26 de octubre de 2021 | 23:59
Opinión

Tiempos tumultuosos

México vivirá tiempos tumultuosos durante los próximos tres años con el proyecto de reforma constitucional en materia eléctrica.
CFE
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Viviremos tiempos tumultuosos durante los próximos tres meses. Ignacio Mier Velazco, coordinador de los diputados de Morena, estimó que, una vez instaladas las comisiones de Energía y de Puntos Constitucionales, se dará pronto análisis a la iniciativa del titular del Ejecutivo federal, que busca reformar los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución Política, en materia energética. Esta iniciativa podría ser aprobada o rechazada entre el 12 de noviembre y el 15 de diciembre. Por supuesto, Mier anticipa un amplio debate, donde, dijo, “no habrá un sector interesado que se quede fuera”. Veremos.

El PRD anunció que está en contra de la Reforma Energética. El PAN, que está absolutamente en contra, condicionó la alianza con el PRI al rechazo de la Reforma Eléctrica de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El presidente del PRI advirtió que al tricolor “nadie lo presiona” para fijar una posición sobre la Reforma Eléctrica, al tiempo de subrayar que no hay prisa para discutir ese tema. “Nadie presiona al PRI, ¡Nadie!, ni el gobierno, ni los sectores, ni los empresarios, nadie”, puntualizó Alejandro Moreno, presidente del PRI.

El coordinador del grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, Rubén Moreira, llamó a dar el “debate definitivo” en materia energética con la participación de empresarios, funcionarios, legisladores y partidos políticos.

Mucho ruido político. Muchas declaraciones retóricas. Pero la realidad nos dice que la intención del presidente de México, y del director de la Comisión Federal de Electricidad, es muy precisa: CFE y Pemex se convierten en organismos del Estado, dejando de ser empresas productivas del Estado. Se eliminan la CRE y la CNH. Sus estructura y atribuciones se incorporan a la Secretaría de Energía (Sener).

La generación, transmisión, transformación, distribución y abastecimiento (comercialización) de electricidad, se convierten en actividades exclusivas de la nación. Los permisos de generación eléctrica otorgados y los contratos de compraventa con el sector privado se cancelan, así como las solicitudes pendientes de resolución. Se anulan los modelos de centrales de productores independientes, subastas de largo plazo, centrales construidas a partir de la Reforma Energética de 2013, centrales de autoabastecimiento. Se eliminan los permisos de autoabastecimiento y la generación excedente de PIEs.

La CFE queda a cargo de los procedimientos para despachar las centrales eléctricas por mérito económico. La CFE determinará las tarifas de las redes de transmisión y distribución, así como las tarifas para usuarios finales. El CENACE se reincorpora a la CFE, asumiendo ésta la planeación y control del Sistema Eléctrico Nacional. Se suprime la separación legal de las empresas subsidiarias y filiales de la CFE. Se cancelan los “certificados de energías limpias”. Se incorpora el litio como un mineral no concesionable.

Es evidente que AMLO quiere una CFE fuerte. Todos queremos una CFE eficiente. ¿Y acaso quienes escribieron la Reforma pensaron en la gente?

Aquí está lo que le pasará a la gente:

a) tendrá que pagar el costo de la Reforma

b) perderá empleos

c) reducirá sus ingresos

d) se deteriora su salud. ¿Acaso es ésa una buena política pública?

Si suponemos que la demanda eléctrica en el país crece a una tasa media anual del 3%, se requieren inversiones anuales en generación eléctrica por 87 mil millones de pesos. El presupuesto anual de inversión de CFE es de 45 mil millones de pesos. Eso no sería suficiente para cubrir las necesidades de generación en el sistema. A lo largo del gobierno de la 4T, la CFE no ha aumentado su capacidad de generación y tampoco ha ampliado ni modernizado la capacidad de la Red Nacionales de Transmisión (RNT). El déficit de generación, así como la falta de atención a la RNT, resultarán en apagones que afectarán tanto a la seguridad energética, como a la competitividad de las empresas.

De implementarse las nuevas políticas energéticas se perderán recursos y miles de empleos. Con la reforma, los usuarios finales –la gente, los mexicanos-- pagaremos el costo de la reforma constitucional, ya sea mediante tarifas eléctricas más caras o mediante impuestos, por la necesidad de subsidios para mantener el precio de la energía de acuerdo a la inflación.

Las tarifas de CFE incrementaran el costo a las pequeñas y medianas empresas de Mexico, haciendo más grave su desventaja competitiva. De acuerdo al PRODESEN 2021, de la capacidad instalada por parte CFE sólo el 33% corresponde a centrales de energía limpia. México no podrá cumplir con sus metas de reducción de emisiones frente al cambio climático, ante lo que la ONU ha declarado como una crisis climática. Generar electricidad a través de combustibles fósiles también tiene implicaciones en la salud de la gente.

El anuncio y la defensa de la iniciativa de reforma constitucional en materia de energía eléctrica, por parte del presidente de México en sus mañaneras, nos indican que ya entramos en una nueva etapa del gobierno de la 4T. Ya nada será normal. Desde el sector privado, y desde las organizaciones de la sociedad, tendremos que aprender a predecir las disrupciones.

Viviremos tiempos tumultuosos durante los próximos tres años. El objetivo del gobierno de la 4T es la permanencia de su proyecto. ¿Cómo podremos navegar en estas aguas turbulentas? La primera tarea será entender mejor el riesgo. Aunque muchos se hayan sorprendido con la iniciativa de AMLO para fortalecer a la CFE, y acabar con el mercado eléctrico, era totalmente predecible que lo haría. Lo había anunciado. Habrá quien diga que no la esperaba ni tan pronto ni tan mala. Pero hoy la iniciativa es una realidad.

El intento de reforma constitucional se suma a una gama muy diversa de disrupciones del gobierno de la 4T que, incluso los observadores de la política mexicana más sofisticados, no han podido explicar. Y vamos a avanzar en territorios inexplorados, una y otra vez, durante los próximos tres años. Las políticas públicas de la 4T, internas y exteriores, son predeciblemente impredecibles.

Gestionar la incertidumbre será una habilidad clave del liderazgo de las organizaciones empresariales. Si vivimos en una época política que no tiene precedentes, debemos prepararnos mejor. Por un lado tendremos que fortalecer nuestras habilidades para entender el riesgo y, por el otro, debemos diseñar e implementar estrategias robustas para asegurar la continuidad de los negocios.

Tal vez las empresas estaban acostumbradas a enfrentar amenazas relativamente conocidas. Ahora la estabilidad ya no es la norma. Se desarticuló el modelo general de equilibrio político. Las disrupciones no serán episódicas sino permanentes. Los riesgos serán más confusos y complejos. Los ejecutivos de las empresas necesitan un nuevo modelo mental para lidiar con la 4T, que es el gobierno de las contrarreformas. No hay constancia. Habrá turbulencia.

La Reforma constitucional en materia Eléctrica es un “rinoceronte gris”. En este sitio escribí, en mayo, sobre los clásicos “rinocerontes grises” (riesgos obvios y pasados por alto), resoplando y listos para atacar https://www.sdpnoticias.com/opinion/javier-trevino-el-rinoceronte-gris-de-amlo/.

Las políticas de la 4T no son fenómenos discretos. Son parte de un sistema complejo y adaptativo con muchas superposiciones e interdependencias que pueden desencadenar y amplificar la interrupción de la normalidad de la vida política y económica del país. Los diferentes componentes del sistema político mexicano cambian a ritmos distintos. Y debemos evaluar cada uno de ellos con cuidado.

Hace unos días leí el nuevo libro de April Rinne: Flux: 8 Superpowers for Thriving in Constant Change https://amzn.to/3iAN8zC. Es un enfoque interesante para enfrentar la confusión. Ella sugiere “correr más lento” como una forma de mejorar nuestra percepción y comprensión de lo que se desarrolla y envuelve en nuestro entorno.

La impaciencia de los líderes del sector privado no es una buena receta. Reaccionar rápido ante la 4T no es necesariamente la solución a todos los problemas. Si construimos una mentalidad de flujo podremos separar nuestra mente de las construcciones y suposiciones que tenemos arraigadas inconscientemente. Debemos ver los cambios que están ocurriendo en el país como una oportunidad.

Javier Treviño en Twitter: @javier_trevino