianza con la gente.
Solo aquellos que lo hacen saben a lo que nos referimos en los fragmentos de esta columna. Otros, en cambio, solamente simulan estar efectuando activismo territorial cuando, en el fondo, no salen de su zona de confort. En Morena, hay que decirlo así, se requiere una purga de quienes militan en un partido que nació precisamente para ser una alternativa distinta. En muchos lados, en efecto, los puestos de primer nivel están plagados de oportunistas que, hasta hace poco, eran detractores de la 4T. Morena no debe condenarse a repetir los mismos errores que cometió con Germán Martínez y Lilly Téllez. Inclusive, hay muchos personajes que salieron de las filas de otras expresiones y que, como tal, han provocado un cambio de verdad.
Ya dijimos que otros, por un lado, hay que desenmascararlos porque solamente simulan el apoyo de la presidenta. Precisamente, una de las razones de la reacción de Claudia Sheinbaum en Baja California fue esa. Se encontró con el oportunismo o, de plano, quienes tienen el objetivo de tomarse una fotografía y presumir su cercanía con la presidenta. Para lograr el respeto de la mandataria, claro está, se requiere mucho amor y entrega al movimiento. Además de ello, la honestidad y la sobriedad con el comportamiento austero son esenciales. Sheinbaum, en otras palabras, odia la parafernalia y las excentricidades. Ella misma ha dicho, en momentos como este, que la rectitud debe predominar en cualquier entorno. La 4T debe ser un ejemplo de lo correcto.
Como presidenta de México, Claudia Sheinbaum ha sido un ejemplo a seguir. La prensa conservadora le podrá criticar las formas; sin embargo, regañar en público a quienes están simulando un trabajo territorial es, ni más ni menos, una llamada de atención para todos y todas. Aquí debe reinar el compromiso y la responsabilidad. De hecho, hay un juramento ante la sociedad y un pacto de austeridad republicana que, de no cumplirse, estarán sujetos al señalamiento directo. Por eso la función pública, al menos en la 4T, debe ser impoluta. Es verdad, muchos utilizan las siglas de Morena para sacarle el mayor provecho posible. La cuestión es que, para futuros puestos de elección popular o aspiraciones, habrá un estudio minucioso que calificará la propia sociedad que, en democracia, es el mejor juez para evaluar.
En concreto, no es que Claudia buscara desprestigiar a quienes invitó a trabajar con la gente, sino que actuó congruente con los principios intrínsecos de una mujer con valores. Así que, para aquellos que acudan a los eventos de la presidenta, deben pensar dos veces si hacen ruido para llamar la atención. Hablamos de la función de un mandatario que, pese a lo que sucedió, siempre cuida la investidura presidencial. Sheinbaum es una mujer íntegra. Sus profundas convicciones son, así de sencillo, el motor que la llevaron a Palacio Nacional y, con ello, ganarse la confianza plena de Andrés Manuel López Obrador.
