No, no me refiero en este texto a la vida y obra de Karl Marx, ni a examinar las escasas frases que escribió sobre la educación y la escuela. Aunque no estaría mal construir una conversación ficticia sobre su legado desde la Economía Política y sobre sus ideas en torno a la educación, y contrastarlas con la coyuntura o los acontecimientos que vivimos en el siglo XXI. Esa conversación habrá que esperar.

Por ahora, me referiré a las ideas pedagógicas de Marx Arriaga Navarro, titular de la dirección general de materiales educativos, de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Cuando me refiero a la escuela de Marx, pienso en analizar al menos dos líneas discursivas (no es ataque, ni denostación, aclaro) propuestas por el personaje en cuestión:

  1. ¿Cuáles son las principales influencias, en términos de ideas pedagógicas, que se aprecian cuando Arriaga se refiere a la educación?
  2. ¿Cuál es su pensamiento educativo en torno a la escuela pública en México?

Las fuentes para identificar y entender el hilo principal del discurso pedagógico de Marx, no están en las notas periodísticas que se han publicado durante los últimos meses, sino en sus acciones, pronunciamientos o en los mensajes publicados por él en redes sociales.

Debo confesar que sé muy poco sobre la trayectoria y la obra del actual director de materiales educativos; sin embargo, de lo poco que he leído acerca de su actuación en la SEP, se encuentran algunos textos en torno a la polémica que causó cuando intentó rediseñar, como funcionario de alto nivel del gobierno federal, los nuevos libros de texto gratuitos para la educación primaria (2021).

Como se sabe, él dirigió el proyecto de renovación de libros de texto gratuitos (LTG) mediante un esquema extraño e inusual: Sin pagos a los diseñadores gráficos, con participaciones abiertas de diseñadores y autores, no necesariamente a cargo de especialistas. Pero lo más grave: Arriaga lanzó la iniciativa de rediseñar los LTG (tanto en forma como en contenidos) sin hacer una revisión a fondo de la base curricular que sustentaría dichas modificaciones (hay que recordar que los LTG son auxiliares didácticos, no el corazón de los procesos de enseñanza y aprendizaje).

Fue hasta finales de 2021 e inicios de 2022 que la SEP enmendó el camino: Se tomó la iniciativa de hacer público (de manera discreta y tibia) el Marco Curricular y la propuesta para la renovación de planes y programas de estudio de la educación básica (enero-febrero, 2022).

Cambiar los LTG sin replantear el marco o la base curricular, significaría hacer algo similar a pavimentar, primero, a las calles y después colocar el drenaje. Analogía que, por cierto, ha sido empleada por varios colegas para referirse a las contradicciones de ciertas políticas públicas educativas.

En su tarjeta de presentación, al ver su cuenta de Twitter, Marx indica lo siguiente: “SNI-1 CONACYT. Dr. filología @unicomplutense. PTC-I de @UACJOFICIAL . Director General de Materiales Educativos (SEP). Peligrosísimo palurdo según @Letras_Libres”.

En primer lugar, el funcionario coloca la legitimidad que le otorga una institución representativa de una élite científica: “Soy miembro del Sistema Nacional de Investigadores”, parece decir el director. En segundo lugar, se presenta con las cartas credenciales que otorgan las instituciones de educación del más alto nivel académico: “Soy doctor en Filología”. En tercer y último lugar, Marx sella su tarjeta de presentación ante las redes sociales con una indicación sobre sus estudios en el extranjero: “Estudié en la Universidad Complutense” (España).

Así, Marx Navarro decidió formular, públicamente, una singular manera de autolegitimarse, aunque no necesariamente esa carta de presentación en redes sociales se convierte, en automático, en un escudo para protegerse de sus críticos. Sin embargo, ello da cuenta de su formación inicial, que es una parte de la escuela de Marx. ¿Ningún curso de Pedagogía? ¿En serio?

Hay demasiadas simplificaciones en las ideas pedagógicas de Arriaga: El 6 de mayo Arriaga escribió en las redes sociales: “¿Se enseña para aprobar un examen, tener un certificado, alcanzar los requisitos mínimos laborales o se enseña para transformar las realidades de los estudiantes?”…”Plantear que el nuevo modelo educativo descubre que los docentes fueron los “constructores de los neoliberales” es una falta de respeto. Los maestros, estudiantes y la sociedad fue secuestrada por un sistema educativo diseñado como negocio que genera distintos tipos de capitales.”

El 2 de mayo señaló: “El apelar al comunismo es un acto desesperado en la campaña de odio que vemos todos los días. Nada tiene que ver con la discusión del modelo educativo y ellos lo saben, pero manipulan a la gente con el argumento: si el Plan de estudio apela a la comunidad, debe ser por comunista.”

Pero quizá el promo o cuadro publicado el 29 de abril, en Twitter, sea el más representativo de las ideas “básicas o elementales” del “arriaguismo educativo”, es decir, de la escuela de Marx (ideas sobre educación): En éste señala que “Competencias es educar para competir”.

Si los funcionarios actuales de la SEP, a partir de lo expresado por Marx Arriaga, dicen que “competencias es educar para competir”, queda claro que no han entendido nada. El enfoque curricular orientado al desarrollo de competencias (que tiene serias limitaciones), se refiere a capacidades, no al verbo “competir”.

El aparato conceptual pedagógico de Arriaga es limitado o nulo (me gustaría saber si hay una construcción colectiva en la parte conceptual o del discurso que representa, guía y defiende el funcionario), porque en ese mismo promo refiere algunas palabras, términos o conceptos que están desconectados entre sí o simplemente corresponden a una lista de categorías que, aun cuando podrían valorarse por sus cargas negativas, no necesariamente se vinculan orgánicamente con un cuerpo articulado, teórica y metodológicamente sólido, del campo de la Pedagogía y sus aplicaciones en la educación (Ejemplo: “Conductismo” ¿A cuál conductismo evocan, como corriente teórica de la Psicología del aprendizaje; al de Watson, al de Skinner, al de Kantor o al de Ribes?)

Si lo que está publicado por Arriaga Navarro en las redes sociales, sobre todo durante estos meses, constituye su ideario pedagógico esencial, básico, el legado que nos deja es pobre y contradictorio, debido a los siguientes dos argumentos:

  1. Impugnar a un sistema educativo (como lo hace para el caso de México) en sólo dos colores (blanco y negro), nos dice mucho acerca de la simplificación y esquematización vaga que el funcionario tiene para interpretar e interpelar la realidad educativa general y, en particular, a la de la escuela pública.
  2. Los juicios que se hacen sobre las políticas públicas educativas del pasado (el llamado periodo neoliberal), deben corresponderse con acciones de gobierno en un sentido de cambio o de transformación radical. Y esto no es así. Actualmente, con las evidencias de continuismo y de conservación de las prácticas e ideas que se critican sobre ese pasado, el proyecto educativo de la “4T” pierde legitimidad y credibilidad.

Para entender los problemas profundos de la educación en México, se requiere de estudio y trabajo especializado, colegiado, a partir de la búsqueda y concreción de consensos con diversos sectores de la comunidad académica; pero también se requiere de escuchar, dialogar y construir proyectos junto con los actores principales de los procesos educativos: Docentes, directivos escolares, estudiantes, asesores técnicos y miembros de las familias, entre otros.

¿Por qué la escuela de Marx no ha querido procesar ni entender el sentido de estas necesidades (un nuevo formato de cambios educativos de la escuela pública en México, “sin reformismos”)?

Juan Carlos Miranda Arroyo en Twitter: @jcma23