A estas alturas, cuando el desempeño de nuestros funcionarios continúa siendo puntual y representativo, el equipo responsable de los trabajos técnicos y operativos del T-MEC se prepara para trasladarse a Estados Unidos, concretamente a Washington. Desde el inicio existe la convicción de que un acuerdo comercial de esta magnitud no solo requiere actualizarse, sino afirmarse como una herramienta de largo aliento que reoriente sectores fundamentales para el crecimiento del país: cadenas de suministro, procesos productivos, exportaciones y temas arancelarios. Estos ámbitos, como hemos visto, han adquirido un peso decisivo debido al endurecimiento normativo impulsado durante la administración de Donald Trump.

En materia regulatoria —que se transforma conforme cambian las posturas políticas y económicas— México ha demostrado una notable capacidad de adaptación. Los cambios acelerados del escenario global han hecho de la capacidad de adaptación un recurso estratégico para México. En este escenario destaca la dinámica del equipo encabezado por Marcelo Ebrard, cuya actuación ha permitido revisar criterios, alcances y objetivos que el país se ha propuesto como prioridades. Sabemos, además, que un grupo de avanzada ya se encuentra en Washington desde hace varios días. Más que un simple operativo técnico, es un equipo que domina con claridad su encomienda: preparar el terreno para un acuerdo de alcance histórico que, contra todo pronóstico, confiamos en que se concretará gracias a la madurez y experiencia de los actores clave.

Lo más relevante ahora, con el diálogo abierto y en marcha, es que contaremos con la presencia de funcionarios con mucha trayectoria dentro del gabinete de Claudia Sheinbaum. El envío de un equipo de avanzada respondió a la necesidad de tomar lectura directa de una relación que, por momentos, muestra señales de ambigüedad e incertidumbre desde el lado estadounidense. Y sí, hemos observado posturas endurecidas que no pueden ignorarse.

A pesar de ello, nuestros funcionarios han buscado mantener abiertos los canales de comunicación. La presencia frecuente de funcionarios mexicanos en Estados Unidos ha mantenido el diálogo activo y sin interrupciones. Con ello, comienza a delinearse un panorama alentador. México cuenta con negociadores de primer nivel que sabrán representar al país y al proyecto de transformación con altura política. Además, entendemos que este acuerdo es especialmente atractivo por la relevancia geográfica que compartimos con Estados Unidos y Canadá, socios que, además de sostener una relación diplomática sólida, representan un puente para posicionar los productos elaborados con manos mexicanas.

Tengo plena certeza —por su compromiso con las causas de la transformación— de que el equipo multidisciplinario desempeñará un papel excepcional en esta segunda fase de evaluaciones técnicas que se realizará en Estados Unidos. La mejor prueba de ello es que esta misión no parte de la improvisación, sino de un conocimiento sólido sobre lo que significa negociar en las esferas más altas de la política internacional. Esas virtudes han llevado a México a alcanzar niveles históricos de inversión que, al final del día, se traducen en una mejor calidad de vida para miles de familias.